CÚCUTA.- Jossimar Calvo está de plácemes por estos días. De los cuatro puntos cardinales colombianos le llueven palabras elogiosas y aquellos que no sabían que existía ahora llegan a la casa para saludarlo. Es la trasformación del ser humano, producto del triunfo. En los últimos Juegos Nacionales se cubrió de oro en Cúcuta y en el resto del país ni se enteraron por estar pendientes de los deportistas de Antioquia, Bogotá, Valle, Santander y Atlántico.
Desde la época de Fabiola Zuluaga y su recorrido por los grandes torneos de tenis en canchas de polvo de ladrillo o en césped, no se veía una fiebre inusitada por un deportista cucuteño. La tenista puso a hablar a los colombianos sobre la capital de Norte de Santander y los hizo voltear los ojos hacia esta ciudad.
Hoy, el turno es para el futuro licenciado en educación física. El presidente Juan Manuel Santos anunció, recientemente en Cúcuta, que la nueva Ley del Deporte llevará el nombre del gimnasta. El auditorio de la Universidad de Pamplona se llamará ‘Jossimar Calvo’, como homenaje al deportista. Si se construye el Centro de Alto Rendimiento para que los muchachos trabajen bien llevará el nombre del campeón panamericano.
El niño aquel que hacía maromas y daba la media luna como parte de la diversión casera, en el barrio Belisario, de la ciudadela Juan Atalaya, despertó para el deporte y 16 años después alcanza la consagración panamericana. “El pato se conoce por la cagada”, fue la sentencia del entrenador Jairo Ruiz al verlo dar vueltas en el piso. El recuerdo está latiente en el cerebro de doña Nohra, la madre de Jossimar.
Cinco medallas, tres de oro y dos de bronce, se trajo de Toronto (Canadá). No estaban en el presupuesto de los Juegos, aparecieron por el esfuerzo, la dedicación y la disciplina de este hombre callado, silencioso y medio tímido que se sonroja con los piropos. Subió al podio las veces que quiso y bajó con las preseas que hoy enorgullecen a una ciudad carente de ídolos criollos.
Los 160 centímetros de estatura y los 54 kilos de peso no son impedimento para enfrentar a los adversarios y doblegarlos en las barras paralelas, los arzones, la barra fija, el caballete, los aros y el piso. Cuando está en acción se pone a la altura de los rivales y toma la figura del campeón forjado con sacrificio.
Las manos atestiguan las duras jornadas de ocho horas de trabajo en el gimnasio. Cada ampolla nueva que brota será otro callo que le servirá para endurecer la piel y para recordarle que los logros sin dolor tienen poco valor. Tiene 21 años y la meta está puesta en una medalla olímpica en Río de Janeiro 2016. Ese es el sueño por el que no cesa en el empeño de mejorar cada día.
De aquellos saltos infantiles no queda nada. Ahora, habla de rutinas en los aparatos que ensaya una, dos, tres y más veces hasta llegar a la perfección. Las acrobacias, difíciles de repetir para quien no tenga el conocimiento, aparecen temerarias y atrevidas. Desde abajo, las volteretas hacen tragar saliva y paralizan el aliento. Para Jossimar, arriba, solo es cuestión de coordinación. ¡Qué facilidad!
Contendores, entrenadores, jurados y espectadores consideran que una de esas rutinas en las barras es de las de mayor dificultad para ejecutar. El concepto no es solo de los paisanos por halagarlo, es de expertos de otros países que hablan en otros idiomas y que lo han visto actuar.
Este deporte, al que llegó por la mirada fija de Jairo Ruiz, el empeño de la madre y una profesora, le ha permitido conocer mundo, hospedarse en hoteles, vivir en villas, concentrarse en lugares con ciertos lujos. Un mundo diferente, por completo, de aquella casa de techo de zinc y piso de tierra en la que se crió.
“Chino, haga parada de manos”, fue la primera orden que escuchó Jossimar. Obedeció y le agregó la apertura de piernas para descrestar al instructor Ruiz. El segundo paso consistió en retirarlo de las escuelas de formación de Indenorte y llevarlo al Inem, donde funcionaba el coliseo de entrenamiento.
Las jornadas diarias comenzaron. Antes de la salida del sol, el niño debía levantarse y recorrer el largo camino para llegar a la escuela. Regreso a casa y después viaje al campo deportivo para practicar. La noche lo devolvía al hogar. La diversión propia de la edad desapareció para darle espacio a la dedicación por la gimnasia.
“A veces extrañaba mucho el salir a jugar. Más que todo la rutina cansa cuando se es pequeño”, reconoce ahora, aunque sin amargura. Una sonrisa suave se marca al recordar algunos momentos tristes de esa época. En ocasiones terminaba cansado el entrenamiento y lo único que deseaba era llegar a casa, pero cuando buscaba la plata para el pasaje en bus no estaba, se la habían sonsacado. “Me demoraba hora y 40 minutos, dos horas para llegar a la casa”.
En el 2002, en Medellín, conquistó las primeras preseas de bronce. “Fue el día más espectacular de mi vida”. Desde entonces, sintió motivación para querer llegar más lejos. Pasaron juegos nacionales, sudamericanos, panamericanos y mundiales. En cada presentación deja la impronta de campeón, la huella cucuteña y el tricolor en cualquiera de los tres puestos reservados para los mejores.
“Somos una familia humilde, a veces los recursos eran escasos. Gracias a Dios las cosas fueron cambiando”. Y cambiaron del cielo a la tierra. Ahora, no monta en buseta, va al coliseo en carro propio; la casa en Prados del Este tiene paredes de ladrillo, no de barro como la de Belisario; no toma la bienestarina de la infancia, lleva una alimentación balanceada, y en la universidad se prepara para el futuro.
“Soy calmado, tranquilo, pocas veces tengo rabia. Cuando pierdo me duele mucho, porque me entreno demasiado y me esfuerzo mucho para en cuestión de minutos caer o perder. Después lo asimilo”.
En los siguientes tres meses el trabajo se enfocará en la presentación en el Mundial. Colombia, en este momento, ocupa el puesto 17. Para ir a los Olímpicos, por lo menos, debe estar entre los 16 mejores. La meta es formar parte de los ocho primeros para asistir a Río de manera directa, de lo contrario debe buscar el cupo en otras competencias.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Nota basada en la entrevista de Federico Benítez para el programa ‘Los Informantes’, de Caracol Televisión. @informantestv, losinformantes.noticiascaracol.com/
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