CÚCUTA.
“Soy un ser humano que ha logrado desarrollarse para servirles a los demás”. Así se define Alejandro Canal Lindarte, arquitecto, docente, sicólogo, investigador y servidor público. La historia está marcada por superación personal, disciplina y búsqueda constante del conocimiento.
Nació en Bogotá en 1957. La vida le cambió cuando a los 5 años, cuando un accidente con una pistola de juguete, disparada por un primo, le ocasionó graves lesiones que terminaron por hacerle perder la visión del ojo izquierdo. Aquel episodio lo llenó de preguntas y de rabia frente al mundo. Durante años se cuestionó por qué le había ocurrido.
La discapacidad visual marcó profundamente la infancia. Mientras otros niños jugaban y compartían actividades, muchas veces se sintió excluido. Pocos lo invitaban a participar debido a esa condición. Aun así, aquello que pudo convertirse en limitación, terminó impulsándolo a desarrollar otras habilidades. El ajedrez fortaleció la capacidad de análisis y de concentración.
Hoy, a los 69 años, reflexiona sobre aquel accidente con mirada diferente. Considera que, si no hubiera ocurrido, probablemente no sería quien es. Lo que en un principio interpretó como tragedia, terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos que moldearon su carácter.
A los 18 años, llegó uno de los momentos más importantes de la vida. Tras varias operaciones y complicaciones médicas, conoció al médico Carlos Luis Peñaranda, quien le propuso la intervención definitiva que mejoraría significativamente la calidad de vida. La cirugía fue exitosa. Desde entonces, lleva prótesis ocular que, según explica, contiene una esfera de oro que permite una apariencia prácticamente natural.
El camino profesional comenzó en la arquitectura, carrera influenciada por la figura paterna, también arquitecto. Tras graduarse en Bogotá, llegó a Cúcuta, ciudad donde desarrolló parte de la trayectoria. Participó en la construcción de la Universidad Libre, trabajó en Radio San José, fue comandante del Cuerpo de Bomberos durante cuatro años y fue secretario, tesorero, vicepresidente y presidente en la Sociedad Colombiana de Arquitectos de Norte de Santander.
La experiencia lo llevó al sector público. Fue secretario de Educación y de Planeación Departamental, gerente de la Lotería de Cúcuta y director general de Adpostal (Administración Postal Nacional), cargo al que llegó tras ser llamado por el presidente Andrés Pastrana.
A pesar de la amplia experiencia política y administrativa, nunca estuvo dispuesto a sacrificar sus principios. Tuvo oportunidades para llegar más lejos en la vida pública, pero rechazó propuestas que implicaban aceptar prácticas que consideró incorrectas. La transparencia es el legado más valioso que recibió del padre.
Uno de los episodios más difíciles de la vida ocurrió en 1998. Ese año, sufrió la quiebra económica tras el robo de $ 1180 millones por parte de alguien de confianza que administraba un negocio mientras ejercía funciones en el servicio público. La situación lo obligó a empezar desde cero. Haber superado aquella crisis constituye su mayor logro profesional. “Salí adelante por mis hijos”.
La educación se convirtió en otro pilar fundamental de la vida. Durante más de cuatro décadas ha ejercido la docencia y en 2026 completa 23 años como profesor de la Universidad de Pamplona. La curiosidad intelectual lo llevó a cursar especializaciones, maestrías, diplomados y a graduarse como sicólogo, a los 60 años.
Entre las investigaciones destacadas se encuentra la que dio origen al libro La violencia homicida en la fronteriza ciudad de Cúcuta, resultado de la maestría en Paz, Desarrollo y Resolución de Conflictos. Concluyó que parte de la violencia en la ciudad no obedece a problemas del tejido social, sino a dinámicas propias de estructuras criminales y mafiosas.
Uno de los personajes que influyó en su vida académica fue Álvaro González Joves, ex rector de la Universidad de Pamplona y su vecino durante varios años. Alejandro lo recuerda como ser excepcional en términos de planeación, organización y disciplina. El crecimiento de la Universidad se debe a su visión estratégica y capacidad de gestión.
La amistad estuvo marcada por largas conversaciones y caminatas matutinas. Compartieron innumerables momentos. Cuando aún dormía, González llegaba a tocarle la puerta de la casa cantando: “Al hombre sin plata, la cama lo mata”, para obligarlo a levantarse y salir a caminar.
Actualmente, Canal Lindarte dirige Neurosinergia, espacio en el que integra conocimientos de sicología, neurociencia y terapias alternativas para trabajar con quienes presentan condiciones relacionadas con la salud mental. El interés por esta área nació desde la neuroarquitectura, disciplina que estudia cómo los espacios físicos influyen en las emociones, el comportamiento y la salud humana.
Esa inquietud evolucionó hasta convertirse en proyecto. Desde el consultorio, ubicado en el Centro Comercial Bolívar, trabaja con herramientas terapéuticas dirigidas especialmente a pacientes con deterioro cognitivo, dificultades emocionales y problemas relacionados con el funcionamiento cerebral.
En el plano personal, lleva más de cuatro décadas de matrimonio con Libertad Vargas. Fruto de esa unión nacieron Guillermo Alejandro y Daniela Alejandra, profesionales que residen en España.
El sentido del humor aparece cuando habla del matrimonio. Tiene una frase que repite con frecuencia: “Cambié una libertad por otra Libertad”. Juega con el significado de la libertad y el nombre de la esposa, para dejar claro que nunca ha visto el matrimonio como limitación, sino como la elección que enriqueció su vida.
Cuando habla de Cúcuta, recuerda con nostalgia la ciudad de la infancia. Evoca las tardes de fútbol en las calles, las reuniones entre vecinos y la vida tranquila. La ciudad ha crecido físicamente, pero afronta grandes desafíos.
A su juicio, lo que más necesita Cúcuta es cultura ciudadana, compromiso político y visión colectiva de futuro. La clase dirigente tiene una deuda histórica con la ciudad y muchos líderes han privilegiado intereses particulares sobre el bienestar común.
Los jóvenes deben fortalecer la disciplina, la perseverancia y el deseo de aprender. Lo resume en una expresión que suele repetir: desarrollar la materia gris. Respecto al futuro de la ciudad, propone una ruta sencilla pero ambiciosa: construir un plan estratégico serio, hacer seguimiento permanente a las metas y garantizar que los gobiernos respeten esa hoja sin modificarla según los intereses.
El mensaje final para los cucuteños es claro: “Si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie”.
Después de décadas dedicadas a la arquitectura, la educación, la investigación y el servicio público a Alejandro Canal Lindarte le gustaría ser recordado simplemente como buena persona. Ese reconocimiento tendría más valor que cualquier cargo, título o distinción obtenida a lo largo de la vida.
WENDY MORALES
Comunicadora Social en formación
Universidad de Pamplona – Cúcuta
Contraluz.CO Sólo Periodismo



