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REPORTAJE. Trabajo infantil, fenómeno implacable

Juan Pablo inicia el día con una sencilla canasta plástica, llena de pastelitos de carne molida, un termo con agua de panela y un paquete de vasos desechables. Es uno de los muchos niños que en Villa del Rosario cumplen extensas jornadas de trabajo informal en las calles. “Todos los días me toca salir a buscar plata para llevar a la casa”, son las palabras del pequeño obrero. Además, no puede llegar al hogar sin dinero, porque los padres lo regañan por no cumplir con la obligación.

Humberto es el papá del pequeño. No tuvo formación académica ha sido obrero de construcción durante toda la vida y solo forma a los hijos enseñándoles a trabajar como lo enseñaron sus padres. “Es que hay que enseñarlos a trabajar como nos tocó a nosotros, para que sepan de dónde sale la papita”, así justifica el  motivo para obligar a Juan a trabajar día a día bajo el sol inclemente y ante al rechazo de muchos rosarienses, por no tener la oportunidad de vivir una infancia normal, ir al colegio y contar con amigos para jugar.

Este fenómeno se muestra implacable en el municipio, pese a los esfuerzos del gobierno local por otorgar becas de estudio y facilidades de pago en las instituciones educativas. Tal vez, falta mayor conciencia entre los adultos para no permitir que un niño labore en las calles, en detrimentos de la formación integral.

En el país, 1,7 millones de menores entre 5 y 17 años ejecutan actividades económicas o labores domésticas, obligados a contribuir con el sustento familiar. Cambiaron libros y juguetes por largas jornadas de trabajo. Siempre en campaña electoral los candidatos prometen más cupos en escuelas y colegios, pero en la realidad no disminuye la cifra de niños obreros.

En las escuelas de formación deportiva de fútbol los entrenadores manifiestan que en la comunidad hay niños con cualidades excepcionales para este deporte y se atreven a afirmar que podrían ser profesionales si se les diera la oportunidad de prepararse, pero la informalidad tiene como esclavos a muchos de estos talentosos que en lugar de estar en una cancha van por las calles como obreros.

La incultura no permite ver la gravedad del asunto y se disfraza la realidad con motivos absurdos. Juan Pablo quisiera jugar fútbol en una de las escuelas de formación de Villa del Rosario y tener amigos como los demás niños. “Los entrenadores me han dicho que soy buen jugador y que traiga a mi papá para que hablen, pero no lo hago porque sé que no me apoyará y se enojará”. Con este temor Juan deja pasar el sueño de ser futbolista, resignándose a trabajar para ayudar en la casa.

Algunos padres de familia expresan que deben tomarse medidas para combatir este fenómeno. Las palabras quedan en intenciones de cambio, porque al final de cuentas nadie se preocupa por ayudar a concientizar a los que piensan distinto, ni por crear instituciones que ayuden a los niños a formarse como debería ser.

El alcalde Carlos Julio Socha propone en el plan de acción la creación de escuelas deportivas gratuitas para los niños menos favorecidos, para que ocupen el tiempo libre en deporte y recreación. Los padres no creen que el deporte sea un medio para la formación de los hijos y son apáticos a estas iniciativas. Esos espacios son aprovechados por buena cantidad de niños, mientras en las calles labora una cifra preocupante.

Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares, Módulo Trabajo Infantil, publicó la información recolectada en el cuarto trimestre del 2012, sobre el seguimiento a los principales indicadores de trabajo infantil. De un total de  11’332.000 niños y jóvenes (de 5 a 17 años), 1’111.000 trabajan.

Están por todas partes. Venden artículos en los buses, limpian vidrios, hacen malabares en los semáforos, lustran zapatos en las esquinas, ayudan a recoger las cosechas, cuidan a los hermanos menores y se ocupan de las tareas del hogar. Y si bien una parte de la sociedad ha tomado conciencia del problema, a la hora de actuar queda superada por la impotencia de no saber qué hacer para devolverles la niñez a estos pequeños.

Si se mira el problema solo en Villa del Rosario, las cifras solo preocupan a los padres de este municipio.

Padres de familia ajenos al problema, directivos de instituciones deportivas y niños afectados concluyeron que se debe contribuir para cambiar la realidad y el futuro de los niños. El gobierno local debería sancionar a los padres que permitan u obliguen a los hijos a laborar. El compromiso debe darse por parte de las instituciones que tienen las herramientas para intervenir como el ICBF y comisarías de familia, entre otras.

En Villa del Rosario existen diversas fundaciones que cumplen con el trabajo social, deportivo y recreativo para niños y discapacitados. Por medio de jornadas culturales y programas de integración, estas entidades sin ánimo de lucro solicitan constante ayuda para masificar las intenciones, por medio de donaciones de las empresas privadas, públicas y de personas solidarias.

DOUGLAS IVÁN ZULUAGA

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona     

Campus de Villa del Rosario

Foto: senadorjorgeballesteros.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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