CÚCUTA.- El Cúcuta Deportivo, sin jugar un fabuloso partido, ganó tres puntos valiosos para el futuro inmediato. El triunfo (1-0) contra el líder Atlético Huila lo sacó, por el momento, del sótano y lo instaló un paso más lejos de la promoción y a dos zancadas del descenso.
El técnico motilón Juan Carlos Díaz se sacudió de la cuerda floja, aunque se mantiene en el trapecio. Los aficionados continúan con los dientes apretados a la espera de los resultados venideros, porque no quieren que el espectáculo termine mal. Y mal sería en la B.
El de este domingo, en cumplimiento de la cuarta fecha del torneo profesional colombiano, fue un partido con altibajos para el cuadro local. Al primer minuto una opción de gol que se malogró y los quejidos en las tribunas por esa suerte que quería darle la espalda al cuadro fronterizo.
Pasaron los minutos y el Cúcuta asumió el control, mientras los visitantes se daban las mañas para dejar que el reloj corriera sin afanes. Eran los líderes, estaban invictos, vistieron de blanco y sabían de las necesidades de los rojinegros. Nada los apuraba.
El árbitro, por su actuación, permitió el juego de palabras en los graderíos con su apellido Amaya. Los aficionados, en el desespero por las decisiones que estimaron erradas lo tildaron de ‘canalla’ para con las aspiraciones de los motilones.
Por fortuna el minutero marcó el 23 en el cronómetro de hinchas, jueces, directivos y vendedores de comida. En ese instante un pelotazo en el travesaño opita, el cabezazo de Carlos Herrera y el cántico de gol en oriente y occidente, norte y sur.
Hacía rato los espectadores no brincaban de la emoción, no se abrazaban alborozados, no se saludaban con gusto y no se levantaban de los puestos impulsados por el resorte que acciona el gol. Adentro, en la cancha, también hubo algarabía.
El trámite de la primera parte cambió. Los huilenses dejaron de hacerse los muertos tras faltas leves y comenzaron a corretear la pelota. Los cucuteños empezaron a quemar segundos para desesperar a los visitantes. Es la ley de la revancha.
En el descanso se escucharon buenos comentarios para el equipo por el desempeño en el General Santander. Hubo halagos para algunos jugadores, reclamos para ‘El Nene’, reacomodo de la alineación y justificación del comportamiento en la cancha.
Las niñas porristas reaparecieron en el estadio, aunque con patrocinio diferente al de la Caja, bailaron, motivaron a los aficionados, mostraron el nuevo respaldo y entretuvieron con sus movimientos peculiares a los entusiasmados adultos.
El segundo tiempo tuvo un especial aditamento. Huila se acordó de atacar, armó paredes, puso en peligro la portería de Buenaños, metió a cuanto delantero pudo, llegó hasta el área chica, desperdició oportunidades de gol, sacudió a la defensa motilona y acabó con las uñas de las mujeres. Los hombres prefieren madrear.
Las salidas rojinegras fueron escasas. Arévalo perdió la posibilidad de aumentar el marcador y acabar con la zozobra. No definió y se ganó el desafecto de los hinchas. Los extranjeros terminaron en el banco.
Al final de los 90 minutos Cúcuta deportivo se quedó con los tres puntos. Los millares de seguidores de la divisa rojinegra regresaron a casa satisfechos. Hacen cuentas, se lamentan por los puntos perdidos en el General, miran al próximo rival Equidad y se alistan para recibir al Nacional.
Así es el fútbol. De las tristezas de ayer se pasa con facilidad a la alegría de hoy. El mañana se toma con calma.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo


