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GRAMALOTE, 4 AÑOS DESPUÉS. “¿Van a hacer a Gramalote? Si no, váyanse”

CÚCUTA.- Roberto es un campesino rancio, sincero, forjado en las parcelas gramaloteras, descendiente de los Peñaranda, frentero y sin problemas para hablar. Al terciar por el lugar perfecto para el reasentamiento de Gramalote, cuatro años después de la tragedia, tiene las ideas claras y las explicaciones a pedir de boca.  Responde sin mayores esfuerzos, porque está convencido de lo que dice.

“El sitio ideal es Miraflores, ahí nos conviene a todos. Es central, más o menos como era Gramalote”, dijo con la seguridad del que sabe para evitar malos entendidos o tergiversaciones.  “Soy uno de los que más apoya el proyecto y hablo bien, pero en la realidad cada vez lo veo más lejos, distante. Hay tantísimos pretextos para no empezar”.

La discusión no se detiene en torno al espacio que ocupará el nuevo municipio, a pesar de que el Gobierno tomó una determinación. Los que hablan de Gramalote en un lugar distinto al escogido en Bogotá y respaldado por la Gobernación de Norte de Santander “sueñan con un pueblo para ellos, no para los agricultores, para los productores del campo”.

Está convencido de que a los que pelean porque el pueblo se construya en Pomarroso  solo los siguen los empleados, esos que aspiran a una pensión. “Los pensionados sueñan con vivir en Pomarroso, sin importarles que El Zumbador queda a cuatro horas, que San Jorge queda  a ocho horas, que El Cedral, El Triunfo y Fátima quedan a cinco y seis horas  de distancia. No les importa el campo, ni la tierra, sino que les quede cerca a Cúcuta”.

Corrobora esa crítica con hechos concretos. La sede de la Alcaldía, el centro de salud y el centro de acopio los construyeron a 35 minutos de Cúcuta. “Los de allá nos han dejado solos. Que venga alguien a demostrarme lo contrario. La Cruz Roja, la Diócesis, se acomodaron para estar cerquita a Cúcuta, sin importarles los campesinos”.

De Valderrama dijo que es el sitio más hermoso que tiene Gramalote después de El Zumbador y El Cedral, con un paisaje que se ve desde el antiguo edificio del Banco de la República. Es lo mejor para disfrutar un paisaje, ver a Cúcuta, vivir echándose aire fresco, pero lejos de las zonas productivas, es el concepto de este hombre que reparte el tiempo entre las labores en la finca y la defensa de sus paisanos.

Para los del Fondo Adaptación también alcanzaron las palabras duras. El trabajo que cumple el organismo capitalino “es una burla, una tomadura de pelo y nadie se pellizca. La alcaldesa vive pegada al Fondo, no tiene sentido de pertenencia, y el Personero no defiende al pueblo”.

Y tiene una pregunta para los gramaloteros “¿Dónde está la esperanza de que el proyecto empezará mañana?”, y la respuesta surge de inmediato, “está lejos, pero creo en el Gobierno”. Está convencido de que las dilataciones en el proyecto tienen un solo sentido “que nos mamemos”. El reclamo es para el director del Fondo, porque “si nos pusiera la cara le diríamos ‘díganos la verdad ¿van a hacer a Gramalote? Si no, váyanse, déjenos solos”.

La historia le enseñó que a Gramalote no lo construyeron ni Manuel María Mallarino, ni Rafael Reyes, ni nadie. “Lo hicieron los gramaloteros con picas y palas. Somos capaces de construir el pueblo. Si no nos lo van a hacer, no nos tomen más el pelo”.

Ese coraje es heredado de los hombres que combatieron en la Guerra de los Mil Días. En esa batalla memorable “no fueron los comunistas, ni los conservadores, sino los gramaloteros los que salieron con machetes y palos para no dejar entrar a los liberales” al pueblo. De ahí que Roberto hable duro, sin temor, sin miedo a represalias.

La historia también cuenta que en Gramalote comenzó el cultivo del café, pero Salazar de las Palmas se quedó con la fama. Hubo gente que hizo plata con el grano, a mediados del siglo 19. Llegaron italianos y turcos y amasaron fortuna. Todo ese dinero, cuando hubo la apertura comercial de Cúcuta, se fue para la capital del departamento. Los grandes capitales hechos en Gramalote están invertidos en cabañas en Chinácota, Villa del Rosario, Bochalema y Los Patios; en chircales y en almacenes de Cúcuta.

“De Gramalote salieron los ricos y se quedaron lo pobres. Hay gramaloteros que salieron hace 40 años y dicen ‘yo sí quiero a Gramalote’, pero no volvieron. Nadie invirtió en Gramalote. Los que hacían plata volaban y ahora vienen con el cuento que lo aman y lo adoran”.

No deja pasar la oportunidad para afirmar, “de verdad, verdad”, que son escasos los que sienten a Gramalote. “Quiénes pelean por el municipio son los de abajo. Los que tenían fortuna no están, los que vivieron de la política no están, ni vienen a nada de los gramaloteros”.

Roberto Peñaranda da por terminada la charla. En la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero, de Cúcuta, participa en la feria microempresarial organizada para los productores gramaloteros. Llevó café cultivado en la finca, montó una greca y repartió tinto. “Se nos cayó el pueblo, se nos cayó la economía y seguimos pagando impuestos”, hizo la sentencia y se levantó de la silla para ir al salón a atender a los clientes.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

Rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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