Hace medio siglo murió en combate con el Ejército el padre Camilo Torres. El sacerdote emblemático de la lucha de clases en Colombia se ganó un puesto en la historia nacional. Hoy, lo tenemos de regreso para recordar apartes de su vida y obra.
¿Nombre completo?
Jorge Camilo Torres Restrepo
¿Lugar y fecha de nacimiento?
Bogotá, 1929, en el tradicional barrio La Candelaria.
¿Cómo era su familia?
Era una familia burguesa, conformada por el prestigioso pediatra y científico Calixto Torres Umaña e Isabel Restrepo Gaviria. De esa unión nacimos Fernando y yo.
¿Cómo eran sus padres?
Totalmente disímiles. Mi padre vivía concentrado en las investigaciones y las consultas. Era poco amigo del boato social. Mi madre era todo lo contrario: extrovertida, amiga del gasto excesivo, de las reuniones, los tés y las frivolidades, aunque muy humana y comprensiva con los hijos.
¿Cómo fue su formación intelectual?
Exigente. En 1931, cuando apenas contaba dos años de edad, mi padre fue nombrado representante de Colombia en la Liga de las Naciones con sede en Ginebra. Allí aprendí las primeras letras simultáneamente en castellano y francés.
¿Dónde estudiaron?
En el Colegio Andino, pero yo terminé bachillerato en el Liceo de Cervantes, en 1946.
¿Cómo fue su infancia?
Buena parte de la infancia y la adolescencia transcurrieron en el campo. Después de la separación de mis padres, mi madre decidió vivir en una finca lechera, en las afueras de Bogotá.
¿Usted fue boy scouts?
Sí, me vinculé y desde un principio mostré las dotes de líder. Era indisciplinado, “mamagallista” y muy dado al romance y a la dulce vida.
¿Dónde cursó estudios superiores?
En el primer semestre de 1947 entré a estudiar derecho en la Universidad Nacional. El contacto con dos promotores dominicos y después de una fase de incertidumbre, decidí hacerme fraile de la comunidad de Santo Tomás. A escondidas de mi madre quise partir para Chiquinquirá a hacer el noviciado, pero me detuvo en la estación de La Sabana.
¿Pero no perdió la vocación?
No, qué va. Luego vino un período de oposición paterna, otro de diálogo y finalmente, en septiembre de 1947, mis padres aceptaron que entrara al Seminario Conciliar de Bogotá, en las sierras del Chicó.
¿En qué año se ordenó sacerdote?
Después de siete años de preparación me ordené el 29 de agosto de 1954. La primera misa la oficié en la capilla del Liceo de Cervantes.
¿Y viajó a Europa?
Sí, claro. El 25 de septiembre de 1954, viajé a Bélgica con el fin de iniciar estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. Allí me encontré con Gustavo Pérez, amigo del seminario, y juntos participamos del maremágnum de ideas que, en plena guerra fría, hervían en Europa.
¿De todos esos pensamientos cuáles influyeron en su vida?
La Democracia Cristiana, el sindicalismo cristiano y las teorías sociológicas. Me aproximé al marxismo y abracé una causa que nunca abandonaría: la de los oprimidos.
¿Qué le dejó ese contacto con la sociedad y la cultura europeas?
Me permitió comprobar las distancias existentes entre el primer y tercer mundo, y me convencí de que una de las grandes dificultades para un desarrollo más armónico de Latinoamérica radicaba en la falta de investigación social.
¿Cómo intentó paliar ese problema?
Con la fundación, en 1955, del Equipo Colombiano de Investigación Socio Económica (Ecise). Tuvimos comités en la mayoría de los países de Europa occidental.
¿De dónde tomó la experiencia de trabajar con problemas sociales?
En 1957, me acerqué a los tugurios de París y a los grupos de la resistencia argelina. Eso me permitió vislumbrar la realidad de un proceso de liberación nacional y el papel que le correspondía al intelectual en dicha lucha.
¿Además de cura usted es Sociólogo?
Sí. En 1958, en Bogotá reuní los datos necesarios para graduarme como sociólogo. Mi tesis se llamó “Una aproximación estadística a la realidad socio-económica de Bogotá”, dirigida por el profesor Yves Urbain. En 1987, lo publicaron póstumamente con el título ‘La proletarización de Bogotá’
¿Cómo volvió a la Universidad Nacional?
En enero de 1959, fui nombrado capellán auxiliar de la Universidad Nacional y junto con el sociólogo Orlando Fals Borda fundamos la Facultad de Sociología.
¿Qué premio ganó por el trabajo de acción social?
La labor docente, investigadora y de acción social me sirvió para emprender un plan piloto para el barrio de Tunjuelito (Bogotá), con el que gané el prestigioso Premio Nacional de Beneficencia Alejandro Ángel Escobar.
¿Usted fue un avanzado para su época?
Pues sí. Vea que ejercía la liturgia de la misa de frente a los fieles, en castellano, aprobaba el noviazgo para curas y seminaristas y abogué por el ecumenismo y por el diálogo entre cristianos y marxistas.
¿Cómo se la llevó con la sociedad bogotana?
Entre 1962 y 1965, la parroquia de La Veracruz, a la que había sido destinado, se convirtió en el sitio preferido para desposarse. Era ‘in’ decir que Camilo era el cura que los había casado.
¿De verdad quería aproximar el marxismo a los cristianos?
En 1962, planteé que los marxistas luchaban por la nueva sociedad y que, por lo tanto, los cristianos debían estar a su lado.
¿Esa fue la ventana para entrar al Eln?
Quizás. En julio de 1964, apareció el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y llamó mi atención, porque no estaba tan “contaminado” como los demás grupos insurgentes. En enero de 1965, inicié contactos para comunicarme con la comandancia.
¿En qué momento dejó el sacerdocio?
En junio de 1965, tomé una de las decisiones más trascendentales y dolorosas de mí existencia: abandonar el sacerdocio. Le había dedicado once años de mi vida. Una vez fuera de la vida religiosa, visité el campamento guerrillero en Santander y quedé en “comisión” en la ciudad. Debía seguir el programa de agitación política con el Frente Unido de Movimientos Populares. En el momento en que fuera requerido, debía incorporarme a filas.
¿Cuándo dio el paso definitivo?
El 18 de octubre de 1965, me incorporé a la guerrilla. El 15 de febrero de 1966, en San Vicente de Chucurí (corregimiento de Patio Cemento, Santander), tuve el primer enfrentamiento con el ejército colombiano. Ahí termina la historia.
¿Cuál es su legado literario?
A lo largo de mi vida publiqué diversos libros y panfletos: Cristianismo y Revolución, La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales de Colombia, Las escuelas radiofónicas de Sutatenza, Palabras para una revolución, Proclama al pueblo colombiano y La revolución: imperativo cristiano.
Texto y foto adaptado de biografiasyvidas.com
RAFAEL ANTNIO PABÓN
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