“Me dicen ‘El Cenizo’, pero no por el cabello”. La música siempre tiende a dejar un nombre artístico a quien la practica, unos lo reciben por sus características y otros por alguna eventualidad. Hay artistas empíricos o por vida ven lágrimas, risas, enojos y aventuras. Aunque no todo es de color rosa, sí ofrece un toque exquisito como para no cambiar esta profesión por ninguna otra.
En Cúcuta la cultura ha tenido puntos altos y bajos, circunstancia que ha obligado a quienes se desempeñan como músicos a cambiar su lugar de reunión o trabajo. El punto de referencia siempre ha sido el parque Santander, antes frente a la Catedral de San José; después, en la avenida sexta, donde aún se reúnen algunos de estos hombres que han vivido de la interpretación de canciones de cualquier ritmo.
Estos artistas, hoy por hoy, no se encuentran en la plaza central de la capital de Norte de Santander. Como en décadas anteriores, han tenido que rotar en busca de lugares estratégicos para conseguir el sustento diario. Ahora, el sitio de encuentro es la calle 9, refundidos entre los vendedores ambulantes. Ahí, se ayudan a vender el producto que tienen para ofrecer, la música.
Jairo Enrique, ‘El Cenizo’, “caldense de pura cepa”, ejerce esta profesión hace 35años. Es hombre de hogar y cuenta con una familia por la que hace todo. Proviene de La Dorada (Caldas). Lleva 8 años en el parque Santander, a donde llegó luego de desempeñarse en una orquesta de Bogotá. Debido a la situación económica y al aumento de trabajadores decidió pasar al género ranchero.
Los clientes quedan satisfechos por el servicio prestado y lo contratan una y otra vez. En un buen fin de semana, de viernes a domingo, toca entre 18 y 30 serenatas. En otras ocasiones, no hace ninguna. Todo depende de la temporada en la que se encuentre.
Otro partícipe y exponente es Álvaro Iván Rincón, de 66 años, 55 metido en esta profesión. Desde la infancia ha vivido entre instrumentos. Trabaja con la agrupación ‘El Mariachi Clásico’ y ha recorrido a Bolivia, Chile, Venezuela, Ecuador, Perú y Colombia.
Los músicos son conscientes de que las malas políticas regionales acabaron con la filarmónica. El Conservatorio, cuna de artistas en La Perla del Norte, dio paso a una de la sedes de la Universidad de Pamplona. “Los que gobiernan han llegado a acabar con esto. Alrededor de 60 profesores fueron pensionados con una miseria ($ 350.000)”. Después de eso, algunos se dedicaron a las bandas pelayeras y otros buscaron trabajo con la música mexicana. El departamento se ha desangrado en cuanto a artistas y tradición cultural pues ahora dan mayor interés e importancia a los que no pertenecen a la región, sin importar el precio que se deba pagar. Esto causa en los exponentes locales un vacío y un pequeño disgusto.
Para muchos delegados de la cultura nortesantandereana, debería ser vista de manera obligatoria, pues su valor, sacrificio y enseñanza ayudan a todos. “La música es una cuestión artística que debería ser evaluada en los colegios como la matemática. Si el estudiante no aprueba no debería pasar el año. Eso lo hay en Venezuela, aquí no. El joven que tiene iniciativa busca formación en la música de manera privada o pagando un profesor, de resto es difícil que los jóvenes se interesen por la música’’. Así se juzga la falta de empeño por parte del Gobierno para incentivar la cultura.
DANIEL CELIS
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: www.contraluzcucuta.co
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