ara nadie es un secreto que el gramado del estadio General Santander, el ‘cementerio de los elefantes’, como le digo porque en esta cancha cayeron míticos y legendarios equipo de América, como Boca Juniors (Argentina), campeón encopetado de la Copa Libertadores en seis ocasiones, Gremio (Brasil) y Nacional (Uruguay) entre otros; se encuentra en condiciones lamentables y atroces, debido a la lluvia, al inclemente sol, al maltrato al que está expuesto y, por qué no, al pésimo fútbol del Cúcuta Deportivo.
La organización de los Juegos Nacionales, en noviembre y diciembre, que permitirá ver reflejada la falta de compromiso con el deporte en el departamento, el pobre trabajo de las autoridades encargadas de las justas y el atraso en obras que deberían estar concluidas, hizo que el equipo de la frontera, la escuadra motilona, fuera obligada a abandonar su resguardo, su casa, en uno de los momentos más difíciles de los últimos siete años. Lo digo porque tiene el descenso en las narices ‘literalmente’. ¿Y para dónde se va el equipo? Preguntaran muchos. Pues ¡se va para el llano!
¡Sí!, para el llano, y no porque el llano sea muy lindo, se va por alguno que otro interés económico. Se traslada para Yopal, capital de Casanare, tierra hermosa de bellos y majestuosos paisajes, dueña de un folclor único y de gente humilde y trabajadora, como casi todos los colombianos. Pero que de fútbol dudo que sepan. Lo que conozco y he visto de esa zona del país es el coleo (deporte insignia), la deliciosa mamona y la encantadora música de arpa y maracas.
No tengo nada contra la gente buena del llano, pero quisiera que alguien me explicara cómo estando cerca a San Cristóbal (Venezuela), Ocaña y Villa del Rosario se traslada el equipo a tierras distantes y desconocidas, a una ciudad que cuenta con un estadio con capacidad para albergar solo a 10.000 asientos (que a pesar de ello, dudo que llenen), sin iluminación y con personas que tal vez no ven ni sienten el fútbol como pasión y como estilo de vida como muchos de nosotros lo hacemos, privando a los cucuteños de acompañar y de apoyar al equipo, como siempre lo han hecho, en las buenas y en las malas. Aunque de alguna manera el once motilón se sentirá en casa, o bueno casi en casa, pues el estadio es el Santiago de las Atalayas. ¿Qué coincidencia no?
¿Por qué los directivos del club tomaron esta decisión? ¿Habrá algún interés económico de por medio? Vivimos en Colombia y lo más seguro es que así sea, y para sorpresa de todos se habla de $1500 ‘milloncitos’ que se embolsaron por el traslado del equipo a esa ciudad. Dirigentes colombianos al fin y al cabo.
Lo único que con total seguridad el cucuteño, el hincha de corazón, sabe es que hará fuerza y apoyará al equipo del alma a la distancia, y así los muchachos se inclinen por la música llanera, aprendan a bailar joropo o se consigan una viuda millonaria, fue, es y seguirá siendo el equipo de la frontera y el fortín será el General Santander.
ELIBARDO LEÓN ESTÉVEZ
Contraluz.CO Sólo Periodismo