CÚCUTA.- La familia rojinegra tiene una zona especial en Cúcuta para reunirse, disfrutar los partidos del once motilón y gozar con la compañía de amigos y desconocidos. En la medida que la cerveza hace efecto se sienten con derecho a criticar al equipo, alabar a jugadores, condenar a los directivos y cambiar alineaciones.
En cercanías al estadio General Santander se organizan los aficionados. Los dueños de cinco negocios saben que cada jornada futbolera les deparará entradas buenas a la registradora. Para satisfacer a la clientela tienen señal de televisión por cable y para atraer consumidores hacen promociones de cerveza.
La cita es obligada. Cada cual, sin anunciarse con anticipación, llega al lugar. Ahí sabe que encontrará con quién comentar y a quién escuchar sobre las incidencias del encuentro. La condición tácita para entrar, es lucir la camiseta del Cúcuta Deportivo, porque allá no van sino aficionados del cuadro local.
La llegada, como ocurre siempre en una visita a casa ajena, es tímida. La cabeza gira y los ojos buscan reconocer entre las decenas de caras a alguien para compartir. Las sillas plásticas están alineadas frente a las pantallas grandes. El rival es Envigado.
El primer grito de satisfacción se escucha al ver a los motilones titulares listos para saltar a la cancha. La nueva camiseta despierta comentarios encontrados. Para algunos está bonita, mientras otros le encuentran detalles que los llevan a fustigar a los diseñadores.
En el pasado, la camiseta era mitad roja y mitad negra. Así de simple. Luego, con la aparición de los patrocinadores y las fábricas de marca, la dividieron en rayas verticales con los nombres de los patrocinadores. En este segundo torneo del 2012, será con rayas horizontales en el pecho y la espalda solo roja.
La primera queja de insatisfacción la ganó el técnico Oscar Héctor Quintabani. Puso como defensa central a Botero y en la primera línea del medio campo a Del Castillo. Esa decisión táctica le valió el grito de “burro”.
El partido comenzó a la hora señalada. En ese momento no quedaban sillas desocupadas. Los que llegaron tarde se mantuvieron de pie, firmes y leales. A eso habían ido y cumplirían con el mandamiento de los verdaderos aficionados, en las buenas y en las malas “siempre contigo” Cúcuta.
El segundo grito, en esta ocasión de sorpresa, corrió por cuenta de la defensa. Un descuido y casi gol. “Nos salvamos”. Los comentarios cargados de indignación condenaron a los responsables del despabilo. También hay los que consuelan en las dificultades. “No importa, ahora nos recuperamos”.
En este partido no había un local cierto. Cúcuta Deportivo está arrendado en Yopal mientras arreglan la gramilla del General para los Juegos Nacionales de noviembre. Desde la capital del departamento salieron buses con hinchas, pero no se notaron en los graderíos del estadio Santiago de las Atalayas.
Los 45 minutos iniciales no dejaron satisfechos a los televidentes. ‘Pilo’, ‘Palillo’, ‘El Indio’ y los demás opinaron. La calificación para el equipo, hasta ese momento, llegaba a tres sobre cinco. No estaba rajado, tampoco podía dársele una nota alta.
El tercer grito, de nuevo de alegría, lo originó la presencia del ‘Viejo’ Patiño en la cancha. La experiencia, la trayectoria, el recorrido por el mundo futbolístico le dan los suficientes argumentos para recibirlo como ídolo y reconocerlo así.
La segunda queja de la tarde no demoró. A los 60 minutos, Hurtado convirtió el primer gol del torneo en la capital de Casanare. Los aficionados sintieron desinflarse y no faltó el que pensó en la mala racha del campeonato pasado. Otra derrota no estaba en los planes.
El fútbol, al igual que la vida, da revancha. Diecisiete minutos después, Hernández igualó el marcador. “Hay que prenderle una vela al ‘Diablo’”, atinó a decir uno de esos hombres que tienen clara la vocación por el once motilón.
Y como si estuvieran en Norte o Sur, Oriente u Occidente, apareció el grito de batalla dominical, en este caso sabatino, “sí se puede, sí se puede”. La motivación a distancia surgió efecto. Franco, defensa envigadeño, le ganó en el salto al ‘Diablo’ y anotó el segundo gol para los ‘dueños de casa’.
Algarabía, mucho ruido, ponderaciones, más cerveza, abrazos, aplausos y palabras alentadoras. La conclusión: el Cúcuta Deportivo tiene cuerpo, le falta forma. El alfarero, el encargado de tallar esa imagen es Quintabani, para eso se quedó otro semestre. Por el momento, los aficionados sonríen. Ese es buen comienzo. El rival siguiente es Patriotas. Los motilones tienen esa cuenta pendiente y por cobrar.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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