1.- Ante la trascendencia y magnitud de los hechos que confluyen sobre la zona fronteriza y se proyectan hacia sus pobladores cabe esperar que la reacción inteligente, consecuente y necesaria sea la convocatoria a la unión y la tarea analizada y concertada que propugne por el cambio y trasformación de actitudes y conductas hacia vivencias y hechos edificantes, productivos y de amplio beneficio general.
Sí, el momento socioeconómico y político que experimenta todo lo que define, determina o está inmerso en estas fajas territoriales, hoy ubicadas ante el dilema de una subsistencia deplorable o un porvenir más estable y seguro, exige la concurrencia y la participación de los verdaderos actores de lo que acontece para que se evalúen alternativas y opciones que lleguen al meollo o esencia para que se puedan precisar las acciones y pasos que permitan obrar con claridad y pleno entendimiento, sobre lo que se busca y debe apuntalarse.
Una simple y emocional algarabía sobre determinadas materias que incidan en los precios y demandas de productos no es la solución. Lo que se necesita, y con verdadero apremio, pero siempre obrando juiciosa y analíticamente, es la presencia real y efectiva de las ramas Ejecutiva y Legislativa, del poder público para que mediante normas, procedimientos y regulaciones, que a su vez den origen a mecanismos descentralizantes y a una mayor representatividad regional, puedan voceros y dirigentes de estas colindancias proceder, como lo exigen sus condiciones y características, o sea, hacia dentro y hacia afuera, por la bilateralidad y hasta mancomunidad que toda frontera en sus desarrollos estimula y conforma.
Olvidar esa doble visión sería tanto como conformar un muro divisorio y alegar la desaparición de intercambios, interrelaciones y lateralidades. Y seguir vendiendo al por menor, sin impulsar el desarrollo industrial y aprovechar las ventajas comparativas y de ubicación para gestiones regionales, nacionales e internacionales compartidas, mediante Parques Industriales y Tecnológicos, Zonas Francas, etcétera.
2- Porque la frontera es una zona territorial especial, que por su tipicidad y modus vivendi requiere de un tratamiento acorde con los actos y las acciones que diariamente se producen en el territorio, es apenas elemental y obvio que los estados deben tener en cuenta las circunstancias que las definen y proyectan, apoyando todo aquello que sirva y facilite los prospectos de entendimientos e integración que pregona y exalta la historia común. Y que dinamicen, proyecten y den función revitalizadora a su gente.
3.- Atender lo prioritario es aludir a la infraestructura básica vial y de servicios, así como a todo lo atinente con educación, salud, vivienda, capacitación, investigación, innovación, inversión y generación de empleos, porque por muchos años –quizá desde la Conquista y la Colonia –estas áreas de doble presencia no han sido atendidas, ni habilitadas, para esa gran misión, como es la conformación de empeños y prerrogativas conjuntas-más allá de los limites- y para el provecho y el favorecimiento de las naciones que conforman sus lineamientos y colindancias.
Sí, las fronteras tienen que recibir el justo y adecuado respaldo y apoyo que necesitan, como nudos articulares de unión e integración.
JOSÉ NEIRA REY
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