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“Al momento de llegar al campo de batalla, miro a los alrededores y veo enemigos. Me preparo para enfrentarlos, saco de mi tula la espada del espíritu, que es mi biblia, y así los venzo con la predicación”. / Foto: www.contraluzcucuta.co

PERFIL. Nohelí Santiago: fornicador y espada del predicador

CÚCUTA.- “La única arma que siempre llevaré para defenderme en los momentos de angustia es mi biblia”, dijo Nohelí Santiago, hombre de mediana estatura, piel caucásica, semblante desarrapado, cabello largo y frondoso hasta por los hombros, similar al de un León, cejas pobladas y sonrisa prominente. Nació el 13 de abril de 1957, en Media Luna (San Diego, Cesar), convivió con los padres hasta la adolescencia, cuando se independizó debido al agotamiento sicológico que el padre le inculcaba.

Decidió arriesgarse y recorrer parte de Colombia, visitó 17 ciudades hasta instalarse en Cúcuta en plena etapa de la adultez. Su sentido crítico para ver el mundo ahogarse entre las acechanzas del enemigo a causa del pecado lo inspira a avanzar en la misión de esparcir la palabra de Dios en Norte de Santander. Predica sobre el arrepentimiento con el fin de salvar el alma que alguna vez le perteneció al mal.

Piensa que la sociedad necesita renacer, no sin antes empezar por uno mismo para aglutinar ciertas doctrinas en una, porque las religiones forman un solo Dios. Sin importar el pensamiento abstracto que esta tenga del prójimo, es importante dejarse guiar por el libro divino para que el Espíritu Santo lo llene de sabiduría.

Tras recorrer caminos oscuros durante 21 años, Nohelí se dio cuenta de que su alma fue carcomiéndose por ser cómplice de actos abominables perpetrados por jefes temporales que lo contrataban como mano derecha para secuestrar a deudores o estafadores y así facilitar el merecido de darles una sentencia, una amenaza o incluso la muerte.

Las pesadillas por lo visto lo llevaron a tomar la decisión de renunciar a ese empleo ilegal, asumido solo por ganar dinero fácil. Cayó en la indigencia durante dos años, luego de derrochar la plata en mujeres, tragos y negocios ilícitos que hoy son confidenciales.

Un viernes por la noche, no recuerda la fecha, pero sí el año, 1985, al transitar cerca de un bar de mala muerte reconocido de su ciudad natal, un amigo del barrio lo vio y no dudó en saludarlo a pesar de las condiciones en las que se encontraba Nohelí. Estrecharon las manos y le propuso que trabajaran en un negocito. La cita sería, en el mismo lugar, al día siguiente,  después de las 6:00 de la tarde.

El empleo era ser ‘domiciliario fantasma’, debía llevar información a los deudores para que pagaran o de lo contrario dejarían la tierra tarde o temprano. El mensaje incluía a los hombres que se entremetían con las mujeres de los contactos. Aceptó sin problema. Recibió buen dinero, pero volvió a desaprovechar la oportunidad y gastó las ganancias en casas de fornicación.

Permaneció ocho años en el ruedo, hasta cuando mataron al amigo quien se consideró un tipo importante por expender droga y asesinar por encargo. Nohelí nunca mató, aunque fue cómplice de esas barbaridades. Tomó la plata obtenida por los encargos y la que le robó al exjefe y sin que nadie se diera cuenta desapareció del mapa.

Todos estos sucesos lo hicieron ver su faceta verdadera y sintió odio por haber visto amenazas leves, asesinatos despiadados, mutilaciones vomitivas y robos. Con tristeza recordó una frase del difunto compañero, “al final la vida es una sola”.

En 1994, quiso suicidarse, le faltó valor y decidió acudir a Dios por su cuenta. Era la primera decisión correcta que tomaba en la vida. Conoció a la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) permitiéndole nacer de nuevo en la perla del norte, donde está radicado hace 24 años. Ahora, a los 61 años, vive solo en un ranchito.

En la ciudad se ha convertido en un sobreviviente fantasma que, durante los 365 días del año, se levanta a las 3:00 de la mañana para salir a alimentar el alma de los pecadores. Habla del Reino de los Cielos y de los milagros de Dios sin importarle el rechazo de los transeúntes. Tiene fe en que algún día la gente abrirá los ojos.

Santiago tiene diferentes puntos para hablar de la vida eterna. Es común verlo en la Universidad Francisco de Paula Santander, el Hospital Erasmo Meoz o la Avenida Cero. “Al momento de llegar al campo de batalla, miro a los alrededores y veo enemigos. Me preparo para enfrentarlos, saco de mi tula la espada del espíritu, que es mi biblia, y así los venzo con la predicación”.

JOHN TENJO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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