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La construcción del intercambiador se paralizará por unos días. La inversión va en $ 25.000 millones.

INTERCAMBIADOR DE ATALAYA. Un obra, diferentes miradas

Es martes. Cae la tarde en la Ciudadela Juan Atalaya, en Cúcuta. El  caminar distraído por las polvorientas calles del barrio Comuneros es alterado por  la voz de un niño. El pequeño está  admirado de ver cómo se mueve  una torre a un costado del parque de la Virgen. El transeúnte desprevenido levanta la mirada y observa, como el infante, el movimiento de la estructura metálica.

Causa curiosidad la discusión entre vecinos, porque los vehículos pesados y las busetas hace meses invaden las calles. No hay otra avenida ni otra ruta para movilizar a los pasajeros. En la vía principal, donde se movía la torre, se construye desde mayo (2015) el intercambiador. Uno de los hombres, disgustado, muestra al vecino  el andén de la casa destruido.

Ramón  Carreño está incómodo con el flujo vehicular por el barrio. “Tenemos un problema con los carros que pasan por aquí. Todo, por esa construcción del Gobierno. Me dañaron el andén y eso nadie me lo soluciona”. Otros pobladores también están molestos. Dicen que es algo que tendrán que soportar por años.

Las cabillas superan la altura de las láminas de zinc que encierran la construcción. La imagen hace que cualquiera que les tema  a las alturas sienta nervios y ni se  imagine formar parte de una obra tan grande. Por la parte de las canchas, situadas en Los Vientos, hay  una rendija entre las láminas  y los transeúntes se toman los segundos para chismear. Quieren  percatarse sobre cómo va la construcción.

Es  irónico que, a pesar de la magnitud de los trabajos, la mayoría  de los ciudadanos estén inconformes. Inconformidad que puede evidenciarse en los gestos de un par de jóvenes que tuvieron que dar la vuelta para tomar el bus que  los lleve a la próxima parada. Las amas de casa barren sin entusiasmo los porches de las viviendas. La cantidad de polvo que recogen es increíble.

El desconcierto crece entre dueños y administradores de almacenes y negocios aledaños a la obra. Meses atrás, protestaron contra la construcción del intercambiador vial en Atalaya. Para el Gobierno estas actitudes resultan inauditas, porque van contra el progreso de la ciudadela.

Esta obra tendrá una inversión de $ 37.500 millones, cifra alta para lograr el desarrollo en esta zona de estratos bajos.  Eugenio Fonseca es incrédulo y dijo que el dinero saldrá del bolsillo de los habitantes. “Esa platica la pagamos nosotros. Eso sale de nuestro bolsillo. Subirán los impuestos, póngale la firma”. Abogó por una construcción de menor costo.

Sandra Rivera habita en la avenida 5 del barrio Comuneros. Está cansada de los trancones que se forman frente a su casa y porque no puede llevar a los hijos a divertirse en la cancha de baloncesto. Detrás de las láminas de zinc se esconden los malandros. “Esas latas, ahora, son el refugio y el escondite de delincuentes y viciosos. No hay seguridad en este sector”.

En los últimos días surgieron trabas impensables cuando comenzó la construcción. La Aeronáutica Civil pidió a la Procuraduría detener la obra, que tiene como objetivo solucionar el problema de circulación vial. Para los expertos, el intercambiador no representa ni constituye peligro para la operación aérea del aeropuerto Camilo Daza.

En las últimas horas se determinó que la Gobernación de Norte de Santander acatará la solicitud de la Procuraduría y detendrá, temporalmente, la adecuación de los mástiles. Las dimensiones de esas torres las evaluará la Aerocivil y emitirá un concepto final.

Las bases del puente pueden hasta de 50 metros de altura, los del intercambiador de Atalaya miden 30 metros. De esos, cuatro son de anclaje y están enterrados, lo que disminuye cualquier riesgo. Quedan 26 metros libres en la altura.

No todos los habitantes están inconformes con la obra. Rosa Rivera, de blancos cabellos, está feliz. “Qué bueno que hagan eso en el barrio. El que quiere tirones aguanta marrones”, dijo entre risas.

Kelly Johana Amaya

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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