Me volví a encontrar a Fabio una mañana en la Autoridad Nacional de Televisión. Asistiríamos a una reunión de canales regionales. Fandiño venía en condición de director operativo del Canal Capital. Hablamos de Cúcuta, antes que de televisión, de La Opinión y de Norte de Santander, pues a pesar de 0no estar allí seguía sus acontecimientos y sus noticias.
Los temas eran la precaria situación de los periodistas; el peligroso camino del publirreportaje político en las regiones y la apatía de los comunicadores frente a la gobernanza. En alguna oportunidad me dijo: “el periodista que se deja tocar por el poder se trastorna”. Luego, en la reunión, habló de la necesidad de que el Estado garantice los recursos a la televisión pública, no sólo para su subsistencia, sino para que sea una alternativa para la sociedad frente a los canales privados.
Nos volvimos a encontrar en las reuniones de la Autoridad y había tiempo para hablar de periodismo y recordar amigos en Cucuta: Duarte, Pabón, Cicerón. Le agradaba saber que Cicerón había incursionado en la televisión y que Ángel Romero estuviera al frente de esa misión de hacer buen periodismo. Hablábamos de la vieja guardia del periodismo nortesantandereano, al que el aportó con la creación de la Unidad investigativa de La Opinión.
Fue precisamente uno de sus excompañeros, Rafael Pabón, mutuo amigo, quien nos contó de su fallecimiento. Todos lo lamentamos, pero no como cuando se da una condolencia de rigor. Su muerte nos duele a quienes soñamos con que el periodismo sea una manera cierta de ayudar a las comunidades en la solución de sus problemas mediante un buen ejercicio en la denuncia que propenda buenas acciones de gobierno. Un periodismo respetuoso, pero no subyugado al poder económico de una administración o una corriente política.
Es por ello que su muerte duele, porque seres como Fabio Fandiño, apasionados y dedicados, que darían la vida, esa que se le escapó el 17 de marzo, por escribir la crónica o el reportaje en la pretensión de hallar la verdad refundida en el vericueto de lo público, nos harán faltan para construir la sociedad cierta que debería ser.
Así se fue Fabio, como vivió y como ejerció su apostolado, en silencio. Este periodista, este señor ¿cuánta falta ahora nos hará?
JUAN RICARDO GÉLVEZ
Foto: MIGUEL PALACIOS
Contraluz.CO Sólo Periodismo