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El futuro para los jóvenes es incierto

Liliana Rocío Blanco tiene 23 años, estudia en la universidad y es de Valderrama.  María Andreína Gómez, tiene 16 años, va a clases al colegio y es de Miraflores. Las dos son de cabello rubio, ojos claros, piel blanca y reinas de su vereda. Ambas, son víctimas de la tragedia ocurrida el 17 de diciembre de 2010, en Gramalote. Por separado sufrieron el dolor de ver morir al municipio que les dio la vida.

Blanco y Gómez son ejemplo para los paisanos. No pelean porque el municipio se construya en predios de la tierra que representan en el reinado que reúne a las veredas gramaloteras. No tienen envidia la una por la otra, si se decide que el casco urbano quede en Pomarroso, perteneciente a Valderrama, o si se levanta en Miraflores.

Ambas desean volver a ver en pie las casas, el parque, el templo, las sedes del gobierno local y de la policía, el hospital, las tiendas, el colegio, la escuela y las demás edificaciones que conformaban al Gramalote de sus cuitas y que hoy son solo montones de ladrillos.

Liliana Rocío y María Andreína tienen un sueño, ver a hombres y mujeres, jóvenes y adultos, unidos por el rescate del pueblo y para hacer realidad el lema que hace dos años se lee en buses, automóviles, camisetas, vallas, afiches, pancartas, carteleras y cuanto espacio encuentran para gritar en silencio que ‘Gramalote vive’.

¿Dónde les gustaría que se levantara el municipio?

“Lo importante es que construyan el pueblo, que no quedemos aislados, y mantener la identidad cultural y religiosa”, respondió Liliana Blanco.

“Lo principal para la comunidad es que quedará cerca a la gente del campo”, dijo María Gómez al conocer la ubicación del nuevo casco urbano.

¿Qué pasará con la juventud?

“Los jóvenes tienen un futuro incierto. Hasta ahora se construirá el colegio. Los que salen para la universidad no tienen expectativa”, anotó Liliana Blanco.

“Hay que aprovechar las oportunidades que nos ofrecen. Olvidar lo ocurrido y continuar”, respondió María Gómez.

¿Dónde vivieron en estos dos últimos años?

“En Santiago y Cúcuta no se siente en la tierra”, dijo Liliana Blanco.

“Permanecí en Miraflores”, indicó María Gómez.

En el recuerdo de estas dos hijas de Gramalote se mantendrá la tristeza de aquel día cuando debieron huir del pueblo. Aún sienten nostalgia al repasar las imágenes del 17 de diciembre de 2010 y ver en la memoria cómo se desplomaban las casas para enterrar la vida de miles de gramaloteros.

(Nota publicada en la edición 12 del periódico El Faro)

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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