1.-Cuando la propia vida nos advierte de la temporalidad y de la consecuente terminación del periplo que iniciamos al nacer, cuando nuestra madre pudo constatar directa y claramente la validez de este vocablo, es apenas natural que empecemos a comprender, valorar y proyectar la importancia del tiempo, del espacio y de los conocimientos que por medio de porciones mínimas y poco a poco, vamos recaudando en nuestro trascurrir humano.
Preciso estas palabras, porque cuando recibí la noticia del fallecimiento de Rafael Eduardo Ángel Mogollón – con quien había compartido diálogos de diferente naturaleza y alcance, hasta el punto de estimar que nos restaban pocos años de existencia – nunca imaginé que fuese tan inmediata y presencial, tan dura prueba, tal como la confirmé y experimenté al acompañar a familiares y amigos en los Jardines de Paz en Bogotá a la cremación de su envoltorio físico y reconocer que sus vivencias experimentarían ahora una nueva dimensión y a no dudarlo la alta y significativa valoración de su obra.
¿Por qué? Porque si hubo un académico, escritor e investigador bien calificado con el título y atributo de académico e historiador y respaldado internacionalmente por universidades, ese fue este pamplonés sencillo, estudioso y ansioso de escudriñar el pasado, su correlación con el presente y las perspectivas del futuro.
2.- Sin temores, y sin pretender esquivar cualquier concepto, este solitario caminante en archivos y bibliotecas llegó a ubicarse como el primero y más destacado informador de lo que fuimos, somos y pretendemos ser, en lo concerniente a la colombovenezolaneidad –por lo alusivo a la región zuliana binacional, como a todo lo ocurrió en cuatro centurias, en San Faustino de los Ríos –como sede gubernamental, ciudad y puerto fluvial – y a todo lo concerniente “al verdadero comienzo de nuestra historia cafetera, entre 1794 y 1850”, porque los iniciales aportes a la investigación solo se dedicaron a la parte centro occidental del Eje Cafetero sin tener en cuenta las fuentes primarias guardadas en los archivos de protocolos, de las poblaciones de los valles de Cúcuta, las de Salazar de las Palmas, las de las cuencas del Peralonso y Sardinata, las de la Labateca y Toledo y las de Durania “dejando casi de lado más de medio siglo a la parte nororiental de la antigua Provincia de Pamplona, primer territorio por donde fructificaron las primeras semillas que vinieron a convertir la tierra norteña, encabezada por Cúcuta, históricamente hablando, en la verdadera cuna genitora y pionera de las primeras siembras y exportaciones del grano de la rubiácea”. Y, esto, sin aludir a otros aportes.
3.- Ante la imposibilidad de llegar a las exequias de su padre -por hallarse distante en una faja petrolera de Canadá –donde trabajaba- y no obtener cupos para su traslado- su esposa y familiares me han solicitado sugerir al Alcalde de Cúcuta, que la condecoración ofrecida a Rafael Eduardo Ángel Mogollón, con ocasión de la culminación de su última obra, el acto se programe, para que sea su hijo el encargado de recibir estas congratulaciones y merecidos reconocimientos. Como fiel cumplidor de la tarea que se impuso y logró concretar, el tiempo demostrará la importancia y la trascendencia de su obra y de esta zona y región binacional, que investigó y confrontó para apoyar las alternativas y propuestas que ahora se insinúan para bien y desarrollo de Colombia y Venezuela, dentro del contexto integracionista de América Latina y de las enormes oportunidades, si trabajamos unidos.
JOSÉ NEIRA REY
Notas al margen
Foto: www.cucuta-nortedesantander.gov.co
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