Se fue de la selección Colombia, se despidió con conmovedoras imágenes, de manera voluntaria dejó de pertenecer a la divisa nacional que todos identificamos y seguimos. Sin aspavientos, se marchó con gallardía, con la tranquilidad del deber cumplido en el momento que notó la merma en el rendimiento deportivo. Su honestidad quedó plasmada en ese gesto, reconocer que no era el mismo de antes. Ese es James David Rodríguez Rubio, el 10 de la selección, el capitán o simplemente James.
Nació en Cúcuta, el 12 de julio de 1991, para más señas, en el Socorro Médico Santa Fe, institución cercana geográficamente al estadio General Santander, en el cual jugaba por aquel entonces su padre haciendo parte del Cúcuta Deportivo. Brilló desde el inicio en el fútbol internacional, cuando militó en el Club Atlético Banfield y obtuvo el campeonato argentino a corta edad.
Después, vino el paso por grandes clubes de las principales ligas del fútbol europeo, no sin antes haber obtenido la Bota de Oro en el Mundial de Brasil 2014 y el premio Puskas al mejor gol ese año. Créditos que lo impulsaron para obtener un jugoso contrato con el encopetado Real Madrid.
No hace falta detallar cuántos títulos obtuvo, ni cuantos reconocimientos le fueron concedidos para saber que ha sido el jugador más grande del fútbol colombiano en toda la historia. Cada que vistió la camiseta de la selección Colombia marcó goles, entregó pases precisos, condujo al equipo a gestas que hoy recordamos con orgullo. Nunca se ahorró el más mínimo esfuerzo. La entrega se evidenció en la cancha.
Los envidiosos lo califican mal, así son los que nada aportan y solo critican. James sabe que los aficionados a este deporte lo vamos a extrañar, hará falta en la selección Colombia. El agradecimiento es enorme por todo lo que hizo con la zurda. De allí se fue a buena hora siendo el mejor, el más galardonado, el que más alto puso el nombre de Colombia jugando con la pelota que dominaba con maestría.
Por ahora, juega en Atlético Nacional. Cuando esté próximo al retiro nos gustaría verlo vistiendo los colores rojinegros del equipo de su ciudad natal o siendo accionista. Es una ilusión que a lo mejor se hace realidad.
JORGE OMAR PABÓN
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