CÚCUTA.- La lógica de Jacobo se cumplió, este 26 de agosto, en el estadio Santiago de las Atalayas, en Yopal (Casanare). “Cuando uno está de malas no puede estar de buenas”, lo dijo desprevenido de cualquier conocimiento filosófico y se ha convertido en una constante de la vida.
El uruguayo Damián Malrechauffe en el partido contra La Equidad sintió el efecto de esta sentencia. En una jugada se enredó, no tiró el balón a la línea lateral, el delantero visitante aprovechó el descuido, imprimió velocidad a sus zancadas, corrió hacia el arco de Luis Estacio y marcó el primer gol de la tarde.
Los asistentes a los sitios que aprovechan la señal de televisión para armar tribunas y obtener ganancias vieron en la pantalla chica que el Cúcuta Deportivo no jugaba mal. Del medio campo para arriba guapearon para igualar el marcador.
Patiño, Molina y Fígoli buscaron conexión con Hernández para darles a los aficionados la alegría que merecen por la fidelidad a la casaca rojinegra. Si no viajan hasta Yopal es por falta de oportunidades y de planes de las empresas de trasporte aéreo y terrestres, porque voluntad tienen.
En las improvisadas tribunas se escucha el lamento motilón por no estar en el estadio, por no alentar al equipo en vivo, por no acompañar a los jugadores en la brega por no descender, por aportar al sostenimiento del club con la compra de boletas.
Las camisetas, en modelos viejos, recientes o nuevos, lucen en las sillas y los hinchas las llevan con orgullo. Así le dicen al resto del país que la hinchada no ha desaparecido y que pasarán muchos años para que se pierda la pasión por el once fronterizo.
Cada jugada vista en el televisor de muchas pulgadas es celebrada con otro sorbo de cerveza. La fe está intacta. La siguiente bocanada es truncada por la jugada fortuita en la que se ve comprometido el charrúa Malrechauffe. No tuvo la culpa, solo estaba parado en el sitio equivocado. 2 – 0 a favor de la visita.
No hay maldiciones, ni responsabilidades. La comprensión es evidente. El uruguayo está de malas, no es su tarde, este partido debe olvidarlo cuanto antes para mostrar madurez futbolística. De los 22 protagonistas era al que no le favorecía la suerte. Estaba signado para que protagonizar al villano de esta película.
La reacción rojinegra no se hizo esperar. Los hinchas no habían ordenado la siguiente ronda cuando Henry Hernández se encargó de alegrarlos. Convirtió el sexto gol del torneo y el descuento, en el momento preciso. Las ilusiones crecieron.
Estaba escrito que Cúcuta Deportivo perdería el invicto, que le bajarían los humos de las presentaciones anteriores, que otro equipo de la capital de la república cobraría venganza por la humillación (4-0), días atrás, al campeón del fútbol profesional colombiano.
Así sea rival de patio y los rolos no los miren con buenos ojos, los aseguradores sacaron la cara por los equipos de Bogotá y golearon a los motilones. El cuarto gol llegó en el mejor momento de los dirigidos por Oscar Héctor Quintabani.
De nuevo un enredo en el área del portero Estacio y el balón llegó al fondo de la red. El 3 -1 era mucho para La Equidad que estuvo en Casanare en plan defensivo. Y era demasiado para los cucuteños que jugaron buen partido, pero tuvieron la suerte de espaldas.
Alguno de los jugadores, del cuerpo técnico o de los directivos no se persignó en la mañana o se levantó con el pie izquierdo y el grupo pagó ese descuido de principio de día. Son cábalas que se tienen y si no se cumplen las consecuencias se ven en la cancha.
Los aficionados regresaron a casa con la cabeza gacha. No estaban molestos, solo meditabundos. Por qué a un solo hombre que trajeron para que sea figura, ídolo y líder le ocurren momentos que llevan a la derrota. En eso gastaron los minutos siguientes al pitido final. No hubo celebración, ni otra ronda. La meditación se completó en casa.
El 29 de agosto, será a otro precio en Medellín contra Nacional.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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