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Inconformismo y rabia entre los motilones

CÚCUTA.- Un tufillo raro se respiró este domingo en el estadio General Santander. El Cúcuta Deportivo tenía la posibilidad de tomar revancha de una mala pasada del Deportivo Pasto y no lo hizo. En el último minuto los venidos de la capital nariñense empataron el partido (2-2) y clasificaron a los cuadrangulares.

Para los aficionados la última jugada en la que estuvieron comprometidos el defensa Serrano y el portero Barahona no es clara y las dudas crecieron hasta culparlos de la igualdad. Algunos, en los comentarios rabiosos, los condenaron sin derecho a descargos.

Esos hinchas creen, y si pueden juran, que los señalados están implicados en ese resultado que no permitió descontarles puntos a Quindío y Cartagena en la tabla del descenso. Las críticas son duras y contundentes, porque no encuentran respuesta para una jugada de fácil resolución.

El partido estaba perdido, es cierto, pero el empuje motilón puso arriba en el marcador al once rojinegro y eso alegró a los espectadores. En ese momento recordaron la deuda que Pasto tiene con el Cúcuta y creyeron que había llegado el momento de cobrarla.

Herrera puso a sonreír a los pastusos con el pase a los cuadrangulares. Los rojinegros lloraban en las tribunas por la derrota. De nuevo el elenco caía en casa y se enterraba en la clasificación. Los goles de las otras plazas no tenían sabor.

Iriarte devolvió la tranquilidad y la esperanza de salvar la honra para no terminar el paso por el torneo del fútbol profesional colombiano con el rabo entre las piernas. La igualdad les servía a los visitantes, que se dedicaron a caminar la cancha, sin afanes, sin aprovechar el viento que soplaba a su favor.

Uribe exaltó los ánimos de los escasos 2000 asistentes al General y les dio la oportunidad de soñar con la venganza. Era el mejor momento del cuadro local y el triunfo caía de maravilla para decirle adiós al campeonato.

Corría el último minuto del encuentro. El triunfo se guardaba en las alforjas motilonas. Los abrazos continuaban en Norte y Oriente, Oriente y Occidente. Hasta que llegó Mina Quintero y desató la celebración en el banco pastuso. Silencio entre los cucuteños. La otra frontera coronó la ilusión de mantenerse en carrera por el título.

En los aficionados el rubor se subió al rostro para hacer juego con la rabia expresada en tres carteles que colgaron en Oriental y en los que manifestaron el inconformismo con los directivos y con los jugadores por no respetar la camiseta.

En las tribunas ni siquiera se comieron el cuento de la rabieta del directivo vestido de negro que manoteó al juez de línea y se metió a la cancha para que los jugadores lo detuvieran. No. En los graderíos tildaron de falsa protesta esa acción. Tampoco le dan crédito a los empujones de ‘La Chaza’.

Lástima, se acabó el fútbol profesional en la capital de Norte de Santander y por lo dicho por Gregorio Angarita el segundo torneo del año no se jugará en el General. Hay que buscar sede y como siempre ocurre en la ciudad, hasta ahora barajan posibilidades.

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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