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ALCALDABLES. “No estoy valiéndome de la religión para hacer política”: Saniel Peñaranda

 

CÚCUTA.- Tres máximas marcan la vida de Saniel Peñaranda y le permiten pensar en positivo en que será el próximo Alcalde de Cúcuta. La primera la aprendió de su padre, en Sardinata, en la niñez cuando ayudaba en las labores del hogar; la segunda, se la dijo el rector del seminario, en un momento especial de su preparación para ser sacerdote, y la tercera, la aprendió del apóstol Pablo.

“Entre más estudie y más ascienda en la vida, sea más sencillo, más humilde y la gente lo va a querer más”, le dijo un día su papá a manera de consejo perenne. Hoy, esas palabras están aprendidas y ejecutadas. El hombre que busca dirigir los destinos de los cucuteños se muestra modesto, respetuoso y afable.

“Entréguese a la gente y la gente hará el resto”, lo escuchó en la institución en la que daba rienda al sueño de guiar a una comunidad vestido de sotana, y lo aplicó en las parroquias que atendió y en las entidades en las que lo pusieron a cumplir la misión de pastoreo.

“No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence el mal con la fuerza del bien”, lo leyó en una de las cartas de Pablo y lo tomó como mandato de vida. Y ahí va, metido en la lucha contra quienes lo fustigan por colgar el cleriman y contra quienes lo critican por meterse en el cuento de la política en busca de una curul en la Cámara de Representantes, en el 2014, y ahora para gobernar la capital de Norte de Santander.

 

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Nació en Sardinata. Su padre era, hasta hace poco, el único tocayo que tenía. Es el quinto entre 12 hermanos y el mayor de los varones, por lo que le correspondió llamarse Saniel. No es un nombre común y en el internet tiene un significado: “Fácil de enamorarse, original, muy sexy, es muy fiel y entregado. Amado por todos (http://www.soylaneta.com/nombre/Saniel/)”.

Vivió una infancia normal, como miembro de una familia campesina. Los padres desde niños trabajaron en el campo. Luego, llegaron al pueblo y ahí nació Saniel. El papá era pesero y la mamá ama de casa. Recorrió el campo y lo conoce tras largas caminatas para comprar reses y luego venderlas en la pesa. Esas jornadas le permitieron entrar en contacto con la gente y conocer las dificultades en las que vivían.

La primaria la mezcló con el trabajo para ayudar en la casa. Al terminar bachillerato salió para Cúcuta en procura de la formación profesional. El 20 de diciembre de 2014, se reunieron en Saridnata los condiscípulos de 1989. Hacía varios años no se veían y ahora contaban que están realizados, con hogares formados y presente definido.

La vocación sacerdotal le despertó a raíz de la sensibilidad que siempre ha tenido por la parte social. Aunque el ambiente de la pesa en el que creció no favorecía mucho por lo pesadito, la formación en la familia, llena de valores y de recogimiento, le sirvió para definir el camino. Las religiosas del Cardenal Sancha y el párroco empujaron a Saniel por la senda de Dios al invitarlo a ser catequista. Al principio, rehusó la invitación; luego, la aceptó.

El sacerdote lo llevó a las eucaristías en las veredas y comenzó a entender que los hombres, en cualquier etapa de la vida, necesitan que alguien les hable de Dios. Ese contacto con las comunidades rurales “me llevó a cuestionarme y entendí mi vocación”. Ingresó al seminario San José de Cúcuta.

En la institución educativa afrontó momentos difíciles por la situación económica. No se puede estudiar y trabajar para ayudarse, por lo que dependió de la familia para los gastos. Otros instantes cargados de inconvenientes los representan el cambio de vida, la juventud y la orientación profesional.

“La formación en el seminario es de siete años. Uno no se prepara para celebrar misa, celebrar  misa puede aprenderse en un mes. Uno se prepara para ser persona”. Recordó las palabras del primer rector del seminario ‘entréguese a la gente y la gente hará el resto’. Ese mandato lo alcanzó al pie de la letra y logró conquistar el cariño y el apreció de la gente.

Cuando se ordenó estaba convencido de lo que sería su vida y sigue convencido. “Uno no deja de ser humano. Sigo siendo el mismo Saniel que corría por las calles de Sardinata; el mismo que en el campo iba detrás de los animales; el mismo que jugó fútbol; el mismo que se ordenó, y el mismo de hoy”. La parte humana sigue siendo la misma.

En esa entrega a Dios y a la gente encontró y compartió con otras personas y como cualquier hombre tropezó con una mujer que le llegó al corazón. “Encuentra uno, sin haberlo buscado, a otra persona que se incrusta en su corazón”.

La aclaración acerca de la decisión de abandonar la sotana aparece espontánea. “Mi vocación nunca fue por buscar estatus social, por nombre, por sacarle el quiete al trabajo o por cuestión distinta de prestarle un servicio a Dios”. Cuando se apareció la mujer que caló en su pecho puso en conocimiento de la situación al obispo Oscar Urbina.

Lo miró a los ojos, le dijo que no son compatibles el ejercicio del sacerdocio y la formación de un hogar, y pidió permiso para empezar el proceso de separación como lo tiene establecido la Iglesia para lograr la dispensa de los compromisos sacerdotales. “Los obispos me ayudaron, porque no tenía problemas económicos, de disciplina ni de licor. Me permitieron hacer el proceso hasta que llegó a Roma y el papa Benedicto XVI lo aprueba”. Ese respaldo le permitió casarse, hace año y medio, como católico para estar al frente de un hogar y de una familia.

Miró a los ojos a Dios y le dijo cuanto lo quiere, le agradeció el inmenso amor con el que lo protege y le aseguró que está presto para servirle donde lo disponga. Hoy, está feliz en el hogar, con la esposa y las dos hijas. Desde dónde pueda ayudará a la Iglesia y trabajará por la gente.

 

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El papa Francisco, en reciente mensaje, inspiró a Saniel Peñaranda para asumir la carga emocional que representa aspirar a la Alcaldía de Cúcuta. El pontífice dijo que la política es uno de los mejores artes, porque es el arte de administrar el bien común. Las cualidades para trabajar en la política pasan por las intelectuales, morales y sociales.

“No estoy valiéndome de la religión para hacer política”, lo expresó de manera tajante para despejar dudas acerca de la intromisión en este mundo que pocos alaban y al que muchos quieren llegar a costa de lo que sea. “No dejé el ejercicio del sacerdocio para meterme en política”, reiteró para dejar en claro qué es lo que busca.

Cuando avanzaba el proceso de  separación de la Iglesia meditó en dónde podría ejercer la esencia de servir. Al recibir  la dispensa, amigos, sacerdotes, seguidores de otros credos y laicos le propusieron que siguiera ese camino. El respaldo provendría de un movimiento independiente de color político y religioso, con banderas sociales, para aglutinar las diferentes manifestaciones de la ciudad.

Ahí nació la idea de llegar a la Cámara y ahora a la Alcaldía.  En marzo, sin padrinos políticos y con escasos recursos alcanzó los 9000 votos. Está seguro de lo que pretende, porque “uno puede quedarse en solo hablar. No quiere decir que vamos a cambiar la política, ni las prácticas que existen en el país, pero sí quiere decir que lo que esté a nuestro alcance lo iremos impregnando poco a poco de trasparencia”.

No les teme a los malos ejemplos de sacerdotes que también optaron por este camino. Hay muchas semejanzas, pero también hay diferencias, entre ellos y Saniel, quien además de la formación humanística, filosófica y teológica es especialista en alta gerencia y en gestión de proyectos, cursó estudios en gestión pública y está a punto de terminar la maestría en gerencia de empresas. “A la par me he complementado con una formación civil que garantiza que haya preparación para dirigir la ciudad”. Como excura cree que le cabe la capital de Norte de Santander en la cabeza.

La financiación de la campaña depende de cómo se haga la política. “Cuando empecé, me abordaron para que no me metiera, porque esto se hace con plata. Les dije, ‘tranquilos, hagan su política que yo hago la mía’”. Fundamenta la aspiración en el respeto, el cariño y la credibilidad de la gente. “Esa es mi mayor riqueza, porque, afortunadamente, cuento con esos valores”.

Los recursos económicos previstos para gastar en los ocho meses de trajín están dentro de lo probable. “No habrá empeños para pagar desde la Alcaldía. Hay un costo normal y trasparente”. De ser el candidato por el Partido Liberal buscaría cómo lograr la confluencia de otras colectividades para hacer una alianza y bajar costos.

Los ejes de la carreta que echó a andar Saniel Peñaranda para suceder en el cargo a Donamaris Ramírez y convertirse en el décimo Alcalde elegido por el pueblo, son cultura, organización y paz.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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5 comentarios

  1. Rafael Botello

    Muy interesante. Q bueno q fuera alcalde, pero sera qla maquinaria politica lo deja?

  2. Ricardo Mendoza

    Creo, que Saniel Peñaranda tiene la mejor formacion humana y cristiana,que es lo que hoy necesita los politicos de hoy. Me parece una persona que se preocupa por el pueblo y que está een funcincion del mismo, un hombre sencillo y con ganas de meterle trabajo a la gente.

  3. es una buena opción, frente a la crisis política. Un hombre que cumple con su palabra, es un hombre digo y respetable, ese es Saniel peñaranda

  4. Este es un hombre que entiende que la política es servicio. La cuestión no es que la maquinaria lo deje, la cuestión es que todos o la mayoría nos unamos y votemos por él; así esta ciudad tiene otras alternativas para ser concluyente, donde haya justicia, se mejore la seguridad ciudadana y se le ponga orden.; donde el poder no lo ejecuten las armas o las fuerzas oscuras que se tomaron nuestrs ciudad.

  5. Luz Esperanza Gutiérrez

    La gran acción depende de las buenas opiniones. SANIEL PEÑARANDA ya es la diferencia.

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