No es necesario irse a la Primera B para perder la categoría. En este momento, sin todavía descender, el Cúcuta Deportivo no la tiene. No hay talento, no hay inteligencia, no hay jerarquía: No hay categoría.
Las razones para estar en el último lugar de la tabla son muchas. Los refuerzos llegaron de Venezuela, el técnico de principio de temporada llegó de la B, jugadores nortesantandereanos a los que los equipos colombianos les sacaron todo el jugo regresaron a su tierra para ver si acá les permitían dejar de ser suplentes. El argentino Rodrigo Soria era volante con gol, ahora es volante de contención. Walter Moreno era la seguridad en pasta, ahora parece de pasta. Giovanny ´Chaza´ García era un balín por la izquierda, ahora es un sindicalista de izquierda. Rubén Bustos era el bombardero de la Villa, ahora es el calvo al que más le brilla. Los únicos Bustos que después de 35 años siguen haciéndolo bien, son los de Sofía Vergara.
Jhon Lozano dijo que se iba del equipo. Se fue a buscar por todas partes dónde jugar y al final regresó porque no encontró nada. Lozano fue titular esta semana y fue expulsado. Javier Araújo era un calidoso al mejor estilo del futbol de salón, ahora simplemente es un displicente al que le pesa la diez por nalgón. Este equipo no necesita uno, sino cinco refuerzos.
Acaba de llegar un nuevo técnico, y por mucho que el profe baraje el naipe, las cartas son las mismas. Es como un jugador de dominó que tiene puros pares, no hay con qué jugar. El Cúcuta Deportivo es un equipo limitado.
En estos días un periódico local tituló ‘Cúcuta perdió con las botas puestas’. El problema es que el fútbol no se juega con botas sino con guayos. No entiendo cómo desde la cárcel, uno de los directivos del club sigue dando instrucciones. ¿Existe la ética? Él y toda la junta directiva desaprovechan e irrespetan una noble y fiel hinchada que llena el estadio cuando se arma un equipo bueno.
Esta semana, tras perder en casa, los hinchas no tuvieron ganas ni de mentarles la abuelita. Al contrario, aplaudieron al equipo; pues con una base de jugadores de la tierra (Uribe, Bustos, Del Castillo, Duarte, García, Lozano, Blanco, etcétera) al rojinegro se le reconoció jugar con mucho corazón, pero con poca cabeza.
Necesitaba desahogarme. Pido disculpas si mis comparaciones de los jugadores pueden afectar sus egos, pero es que no tienen el nivel que exige el torneo de un país que tiene la cuarta mejor selección del mundo. Padecer la salida de un estadio, humillado en casa 5 a 1, o perder en el último minuto, por más integralidad cristiana, me trae consecuencias al orgullo del toche (arrecho) que llevo dentro.
Si no hubiera sido testigo de milagros, sanaciones y promesas cumplidas del Señor, diría que estamos listos para el descenso. Si no existieran en Armenia y Neiva dirigentes parecidos a los de acá, que irrespetan y se lucran de los hinchas humildes y sinceros, pensaría que no había nada que hacer. A pesar de todo tengo fe, más por mi formación cristiana, que por la realidad de lo que veo hoy.
JUAN DAVID ARBOLEDA
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Foto: ALIRIO PARRA
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