La ilusión nació por cuenta de que un castigo de cinco años era mucho, la espera se había hecho larga, pasó demasiado tiempo soñando con retornar. Ese sentimiento albergado en el querer de los aficionados al Cúcuta Deportivo creció y esta vez las oportunidades múltiples para el ascenso hacían creer que estaba al alcance de la mano. No obstante, el primer traspiés, al perder en Bogotá por estrecho marcador que también acercaba la posibilidad de una remontada en condición de local.

La hinchada no fue inferior al reto y copó los asientos dispuestos en el estadio General Santander para acompañar al equipo amado en el partido decisivo. Las autoridades advirtieron que la jornada podría tener riesgo y las medidas de seguridad que se adoptaron fueron efectivas, contando con el buen comportamiento del público que, habiendo invadido el campo de juego al finalizar el partido, acataron las instrucciones y se pudo llevar a cabo la premiación sin tropiezos.
La tarea no fue fácil, aunque se comenzó ganando con gol de Lucas Ríos, luego vino el empate del visitante y el arquero se hizo héroe al atajar todas las pelotas que pudieran resultar en gol. Se le nota a ese joven Kevin Cataño un futuro promisorio. Las oportunidades más claras se dieron con la sanción de dos penales por faltas cometidas por la defensa de Real Cundinamarca, rival de turno. Sin embargo, no hubo suerte en la ejecución y se desperdiciaron las ocasiones que daban la ventaja que ponía a los rojinegros de manera directa en la primera categoría.
Se ganó el partido. Las cuentas alcanzaron para la definición con lanzamientos desde los doce pasos y otra vez el sufrimiento se apoderó de la fanaticada. Cobros errados y otros atrapados por Ramiro Sánchez, portero de los motilones, lo cual puso en el punto de máxima expectativa el quinto lanzamiento. El ejecutor Cristian Álvarez, con precisión, logró anotar ese gol con el que se ganaba la serie final, el título y con todo ello volver a la categoría superior.
Fue un episodio de altibajos, júbilo y angustias. Al final, hubo llanto, esta vez de felicidad. El propósito se había logrado y acabaron los interminables campeonatos de permanencia en la B. La celebración fue ruidosa y ordenada. Hay que felicitar a los jugadores, tanto nacionales como a la legión argentina, la contribución fue vital para el triunfo final. La dirección técnica del ‘Rolo’ Flórez y sus asistentes estuvo acertada y contribuyeron para que el objetivo fijado se alcanzara. El apoyo del público en la tribuna fue incondicional y empujó con entusiasmo al equipo que necesitaba sentirse acompañado.
Hoy, estamos en la categoría A del fútbol colombiano. Quedan tareas pendientes que necesitan emprenderse en la ejecución tan pronto pase la euforia de la clasificación. Estas son: conformar un equipo competitivo para afrontar los nuevos retos y no solo mantener la categoría, sino destacarse en la competencia; figurar en los puestos de vanguardia; arreglar la casa del equipo; el estadio debe ser reparado; habilitar las tribunas que ahora no pueden ser ocupadas; solucionar los demás inconvenientes para hacer de este escenario un sitio cómodo y bonito.
Sí se pudo. Se tendrá que hacer una buena campaña el año venidero. Es tarea de todos.
JORGE PABÓN L
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