CÚCUTA.
En una mesa desgastada por los años y sentado en la silla de plástico está el ex presidente del Comité Intergremial, Ciro Alfonso Ramírez Dávila. Desgrana recuerdos con la serenidad de quien conoce a fondo la ciudad que lo ayudó a forjarse. La camisa clara, bien planchada, hace juego con el pantalón gris, y el reloj dorado evidencian cuidado por la elegancia y respeto por la conversación y el espacio.
Cada gesto resulta caballeroso y cordial. Los ojos expresivos acompañan el lenguaje elocuente, propio de una voz sabia y segura de lo que dice. La postura tranquila y la mirada directa, es de alguien que ansía contar la historia de vida. El trato cortés, la escucha atenta y las respuestas pausadas demuestran firmeza de carácter.
La niñez transcurrió en tres barrios populares de Cúcuta, El Callejón, Pueblo Nuevo y Carora, donde las calles funcionaban como escenarios del juego permanente. El fútbol en plena vía, los amigos de cuadra y las primeras fiestas decembrinas moldearon la juventud alegre. Las noches de Navidad se llenaban de alegría en comunidad, disfraces y la celebración en el barrio.
Durante esos años, predominó la diversión sencilla compuesta por bailes de barrio y campeonatos de fútbol. No hubo espacio para extravagancias materiales ni ambiciones desmedidas. El respeto por las posibilidades económicas del hogar enseñó a valorar lo que se tenía, sin resentimiento. Entre noviazgos juveniles, música popular y tardes deportivas se consolidó una ética de sobriedad, que más tarde marcaría el desempeño público.
Cursó el bachillerato en el colegio La Salle, lo que significó el encuentro con la educación humanista guiada por hermanos cristianos dedicados a formar personas antes que profesionales. En esas aulas se reforzaron la disciplina, la responsabilidad y la espiritualidad católica que, aunque hoy no se expresa en práctica constante, mantiene el hábito de conversar en silencio con Dios cada día.
La experiencia de hijo único reforzó el vínculo profundo con los padres, en especial con la figura paterna, a la que recuerda como modelo de responsabilidad y rigor. La madre, entregada al hogar, representó constancia silenciosa y afecto cotidiano. De esa estructura familiar surgió la mezcla de severidad y cariño que hoy se refleja en la manera respetuosa y directa con la que se refiere a la sociedad cucuteña.
Los estudios superiores en agronomía en el SENA ampliaron horizontes sociales y consolidaron la red de amistades que acompañó el ingreso al mundo gremial. Desde distintos cargos, particularmente al frente del Comité Intergremial, hubo el aporte constante desde las capacidades profesionales disponibles, sin padrinos políticos ni familiares que impulsaran la trayectoria. El estilo de dirección se define por exigencia combinada con tolerancia, con énfasis en delegación de funciones claras, medibles y controlables dentro de los equipos.
En la memoria aparece una Cúcuta compacta en la que se crio, casi recorrida a pie. Cada barriada resultaba reconocible y las calles tenían rostros concretos. Esa ciudad, con el tiempo, se extendió hacia los cuatro puntos cardinales y desarrolló infraestructura comercial, vial y de servicios que la integró mejor al resto del país. El crecimiento no borró la vocación histórica de enclave mercantil asociada a la frontera con la República Bolivariana de Venezuela.
La posición geográfica convirtió a la capital de Norte de Santander en punto neurálgico del intercambio binacional, con relaciones familiares, económicas, deportivas y culturales permanentes. La frontera se percibe como línea imaginaria sin muros ni mallas, atravesada por caminos formales e informales que sostienen el flujo constante de mercancías legales e ilegales en ambas direcciones. En ese ir y venir se mezclan jergas, comidas, formas de vestir y temperamentos extrovertidos, especialmente con habitantes de Maracaibo y otras zonas tachirenses.
El recuerdo del antiguo ferrocarril que conectó Cúcuta con el Táchira y el puerto de Maracaibo constituye símbolo de esa época en la que viajar a Nueva York o a Europa resultaba más sencillo para la región limítrofe que para otras zonas del país. Aquellos trenes facilitaron estudios en el exterior y circulación de mercancías internacionales, mientras comerciantes italianos, alemanes y árabes se asentaban en la ciudad.
Al valorar el presente, el expresidente del Intergremial consideró que Cúcuta no carece de talento ni de infraestructura, lo que falta es dirigencia política y sentido regional en quienes ocupan cargos de representación. Muchos elegidos en concejos, Asamblea o Congreso llegan sin comprensión clara del papel que deben desarrollar y se desconectan de la ciudad al instalarse en la capital colombiana. La verdadera carencia se ubica en el liderazgo excesivamente individualista, marcado por el “yoísmo”, que dificulta el trabajo en equipo y la construcción de proyectos colectivos.
La mirada hacia la juventud mezcla esperanza y preocupación. Se perciben grupos organizados con potencial enorme, capaces de transformar la ciudad si reciben orientación y oportunidades reales. Inquietan la violencia urbana, la expansión de la droga y el afán de figurar sin formación cultural, social ni cívica suficiente.
En términos económicos y urbanísticos, Cúcuta se aproxima a Pereira, Montería o Valledupar, centros intermedios que crecieron apoyados en comercio y servicios regionales. La urbe fronteriza comparte con esas localidades procesos de expansión acelerada acompañados por retos en seguridad, planificación y equidad.
Para Ciro Ramírez la existencia de infraestructura, capital humano preparado y recursos podría canalizarse mejor mediante liderazgo con sentido común.
La voz serena del antiguo director del Comité de Cacoteros dibuja a la Cúcuta que pasó de barrio conocido a metrópoli fronteriza compleja sin abandonar la alegría de las verbenas ni el empuje comercial heredado del intercambio binacional.
La experiencia de vida, marcada por la infancia popular, la formación humanista y el liderazgo gremial, se convierte en lente para entender fortalezas y debilidades de la ciudad. En esa mezcla de nostalgia y crítica se perfila una Cúcuta en construcción.
LUZ ESTRELLA CORREA CHACÓN
Comunicadora Social en formación
UniPamplona – Cúcuta
Contraluz.CO Sólo Periodismo



Saludos muy buena entrevista a Ciro
Ramírez uno de los pocos luchadores
que en el comité inter gremial
del Norte de Santander, defendió los intereses de la región.
Es hora de volver a reactivar este comité, con todos las fuerzas vivas de la ciudad
Con jóvenes, y con la experiencia de algunos veteranos que estamos todavía dispuestos, trabajar para que departamento vuelva a pensar en GRANDE.
Saludos José Rafael Espinel Páez