Noticias llegadas desde Quito (Ecuador) informaron de las agotadoras jornadas de trabajo de los miembros de la mesa negociadora entre los delegados del presidente Juan Manuel Santos, por un lado, y los representantes del Ejército de Liberación Nacional (Eln), por el otro, con el fin de llegar a un acuerdo bilateral y temporal de cese al fuego y hostilidades, al que se llegó el 4 de septiembre y se concretó en acto protocolario llevado a cabo en la Cancillería Ecuatoriana. Estuvo presidido por la ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, los jefes de las delegaciones, el exministro Juan Camilo Restrepo y el Comandante del Eln, Pablo Beltrán.
El cese el fuego bilateral y temporal tendrá duración de tres meses largos, entre el primero de octubre y el 12 de enero de 2018, tiene como objetivo central y primordial mejorar la situación humanitaria de la población. Debemos reconocer que no hay una referencia explícita a la suspensión de hostilidades, pero en lo referido a “las medidas de alivio humanitario” la delegación del Eln se ha comprometido a suspender acciones tan dañinas y dolorosas como el secuestro, la voladura de oleoductos, los ataques a la infraestructura eléctrica, el reclutamiento en sus filas de menores de edad, la instalación de minas antipersonales, conocidas con el nombre de “minas quiebrapatas”, que tanto daño le han hecho a las indefensas y desprotegidas familias campesinas.
En relación con los procesos de verificación del cese el fuego se establece un mecanismo integrado por el Gobierno, el Eln, la ONU y la Iglesia Católica. Es importante destacar que, por primera, vez la Iglesia acepta asumir una tarea destacada en el proceso de “cesación del fuego” para disponer de toda la logística y la estructura social y humana, conformada por obispos y sacerdotes con responsabilidades y ascendencia en las comunidades a lo largo y ancho del territorio nacional, y así, ayudar a canalizar los profundos sentimientos de paz y convivencia ciudadana que hoy más que nunca, con la visita de Su Santidad el papa Francisco, ocupan el primer lugar de las sentidas aspiraciones ciudadanas.
Es hora de hacer un reconocimiento al destacado grupo de mujeres y hombres del Gobierno y del Eln que trabajan con verdadera dedicación y empeño, buscando hasta el cansancio los puntos vitales que ayuden a nuestra sociedad a superar las contradicciones sociales, políticas y militares que se dan entre la estructura del Estado y la concepción y los postulados del grupo guerrillero. “Mejorar la situación humanitaria de la población” como el punto nodal de la discusión, demuestra el profundo sentimiento de humanidad que los anima. La guerrilla, con la preocupación por el asesinato sistemático de líderes sociales que crece cada día en el país y la necesidad del reconocimiento de derechos humanos a los militantes guerrilleros que pagan condenas actualmente. Por el lado del Gobierno, es su interés humanitario terminar con los costos sociales, ecológicos y económicos que conllevan el secuestro, la voladura de los oleoductos, la instalación de minas antipersonal.
Ambas preocupaciones nos muestran a los colombianos que de algún modo vamos ganando en humanidad, alejándonos de esas actitudes guerreristas que por aceptación o indiferencia han sido posibles en la sociedad colombiana. Cada paso que se da en búsqueda de la paz, también lo damos en nuestro imaginario colectivo, posicionando en su interior anhelos y sentimientos compasivos de valoración por la solidaridad, el respeto y el reconocimiento del otro y de las comunidades con el derecho fundamental de vivir en armonía.
También, es necesario expresar el reconocimiento a la Misión de la ONU, al esfuerzo y al trabajo que cumplió en el pasado proceso de paz con las Farc-Ep, que con verdadera maestría ayudó a conducirlo hasta el final, para satisfacción de colombianos y extranjeros comprometidos y que soñamos y gozamos con la paz.
Recibimos a Su Santidad el papa Francisco – el Papa bueno y comprensivo – portador de un mensaje de reconciliación para el pueblo colombiano, quien ha convertido la visita en un estímulo central para perseverar y consolidar los esfuerzos de paz que avanzan en los distintos ámbitos de la sociedad colombiana. El Eln es uno de ellos, por eso decimos hoy más que nunca que se acerca a la paz.
ALONSO OJEDA AWAD
Vicepresidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos
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