TIBÚ – Norte de Santander.- Un año después del fin de los bloqueos por parte de los campesinos de El Catatumbo (Tibú), los objetivos parece que hubieran sido olvidados. Y no es solo por las idas y vueltas de la declaratoria o no de la Zona de Reserva que era el principal, sino por los innumerables problemas sociales que aquejan a esta región del país.
Una de tantas dificultades que se vive a diario es la falta de médicos para atender a los más de 30.000 residentes en el municipio petrolero. El hospital San José, a lo largo de los años, ha sufrido los rigores de la violencia y el olvido del Estado. Mientras que en el 2000 los trabajadores eran amenazados por grupos paramilitares, el director encargado Alfredo Contreras Pita era asesinado.
Hoy, 14 años después, sufren de nuevo amenazas e inconsistencias en los pagos, lo que ha ocasionado una fuga masiva de galenos de Tibú, El Tarra, Hacarí y Convención. En los últimos meses han renunciado seis médicos por amenazas de grupos al margen de la ley. Según el Instituto Departamental de Salud (IDS), 68 plazas quedaron vacantes en los cuatro sorteos anteriores.
Otro factor determinante para la nula eficiencia de la salud es el olvido oficial. El Estado no apoya la construcción de un hospital de segundo nivel con atención en pediatría, ginecobstetricia, cirugía general y medicina interna, con servicios de diagnóstico y tratamiento para cubrir la demanda en Tibú.
En las mesas de trabajo, durante las convocatorias de participación ciudadana Departamento-Municipio, gestión de la administración del alcalde Gustavo León Becerra, quedó contemplado “que el hospital San José de Tibú sea un Hospital de segundo nivel de atención con especialistas, con suficiente recurso humano, mejor infraestructura, sistema de información oportuna y equipos de última tecnología. Que sea sostenible y cuya misión sea prestar un servicio de salud con oportunidad, eficiencia y eficacia”. ¿Qué objetivos se han logrado?
Otro problema de la comunidad tibuyana es la pobre infraestructura vial. Gran parte de los 157 kilómetros que separan a Cúcuta de Tibú está deteriorada. Pontones, kilómetros de carretera y viaductos dañados han convertido el trayecto en una trocha intransitable. Los vehículos se afectan, los viajes se retrasan y muchos accidentes tienen resultados fatales.
En esta zona, donde por más de 84 años se ha extraído petróleo de manera continua, se ven los niveles de pobreza y abandono de la empresa encargada de la explotación del crudo, del Gobierno, de los administraciones municipales. Sin embrago, parece que a Tibú se le abre una nueva puerta, una segunda oportunidad para cambiar ese escenario cáustico y corrosivo que ha envuelto a los habitantes y las entidades administrativos.
El anuncio del hallazgo más importante en la corta historia de Tibú ha ocasionado nuevas y positivas expectativas en todos los sectores de la región. Se estima que la reserva cerca al lago de Maracaibo acumula unos 450 millones de barriles de crudo, los cuales convierten a Tibú en zona altamente prolífera y productiva.
Tibú contaría con la segunda cuenca más importante y con mayor potencial en el país.¿Cómo aprovechar esta nueva oportunidad que se le da al municipio y no cometer los errores del pasado que trajeron problemas económicos, sociales y políticos?
Si en Tibú se empiezan a hacer bien los trabajos, se dejan a un lado los intereses particulares, la desidia y la mezquindad, y se empieza a trabajar en busca del beneficio colectivo, será posible conseguir la trasformación social eficaz.
Sobra, como siempre, esperar que las cosas se vayan dando de a poco, y trabajar para empezar a sacar de las sombras y el olvido a esta hermosa región de la geografía nacional y potencializar sus beneficios para llegar a un desarrollo sostenible que beneficie a todos por igual y no seguir siendo la vaca a la cual todos le sacan la leche.
ELIBARDO LEÓN ESTEVEZ
Contraluz.CO Sólo Periodismo