CÚCUTA.
Tiene 20 años, recién cumplidos. Estudia comunicación social en Pamplona y trabaja, ocasionalmente, como fotógrafo. Cuando no está en cumplimiento de jornadas laborales le gusta retratar la vida cotidiana. En cualquier momento deja la calle y pasa al estudio para atender los deseos del cliente, que pueden ser comerciales o artísticos.
Las casualidades ocurren en el momento justo, no antes ni después. A Nicolás Gómez Vega no le llamaba la atención la fotografía, así como para dedicarse a ese oficio. Un día, de los que no faltan en la vida, la hermana dejó por ahí la cámara, la tomó, miró por el visor, apuntó y amor a primer disparo. Ha pasado un año desde aquel momento y hoy tiene otra manera de ver ese mundo que se le abrió de un momento a otro.
“Desde ahí comencé a aprender, aprender y aprender”. Ese corto camino recorrido le ha abierto los sentidos y ahora está expectante por aquello que pueda descubrir en este universo de imágenes por captar. No hay un referente cierto para emular, por ahora se fija en lo que hacen amigos y compañeros para comparar.
“Me gusta la fotografía en general” y como ejemplo para seguir podría citar a alguno de los profesores que ha tenido en la Universidad de Pamplona (Pamplona). En el aula y fuera ha aprendido las técnicas que aplica en el momento de controlar la luz, fijar el triángulo de exposición o medir el tiempo de las exposiciones.
Mientras camina por las vías pamplonesas, Nicolás va pendiente de las escenas que le muestra la cotidianidad. Son tantas las historias que la realidad pone al frente, que basta con fijarse en una para detenerse unos instantes y hacer la toma respectiva, mirar la pantalla y seguir adelante. ¿Era la imagen que quería?
“Hay que darse cuenta de los pequeños detalles, las pequeñas historias y las pequeñas expresiones”. La situación del país lo motiva a hacer ese tipo de fotografía callejera que, en ocasiones, se ha convertido en la necesidad fotográfica que parte de la curiosidad.
“Me motiva saber que hay una historia que puede ser contada”. El ejemplo al que apela es el del niño en el semáforo, que con sus expresiones, movimientos y apariencia física es la historia completa de una parte de la realidad colombiana.
Nicolás cursa cuarto semestre y en la proyección que hace de la vida, cuando termine la carrera y adquiera la experiencia que le dará la profesión, espera que mantener la esencia propia, el estilo y la impronta en la fotografía. “Me veo profesional, establecido, sólido y con más equipos”. Se ubica en la parte audiovisual, crear cine y hacer producciones.
En un principio la comunicación no estaba entre las preferencias de Gómez Vega, a pesar de que los genes provienen de William Javier y Adriana, periodistas, docentes y formadores de comunicadores. Ingresó a la Universidad con el propósito de ser administrador de empresas. “Fue un gran error. No sabía que era lo quería”.
Los vientos que soplan en la Ciudad Mitrada lo trastearon de facultad y decidió ir tras los pasos de los padres. “Me di cuenta de que esa es la habilidad y que no tenía que negarla”. Ahora, está seguro de que en esta área podrá destacar y que el trabajo que emprenderá será satisfactorio.
Entre los deseos laborales le gustaría viajar al Eje Cafetero y captar imágenes de la tragedia natural que afectó a esa región del país. Es consciente de que está complicado. No le gustaría retratar la banalidad, lo político, a organizaciones y personas que hacen daño.
“Me hubiera gustado fotografiar a un artista, pero está muerto. Gustavo Serati”. De los personajes vivos, le gustaría tomarles una foto a los abuelos. Al escoger héroes los dividió en dos etapas de la vida. En la niñez admiraba a Michel Jackson y Juanes. Ahora, que está en las dos décadas de vida se inclina por los padres. La razón es simple, “siento que mis ídolos no están alejados. Mis papás tienen una carrera larga como personas y han aprovechado la vida. Ellos son mis referentes”.
RAFAELANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo


