En la vigencia del 2011, el proceso de prefactibilidad, encabezado por el Ministerio de Vivienda, definió que el casco urbano de Gramalote, destruido el 17 de diciembre de 2010, quedaría en Pomarroso. Este año, el Fondo de Adaptación, completó las actividades técnicas, los exámenes y los estudios pendientes. De la mano con la Sociedad Colombiana de Geotecnia definieron el cambio de sitio y se inclinaron por Miraflores.
El área elegida este año fue deslegitimada en el 2011, porque ofrecía riesgos. Los nuevos estudios técnicos evidenciaron que no es así, que puede ser intervenida a menor costo y que puede haber mayores garantías de interconectarla con la zona rural. Ese viraje generó un proceso complejo para las administraciones municipal y departamental, consideradas como responsables de los cambios, y han despertado malestar entre la comunidad.
La alcaldesa Sonia Rodríguez asumió este año la tarea de sacar adelante el proyecto y ha puesto suficiente empeño para darles a sus paisanos el techo que perdieron aquel día aciago.
¿Cómo ha sido el recorrido del proceso para la construcción del Nuevo Gramalote?
Han sido dos años complejos, dos años largos para la gente de Gramalote, dos años de esperanzas, de incertidumbres, de desesperanzas, de sentir que las cosas no han salido del todo bien. Todo eso ha generado sinsabores entre la comunidad gramalotera y una percepción compleja frente a la administración municipal. Está definido que el sitio para el reasentamiento del casco urbano es Miraflores. Sin embargo, hay una comisión que juiciosamente ha estudiado los resultados del Fondo de Adaptación, que tiene algunas opiniones en contravía de los resultados que están a favor de Pomarroso por todo lo que se hizo el año pasado y porque ellos acompañaron el proceso el año pasado.
Monseñor Julio César Vidal llamó a la unidad ¿le gustó el mensaje del Obispo?
Lo vi pertinente, oportuno, necesario, urgente. Escuchar a la Iglesia, que ha sido juiciosa y aliada antes, durante y después de la tragedia, genera entre la comunidad la sensación que hay que pasar la página, que le demos la oportunidad al Gobierno que se explique.
La comunidad urbana tiene afecto por Pomarroso y la comunidad rural quiere a Miraflores, que siempre se leyó como pequeño, lejano, difícil de conectar con la región. La postura de Monseñor denota que hay que pensarse como un solo territorio. En buena hora se hizo el llamado a la unidad.
Mi misión es construir, de la mano con el Gobierno, el casco urbano para fortalecer el municipio. Gramalote no se puede perder como municipio. Norte de Santander no puede pasar de 40 a 39 municipios.
¿Además de la Iglesia han tenido respaldo de otras instituciones?
Sin duda, hay instituciones aliadas con Gramalote. En la celebración de los 155 años condecoramos con la medalla ‘Secundino Jácome’ a 10 instituciones que han sido invaluables en este asunto. La Iglesia ha sido una de las fuertes, porque respondió a una necesidad inmediata de vivienda y de acompañamiento de tipo social. Otros aliados han sido la Cruz Roja, el Sena, los ministerios de Salud y Educación, la Pastoral Social, la Defensa Civil, la Policía y el Ejército. La tragedia ha movido la capacidad de respuesta de las instituciones.
¿Cómo ha sido el apoyo de los demás alcaldes?
A partir de la tragedia de Gramalote sale una iniciativa de los alcaldes de consolidar la ‘Cumbre de Alcaldes’. La primera se reunió en Durania y la segunda, en gramalote. Ofrecieron maquinaria, equipos de trabajo, apoyo social y el cuidado que les dan a los gramaloteros que están en sus municipios. La tragedia ha traído profundo dolor, muchos muertos, pero ha despertado la capacidad de resurgir, de reencontrarse como comunidad, la capacidad de arraigarse en su identidad y no dejar morir a Gramalote. La tragedia ha despertado lo mejor y lo peor de los gramaloteros. Hay mucho qué sanar. El tema Pomarroso y Miraflores ha generado divisiones y dolores. Sé que para verdades, el tiempo.
¿En estos días cómo ha sido la comunicación con la población?
Es complejo. El nivel de dispersión es alto. Lo claro es que tenemos una zona rural que está viva. Tenemos 24 veredas vivas, y más de 3500 personas que están allá, luchando por la identidad y por mantenerse fuertes y productivos sin el casco urbano, sin un punto de encuentro para comerciar. Hemos diseñado la estrategia de las Mesas de Acuerdo Comunitario Ciudadano (Macc), en este espacio nos sentamos para analizar cada uno de los temas de Gramalote, para canalizar los problemas de las veredas y para poner entre todos para encontrar las alternativas de soluciones. En Bogotá se preguntan si valdría la pena priorizar a la población que está concentrada en otros municipios y la respuesta es por supuesto que vale la pena.
¿Qué tan lejos, qué tan cerca se está de volver a ver a Gramalote?
Más cerca que lejos. La parte más dura está cerrada. Termino la administración 2012 – 2015 dentro de Gramalote.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
(Entrevista publicada en la edición 12 del periódico El Faro)
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