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Después de más de cuatro décadas de vida profesional, Ramón Leal habla de Cúcuta con la familiaridad de quien nunca terminó de irse. / Fotos: Especiales para Aula Universitaria

AULA UNIVERSITARIA. Ramón Leal, el hombre que nunca se fue de Cúcuta

CÚCUTA.

Las noticias suelen mostrar a la ciudad marcada por problemas de frontera, inseguridad o crisis económicas. Sin embargo, cuando Ramón Leal habla de Cúcuta, la imagen que aparece es otra. A sus 67 años, el ingeniero civil recuerda las calles amplias, los árboles frondosos y las tardes compartidas entre vecinos. Los paseos familiares al río Zulia, las novenas navideñas en el parque Juan Atalaya y las visitas a las abuelas en Pamplona y Sardinata.

Nació en 1959, en el antiguo hospital San Juan de Dios. Es hijo de Eduardo Leal Peñaranda, ex combatiente de la Guerra de Corea y comerciante, y de Araceli Leal Jaimes, profesora pamplonesa que, después de casarse, dedicó la vida al hogar.

La historia transcurre entre lugares reconocidos de la ciudad. Estudió en Gremios Unidos, terminó la primaria en La Salle y cursó el bachillerato en el Sagrado Corazón de Jesús. Se graduó como ingeniero en la Universidad Francisco de Paula Santander, en 1982.

Mientras recuerda esos años, habla de comunidad. Describe a Cúcuta en la que los vecinos se conocían por el nombre, donde las celebraciones familiares reunían generaciones y donde la frontera con Venezuela era sinónimo de movimiento comercial y oportunidades, dinámica que marcó la vida de miles de familias nortesantandereanas.

Quizás, por eso no sorprende que parte de su vida haya estado ligada al trabajo colectivo. Desde joven participó en grupos juveniles, actividades comunitarias, organizaciones sociales y el Club Rotario. Esa inclinación por vincularse a proyectos que involucraran a otros terminó acompañándolo durante la trayectoria profesional.

La carrera comenzó en la secretaría de Obras Públicas de Norte de Santander. Creció profesionalmente. Más adelante, la convocatoria nacional lo llevó a asumir uno de los retos más importantes de la vida: la dirección de Corponor. Permaneció once años al frente de la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental.

En ese periodo participó en procesos que son recordados en el departamento. Destacan, la transformación institucional de Corponor, con la Constitución de 1991; proyectos de educación ambiental, programas de reforestación, conservación de ecosistemas estratégicos y eliminación del antiguo basurero de Urimaco, remplazado por el sistema moderno de disposición de residuos.

Recuerda con aprecio algunas obras que impulsó desde la secretaría de Obras Públicas. La reconstrucción de la Cúpula Chata después del incendio, la recuperación del Monumento de la Loma de Bolívar y la construcción de etapas del malecón que hoy forma parte de la identidad urbana de la ciudad.

En 2004, se trasladó a Bogotá. Para muchos habría significado una despedida definitiva. Para Ramón Leal no. Su madre continúa en Cúcuta. Tres hermanos permanecen en la ciudad. Su hijo, ingeniero industrial, desarrolla buena parte de la actividad profesional entre Bogotá y la capital nortesantandereana. Por eso los viajes son frecuentes y el vínculo permanece intacto.

Desde la distancia ha visto cómo la ciudad ha cambiado. La llegada de grandes centros comerciales, nuevos hoteles, la modernización de la infraestructura vial, el desarrollo urbanístico y la consolidación de espacios culturales son señales de progreso. Estos cambios demuestran que Cúcuta ha sabido reaccionar, incluso, en medio de dificultades complejas como la crisis venezolana y los problemas históricos de El Catatumbo.

Le incomoda que muchas veces la conversación sobre la ciudad se limite únicamente a las malas noticias. Considera que los cucuteños poseen capacidad de adaptación, que pocas veces recibe reconocimiento y que, pese a los obstáculos, la región ha encontrado maneras de avanzar.

Cuando habla de los jóvenes, el tono de voz cambia ligeramente. Más que dar consejos, hace una invitación. Les pide creer en lo propio. En la gente de la región, en los deportistas, en los profesionales y en las posibilidades que ofrece un territorio que muchas veces es visto solo desde las dificultades. Incluso, la condición de frontera y la cercanía con El Catatumbo pueden convertirse en oportunidades si se miran con perspectiva diferente.

Después de más de cuatro décadas de vida profesional, Ramón Leal habla de Cúcuta con la familiaridad de quien nunca terminó de irse. Quizás, porque algunas ciudades permanecen dentro mucho después de que cambian de dirección. Y en su caso, esa ciudad es la misma que recuerda entre reuniones familiares, calles arboladas, vecinos conocidos y la frontera que marcó para siempre la historia generacional.

MICHELL YANELY SALCEDO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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