CÚCUTA.- “Devolverle a la naturaleza un poco de lo que nos da, admirarla y respetarla es lo mínimo que podemos hacer por ella”. Esta es la filosofía de un pamplonés que adelanta una actividad de la que poco se conoce en Norte de Santander, el avistamiento de aves en su ambiente natural.
En la Avenida del Río, en el Parque Playa, cada domingo a las 7:00 de la mañana, los vecinos y las cámaras de seguridad registran el paso de un hombre con uniforme militar, acompañado de una joven y un perro. La vestimenta de inmediato inquieta a la comunidad que pide la participación de la policía en el lugar.
Al llegar, los uniformados encuentran a Jesús Ernesto Rangel, de 55 años, observador de aves y miembro de la Red Nacional de Observadores de Aves (RNOA); Evelyn, la hija menor, y Sammy, una perra beagle de 5 años. La certificación otorgada por la RNOA le da la libertad para llevar a cabo esta actividad lúdica, de esparcimiento, con ese vestuario. Los agentes ofrecen el servicio de acompañamiento por cuestiones de seguridad.
La idea de efectuar el avistamiento de aves llegó luego de un trabajo de aula de Evelyn, cuando cursaba séptimo grado, hace tres años. Para aquel entonces, tenía que visualizar una de las especies más comunes en Norte de Santander, el Icterus chrysater o toche como se lo conoce en el departamento. El gusto por encontrar nuevas especies quedó desde ese día.
Jesús Rangel trabajó más de 30 años como técnico electrónico en comunicaciones, es profesor de cátedra y enseña pedagogías electrónicas, labor que cada día se desvanece para que nazcan otras motivaciones como la artesanía. Ahora, una de sus pasiones es construir y reparar objetos.
Tiene otros dos hijos mayores y profesionales, pero Evelyn es su compañera en cada aventura y con quien nació esta idea de observar aves. Ella lleva la guía para reconocer las especies nuevas, registrar anotaciones y cumple una de las funciones más importantes en el avistamiento, la fotografía.
La fotografía es una de las pasiones que ha ganado Jesús con la función de observar. “La fotografía lleva el historial de las aves que se han visto, esto es como el handicap, como los kilómetros recorridos para un ciclista, las etapas ganadas, o para un escalador de montaña, los picos que ha alcanzado”.
La mayor parte de la vida ha estado en contacto con la naturaleza. Fue socorrista durante 15 años en la Cruz Roja de Norte de Santander y senderista del grupo de rescate. Hizo cursos de buceo, rapel y descenso en cuerda; practicó deportes de aventura.
El contacto con la naturaleza le ha dado el conocimiento que se requiere para cuidarla en todo sentido. Busca preservar el ambiente de las aves, por eso la observación es un trabajo que se hace principalmente en senderos vírgenes, que no hayan sido frecuentados por el hombre.
“Si queremos ver aves, pues vamos a su ambiente”. En Cúcuta se tiene el privilegio de contar con bosques secos, donde se registra un tipo de aves, y el río Pamplonita, donde habitan especies playeras, sobre todo garzas y andarríos.
La idea del avistamiento de aves nació de manera empírica. Utiliza binoculares, no necesariamente de alta gama, que sencillamente amplían la vista. Anexo viene la parafernalia o logística: cubrecabezas y ropa ligera y oscura para camuflarse entre la vegetación y no ser visto de manera fácil por las aves. Cuando la labor se volvió formal se adaptó a pantalones y camisas camufladas, buen morral, cantimplora metálica e instrumentos ópticos de largo alcance.
Entidades ecológicas departamentales, como la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor), han acudido a Jesús por su compromiso y por ser detallista con las actitudes de las aves, para identificar la presencia de especies nuevas y amenazadas en el departamento.
El compromiso va más allá de la admiración y el cuidado del ambiente de las aves. La instalación de comederos donde, junto con Evelyn, suministra plátanos maduros, guayabas, papayas y manzanas. Es una de las tareas con las que se compromete cada domingo. Otra tarea para la sostenibilidad es el vivero casero en el que cultiva guayabas para alimentarlas y hacer que se vean más aves y más especies para registrar.
“Esto se convierte en una filosofía de vida. A raíz de esto nacen otros intereses por cuidar la naturaleza, no utilizar envases plásticos, no utilizar pitillos, no usar cubiertos plásticos, reciclar. Cada elemento que se lleva a otro hábitat, tiene que devolverse. No puede dejarse nada en el ambiente”. Ese es el mensaje que se repite a diario.
Ha participado durante tres años en el ‘Bird Day’, evento en el que observadores de aves dialogan acerca del cuidado y registro de nuevas especies. Allí es fácil encontrar hombres y mujeres que tienen el registro de más de 500 especies de aves en el país. Esta es una de las motivaciones para padre e hija.
En las redes sociales han hecho amigos en el mundo, comparten experiencias y fotografías, admiran el trabajo que hacen en pro de esta actividad de observación de aves.
“Solo me faltan tres cosas por hacer, paracaidismo, rafting (descenso en rápidos) y un tatuaje. He conocido mucha gente, muchos lugares, he sido feliz”.
CAMILO CADAVID
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
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