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ENTREVISTA. Hunter, ‘El pulpito colombiano’ hecho en Cúcuta

CÚCUTA.- Dieciséis años debieron pasar para que Hunter, como miles de colombianos, asistiera a un mundial de fútbol con la camiseta amarilla para acompañar a la selección nacional. Ahora, guarda el recuerdo en la cartera como un tesoro. Vio 12 partidos en Brasil 2014 y tiene las boletas para comprobarlo.

Sin embargo, no hace falta que saque los recortes de las entradas, ni que jure para creerle. La televisión brasileña se encargó de mostrarlo al mundo y de convertirlo en el embajador itinerante de Colombia en la tierra de Pelé, Tostao, Jairsinho, Gerson y Garrincha.

Al regreso a casa se lo ve rozagante, llenó de felicidad y “orgulloso por representar a mi Cúcuta”. Luce el vestido que lo lanzó al estrellato y que le permitió ‘robar pantalla’ en cada encuentro. Las cámaras lo buscaban y lo encontraban con el traje tricolor, la bandera y la copa.

La emoción lo embarga al echar el cuento brasileño, que comenzó el día de la inauguración y terminó en la final Alemania-Argentina (1-0). Para evitar sobresaltos llevó los pasajes aéreos comprados, las entradas diligenciadas con la Fifa y algunos dólares de más para los gastos cotidianos. En el viaje invirtió los ahorros de años de trabajo constante.  Las únicas boletas que le costaron caro a Hunter fueron las de la semifinal y la final.

“Sudáfrica fue mi primer Mundial”, recordó. Hace cuatro años, se aventuró a cruzar el globo terráqueo para llegar a la sede del torneo orbital y lo consiguió. En ese entonces un pulpo se convirtió en figura internacional al adivinar los ganadores de los partidos. De ahí le surgió una idea. En ese momento, a manera de autojuramento, se dijo que en Colombia debía haber un pulpito criollo.

Diseñó el muñeco, le puso ocho tentáculos, por el peso los bajó a cuatro. Los colores lógicos, amarillo, azul y rojo. Los ojos saltones hacen que algunos lo confundan con un sapo. Así nació la figura que lo ha convertido en icono de la afición colombiana.

Darse estos lujos futbolísticos tiene un valor económico alto. “Cuesta mucho. Me costó entre $ 28 millones y $ 30 millones”. Y tiene el ejemplo de una pareja con la que compartió en Brasil. El viaje les costó $ 100 millones. Otro joven le contó que empeñó la casa por $ 28 millones para cumplir el sueño de asistir a un Mundial.

La gente al verlo se admiraba de este hombre llegado de Cúcuta y amante del fútbol como el que más. Se preguntaban cómo hacía para estar hoy en una ciudad y mañana verlo sonriente y agitado en otro estadio, en otro partido.

Entre los recuerdos imborrables está la inauguración, “fue grande y salí en las pantallas”. Quedó impresionado con el espectáculo de la final, “salí en la pantalla y en el video de la Fifa”. Imágenes que lleva en el corazón. “No lo hago con interés”.

En los estadios aprovechó cada instante para saludar a figuras de otras nacionalidades y a los colombianos Valderrama, Aspirlla, Aristizábal, Ángel, ‘El Gato’ Pérez, el técnico Alfaro y gente de la televisión nacional y extrajera. Mojó cámara cuantas veces quiso y apareció en las notas locales como símbolo de los hinchas colombianos.

El relato, de un momento a otro, cambia de tono. La felicidad se trasforma, el rostro de Hunter muestra otro aspecto y la sonrisa desaparece. La remembranza del partido contra Brasil lo vuelve serio. En la antesala los periodistas le preguntaron a qué le temía y sin vacilar dijo que al árbitro. En los 90 minutos de juego se cumplieron sus miedos. Colombia perdió 2-1 y todavía muchos creen que ‘el de Yepes sí fue gol’.

“Lloré como un  niño. Las brasileñas me abrazaban”. El consuelo no le valió de nada, porque vivió los siguientes días en medio de la depresión que dan las derrotas injustas. En ese estado permaneció hasta el enfrentamiento de los locales con Alemania con el 7-1 a favor de los teutones.

En los graderíos se dijo, “Dios sabe cómo hace las cosas”. Vio llorar a los brasileños  y sentir la amargura de la humillación. La situación se volteó y  debió consolarlos. “Me entró un aliento…  ese resultado me subió el autoestima”. Qué tragedia, qué vergüenza, qué desgracia atinaban a decir en el estadio o camino a casa.

“Luché 16 años para ver a la selección Colombia en un Mundial y lo viví”. Esa es la gran satisfacción de Hunter, quien pasó los 31 días del torneo juicioso, sin mirar de a mucho a las garotas. Solo tenía ojos para el balón y las estrellas de las 32 selecciones. Para las mujeres “no hubo tiempo”, lo confesó sin ruborizarse.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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