Aarón David Corredor Russi salió de Cúcuta por razones profesionales. Tiene 27 años, es periodista, trabaja como corresponsal de Bluradio, en Venezuela. Hace 7 años, tan pronto dejó las aulas de la Universidad de Pamplona, cambió el barrio Puente Barco por la atribulada Caracas. Pero no hay tiempo para arrepentimientos. “No pienso en devolverme. Falta camino por recorrer”.
En la capital venezolana, cuando va tras la noticia extraña los pasteles de garbanzo de ‘La Dacha’. Al venir de visita lo primero que hace es ir a la calle 16 con avenida 5 para disfrutar de ese alimento inolvidable. Ahora, tendrá que caminar unos metros más, porque el negocio lo trasladaron de sitio. No está en la esquina acostumbrada, sino a media cuadra.
La mesa venezolana no se diferencia mucho de la comida colombiana. En el diario vivir acostumbra a visitar restaurantes colombianos, tradicionales en Caracas, para disfrutar con la bandeja paisa, las sopas, los granos (fríjoles, lentejas, garbanzo, arroz). De esa manera no pierde el sabor de los platos nacionales, así el sazón cambie por el uso de uno y otro ingrediente.
El imán de la patria no solo lo lleva a lugares vinculados con los departamentos colombianos, también se impone en el momento de buscar y encontrar amigos. La mayoría de la gente con la que comparte es de Cúcuta, Bogotá, Cali y demás ciudades de este país.
En el momento de las comparaciones, porque siempre hacen falta, las diferencias que encuentra entre Cúcuta y Caracas son pocas. “El orden de Caracas es el caos. Es una ciudad que vive con adrenalina. De Cúcuta siempre se ha dicho que es una extensión de Venezuela”. Por eso, quizás, si pudiera no llevaría nada de la capital venezolana para adaptarlo en la capital de Norte de Santander. “Cúcuta tiene suficiente con su desorden”.
El paso del tiempo y el recorrido por calles y avenidas en cumplimiento del periodismo llevan a Aarón a creer que Caracas todavía vive con la infraestructura de 1958, la que dejó la última dictadura, encabezada por Marcos Pérez Jiménez. Le falta más desarrollo para imitarla desde la ciudad fronteriza.
La distancia, la separación de los padres y la lejanía de los compañeros de barrio o de colegio, no han sido cruciales para haber vivido momentos difíciles durante la estadía en ese lugar. Tampoco la situación que afronta el país. Prefiere hablar de los instantes felices y los relaciona con los logros profesionales. Pasó por la televisión y llegó a la radio, donde en este momento desempeña el rol de corresponsal.
Los venezolanos aún guardan la imagen proyectada por los delincuentes y los narcotraficantes. El refrán que se escucha para acrecentar esa sombra maligna que se proyecta sobre los nacionales es que es ‘Colombiano que no la hace a la entrada, la hace a la salida’. Y Cúcuta, a pesar de todo, está parada en materia de favorabilidad. “Por ser ciudad fronteriza la conocen. Lo que más destacan es el comercio”.
Aarón vive en medio de colombianos, hecho que le ha permitido la facilidad de trasmitir el calor cucuteño. No tiene un distintivo rojinegro para identificarse, porque no le hace falta. Los amigos saben lo suficiente de esta capital. Cree que estará por fuera varios años, y tiene la meta fijada. “Hasta que el Cúcuta Deportivo gane la Copa Libertadores”.
Mientras va en el metro o cuando viaja a algún lugar de la geografía venezolana, no ha pensado cómo le gustaría ver a Cúcuta cuando regrese. “No me imagino a Cúcuta diferente”. De pronto, en esos viajes, tiene tiempo para hacer un comparativo entre los gobernantes de allá y los de acá. Y lo encuentra “en lo ineficientes y corruptos”. Para hacer ese parangón se informa de lo ocurrido acá con la lectura diaria del matutino local, por internet.
Le gusta estar enterado del Cúcuta Deportivo y del precio del bolívar. En el 2014, estuvo al tanto del torneo de la segunda división del fútbol profesional colombiano. Ahora, tendrá la oportunidad de seguir las incidencias de la máxima categoría. Por eso el momento que ha sentido mayor emoción al pensar en Cúcuta ocurrió “recientemente, cuándo el Cúcuta Deportivo volvió a la A”. De paso hizo una confesión relacionada con el once rojinegro, “soy un mal hincha”.
Al escuchar una canción colombiana, en el ritmo que sea, se les despiertan las ganas de tomarse una cerveza para evocar los días vividos en este país donde quedaron los recuerdos y los protagonistas de esos instantes que permanecen imborrables en la mente. Por la fortuna de estar cerca de los familiares, la diferencia horaria solo marca 30 minutos, se conecta con frecuencia para revivir aquellas situaciones que guarda en el interior y que afloran al son de la música.
Los tiempos libres los emplea para hablar con los amigos de fútbol, si es del Cúcuta Deportivo mejor, y de política. “En el periodismo los tiempos libres, que son pocos, los aprovecho para dormir”.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: ÁLBUM PERSONAL
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