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Esas pintas y corbatas se diluirán en el tiempo como puntos de colores que se olvidarán con los días. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

NECROLOGÍA. Adiós a ‘El Chinche Cucuteño’

Su nombre era César y su sueño, ser empresario musical para sacar de la miseria a muchos jóvenes colombianos que no encuentran una mano que los guíe, llevarlos y promoverlos en emisoras, clubes y tarimas en busca del minuto de fama. Hacer programas de televisión y radio con las voces y de allí al estrellato. Pero todo eso acabó, el 22 de junio,  cuando dos mujeres, según dicen los informes de la policía, lo estrangularon para robarlo y despojarlo de lo poco que poseía. Así fue el final   de ‘El Chinche Cucuteño’.

Para César Yesid Medina el parecido físico con Héctor Ulloa, el verdadero ‘Chinche’ de la televisión colombiana por allá en la década de los 80, lo llevó a ser conocido como ‘El Chinche Cucuteño’. Seguidor del Cúcuta Deportivo, al punto de ir a Ibagué, en el 2006, a verlo coronarse campeón de Colombia. “Esa alegría la vi y la viví”, decía con cierta melancolía.

Los inicios fueron en la droguería de los Assaf,  en los años 70, como mensajero de “Don Eduardo, ¡qué gran señor!”. De allí saldría, a  finales de esa década, para Bogotá en busca de un hermano, al que encontró. No hubo retorno a Cúcuta. La disipada vida lo llevó de situación en situación para terminar viviendo solo, y alejado de los hijos y de la familia. Allá encontró otra clase de gente con la que compartió. Carlos, ‘El Cerdito’ en los videos de Martín de Francisco; Jonhson, su amigo el fotógrafo, y muchos más con los que sufría sus días, pero en especial con los artistas a los que promovía los fines de semana en estaderos y discoteca de Bogotá.

César Yesid era generoso. En el pasado campeonato infantil de fútbol femenino disputado en la capital estuvo al pie de la ‘rojinegra’. A la selección no solo la acompañó, sino que le brindó el apoyo que una liga con muchos más recursos puede dar: agua, galletas, comida y almuerzos salieron de su bolsillo para esas niñas a las que les decía “mis paisanitas”.

Seguro, este año, o el otro, lo extrañarán en los torneos del Olaya, donde era conocido; en los cafés de la séptima, donde los ‘chinos’, lugar preferido para descrestar a los invitados; o en la bohemia con el fiscal para hablar de fútbol, de aquellas estrellas como Falcao, y revisar esas historias que lo apasionaban hasta el amanecer.

No haremos, entonces, las entrevistas que planteamos, no iremos a los viajes que ideamos, ni tendrá la vejez en ese barrio cucuteño que tanto quisiste mi querido ‘Chinche’. Más aun, esas pintas y corbatas se diluirán en el tiempo como puntos de colores que se olvidarán con los días.

Lo más triste es el vacío que habrá en las manos de los necesitados por esa ayuda que salía de tus también necesitadas manos. “Poco pero bendito”. O de aquel que espera tu solidaridad en días difíciles o las pequeñas compras para tus hijas, o del sueño de ser lo que ya no se podía ser.

Vaya oscuridad a la que te sometieron esas manos que acabaron con tu vida, en la plena esencia de un año en el que esperabas hacer con poco, mucho. Sí… se ha perdido un ser humano por la crueldad de esa gente que palpita crueldad en los barrios de esa ciudad en la que nunca te hundiste.

Pueda ser  que  algún día retornes a Cúcuta y deambules  por la quinta  con tus artistas y anécdotas,  con tus sueños y que veas jugar a tu equipo en el General Santander, así como lo viste en  Fusagasugá, y que Jonhson te  tome  esa foto  con los  jugadores  para “ufanarte”  en lo que se ama  en lo que  se  quiere,  en lo que  no se  pierde, en la esencia de ser cucuteño. Vaya lección que nos dejaste “Paisanito”.

JUAN RICARDO GÉLVEZ

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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