1.- Pocas veces – durante los últimos años – la proximidad de la Navidad y la llegada de Año Nuevo mantienen al mundo en tan complejas, delicadas y difíciles expectativas, como las que sacuden y hacen vibrar continentes y a las capitales y sitios de mayor interés, población e importancia geoestratégica, en orden a las circunstancias religiosas y factores políticos, económicos y sociales como las que ahora preocupan y convulsionan a la humanidad.
El solo hecho de que se mencione en los titulares y medios de mayor divulgación que estamos en los inicios de una conflagración y hasta de la Tercera Guerra Mundial, como lo han señalado y advertido destacados voceros internacionales y eminencias de diverso orden, como para el caso es el papa Francisco y las medidas de seguridad, prevención y ataque que han adoptado las naciones más comprometidas del planeta, obligan a serias, juiciosas y profundas reflexiones sin exclusión de ninguna de las temáticas referidas al futuro de los seres humanos.
2.- Leer periódicos y revistas de mayor circulación o ver titulares y noticias de los registros televisivos, así como los comentarios que surgen en todo encuentro familiar, de negocios o de tipicidad académica, política, económica o social, es constatar que atravesamos una de las etapas y momentos de mayor agitación y compromiso. Y, lo preocupante, es que haya naciones que tienen y busquen afanosamente el armamento nuclear y atómico, como soporte o fuente de respuesta ante las cavilaciones, amenazas y ataques que surgen y llenan el panorama mundial, por los hechos que se suceden y desarrollan en varias regiones, interrelacionadas con otras y por ello de potenciales agravatorios inconmensurables. Por eso, creer que no pasa nada y que los acontecimientos son simples consecuencias lógicas y positivas de la sociedad humana es no valorar, en su esencia y proyección, el significado en compromisos del hombre sobre la tierra.
No actuar a tiempo o dejar que avance la avaricia del poder, porque tal o cual hecho o situación en nada nos corresponden, es obrar sin la valencia que nos otorga el examinar lo que nos corresponde a cada uno en la existencia del planeta.
3.- Observar este panorama, angustiante y perverso, donde lo que se ansía es el juego del poder y de la fuerza, mas no del bien común y de la correspondencia entre unos y otros, para un aprovechamiento en paz y con equidad y progreso compartido es atentar contra todos.
Por esto y porque las fronteras – como la nuestra – comienzan a jugar un papel de incuestionable trascendencia, como nudos articulares que son de los procesos de integración, que algún día llegarán hasta la integración total y para demostrar que la unidad y la interrelación nos conduce a la misma meta, es conveniente como fronterizos que somos – recordarles a los gobiernos vecinos y a los seres humanos – que el mayor interés debe ser siempre el progreso compartido, libre y justo, siempre. Y, que el desarrollo conjunto, sin presiones ni amenazas, avanza siempre.
JOSÉ NEIRA REY
Foto:diario.latercera.com
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