LOS PATIOS – Norte de Santander
Al principio el boxeo no le gustaba a Greizz Soto y probó en el kárate. De repente, dejó las peleas en el arte marcial y cambió de disciplina. Para que tomara esa decisión incidió el entrenador David Sierra, quien la aconsejó y la trasladó del tatami al cuadrilátero. En octubre, cumplirá dos años con los guantes puestos y con el anhelo de ser grande en este deporte.
Otro día vio que podía dar el salto de la rama aficionada a la profesional y se preparó para asumir ese reto. Está en la categoría mini mosca, lo que quiere decir que pesa 49 kilogramos. Lleva dos victorias, una con nocaut incluido y la otra por puntos de los jueces. Tiene 18 años.
- El entrenamiento es duro. Es difícil. No les voy a decir que es algo fácil. Pero cuando una encuentra lo que realmente le apasiona se le hace más fácil.
A Greizz, cuando se va a subir al ring para encarar la siguiente pelea, la anuncian como La Maravilla. Allá, delante de la rival, lanza jabs para medir la distancia, ganchos a la barbilla, cruzados de derecha, golpes laterales y corvos dirigidos a la cabeza y costillas, y rectos combinados. Su preferido es el cruzado de izquierda. No quisiera que le pegaran ganchos al hígado, porque ahí es donde más duele.
El ritmo de los combates varía con las oponentes, unas tiran manos rápidas, de las que debe cuidarse, mientras que otras van a menor velocidad. Lo importante es hacer buen trabajo sobre la lona para evitar sorpresas. Todo el trabajo es difícil. No hay unos ejercicios más fáciles que otros.
- Quiero ser campeona del mundo en varias divisiones. Quiero ser campeona indiscutida y hacer historia.
Y lo que más desea Greizz es cambiar el boxeo, que después de colgar los guantes se hable del antes y del después de este deporte por lo conseguido por La Maravilla. Por eso, desde ahora, afirma que la pérdida de la feminidad por la práctica de esta disciplina es un mito.
- No significa que porque boxeamos nos vamos a volver masculinas. Nada que ver. Mas bien, nos fortalecemos como mujeres.
En el momento de los combates no tiene distracciones. La preparación física y mental le ayuda para asumir el compromiso con tranquilidad. No le teme a ser noqueada, porque sabe que nunca le pasará. Eso es parte del aprendizaje en el entrenamiento, asimilar los golpes, esquivarlos, responderlos y salir del cuerpo a cuerpo.
Más adelante en el tiempo, cuando sea campeona mundial mini mosca, Greizz pensará en la posibilidad de ganar peso para subir de categoría. Por ahora, continúa juiciosa la preparación en el cuadrilátero.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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VOCES
Kevin Mendoza es pupilo del club Guantes y Gloria. Es novato en el boxeo, hace cuatro meses se puso los guantes, le ajustaron a las manos y comenzó el camino en el ring. En la niñez era débil, los compañeros le hacían matonismo y lo maltrataban.
Hoy, siente que ha evolucionado, que ha mejorado y que en el deporte encontró la salida a esos miedos de niño. “No es para agredir a los demás”. Y sueña que con disciplina podrá llegar a ceñirse el cinturón de campeón mundial. Se prepara en cada entrenamiento “hasta que pueda llegar” a inscribirse en los listados de los mejores.
También, cuenta con apoyo del entrenador David Sierra y respaldo de los compañeros para cumplir ese anhelo juvenil. Siente temor por las lesiones y tiene referencia de boxeadores que han fallecido en el cuadrilátero o después de las peleas. Otros, sufren secuelas. “Tengo fe en Dios que podré llegar lejos”.
David Sierra es el entrenador de Guantes y Gloria. Mantener el club de boxeo es difícil, más cuando es independiente. “Depende de mí si me va bien o mal”. Para el funcionamiento, en ocasiones, debe sacar recursos del bolsillo. En otros momentos, la billetera se vacía por ayudarle a algún practicante de esta disciplina. “Hay unos a los que no se les cobra por la situación económica, pero son buenos” deportistas.
Entre sus pupilos está Greizz Soto. El proceso que han tenido va del cambio de kárate a boxeo. La Maravilla “le agarró cariño al deporte y ahora la meta es que llegue a las grandes ligas”. La preparación va poco a poco, puño apuño, para cumplir el sueño compartido de ser campeona del mundo. “Las aspiraciones con ella es ser campeona en las categorías que se pueda”.
En el club entrenan entre 20 y 30 muchachos y muchachas, depende del horario. Las prácticas se llevan a cabo en la tarde y la noche, cualquier día.
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