CÚCUTA.- Decenas de vendedores ambulantes de gasolina dejaron solos los puestos de trabajo y marcharon por las calles de Cúcuta para reclamar atención oficial. El recorrido llegó hasta el centro de la ciudad con la intención de hacerse oír en la Gobernación y la Alcaldía.
Hombres y mujeres llegaron de los barrios donde expenden el combustible que les llega de Venezuela de manera ilegal y expresaron las necesidades que afrontan a diario mientras surten a la mayoría de los vehículos que circulan por las vías cucuteñas.
“Necesitamos coordinar mesas de trabajo regionales y nacionales para que el Ministerio de Minas y Energía nos cumpla lo que anunció el anterior titular sobre el Plan de Reconversión Sociolaboral”, dijo Ramón Elí Támara, vocero de estos trabajadores informales.
Los pimpineros en Norte de Santander suman 6000, en el Área Metropolitana se cuentan 4000 y en Cúcuta hay 2000. De esa actividad se benefician, viven o dependen más de 30.000 nortesantandereanos.
La labor de surtido de gasolina a automotores y motocicletas la cumplen a pleno sol y agua, no tienen prestaciones sociales, ni derecho a la salud, menos a la pensión y a otros beneficios de los que gozan los trabajadores colombianos.
“Es lamentable. Estamos dispuestos a seguir movilizándonos y llegar al paro general en la frontera para que el Gobierno resuelva esta situación”, sentenció Támara y recordó que el alcalde Donamaris Ramírez les anunció dos lotes y el Ministerio los recursos para adelantar proyectos productivos que los saquen de las calles. Sin embargo, “solo han sido anuncios”.
¿Cuál es la situación de los pimperos y que los hizo marchar por las calles de Cúcuta?
Hay preocupación en el gremio, porque el Secretario de Gobierno Municipal anunció medidas de restricción para el trabajo de esta gente. Uno no entiende cómo en una frontera que se debate en la crisis, en una ciudad que ocupa el primer lugar de desempleo, con una informalidad de más del 80 por ciento, los gobernantes anuncian medidas para evitar que la gente trabaje. Hay que buscar el diálogo directo con el Gobierno para que concrete el Plan de Reconversión Sociolaboral anunciado. Esperamos la presencia de los ministros de Trabajo, Relaciones Exteriores y Minas y Energía para sentarnos y mirar cómo se inicia la construcción del Plan, para luego reubicar o qué hacer con los vendedores informales de gasolina.
¿Cómo sería el Plan de reconversión?
Hace un año, Sintragasolina y el Sena hicieron los estudios y detectaron 17 posibilidades para desarrollar proyectos de diversas actividades. Se requiere que el Gobierno, la Gobernación y la Alcaldía digan qué recursos van a destinar para hacer una gran bolsa y comenzar a concretar proyectos agroindustriales, de parque automotor y combustibles. Hay propuestas que permiten buscar soluciones para esta gente.
¿Cada pimpinero recibiría una cifra para trabajar?
La idea no es entregarles plata a los vendedores. Ese ha sido el error de Fundescat, de entregarles $ 4,0 millones, los reciben, los gastan y vuelven al puesto ambulante. La idea es elaborar proyectos y poner a la gente a trabajar en otra actividad. No entregarles dinero en efectivo, porque la experiencia es que no da resultados positivos.
¿De los 17 proyectos cuáles destacan?
Hay desde armar cooperativas, organizar una cadena de tiendas, buscar que el Gobierno apropie una finca para desarrollar planes productivos, mirar estaciones de servicio para que los pimpineros presten servicios a vehículos y motocicletas. Hay muchas iniciativas y el Sena ha ayudado en ese propósito.
¿De cuánto podría ser el plante para cada proyecto?
Creo que con $ 10 millones se puede elaborar un proyecto y crear una microempresa o una famiempresa, porque podría mirarse que a veces el papá, la mamá y el hijo venden gasolina en un mismo puesto.
¿Cómo es el día normal de un pimpinero?
El pimpinero trabaja de 5:00 de la mañana a 10:00 de la noche, en las zonas que pueden. Hay sectores complicados y a las 6:00 de la tarde recogen los elementos, porque si no son víctimas de atraco, robo, extorsión, que son otros elementos graves en la frontera. Es gente desplazada, humilde, acostumbrada a trabajar honradamente y que quiere a Colombia. El Gobierno debe corresponderle.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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