CÚCUTA.- En el corazón del centro de Cúcuta, al caer la noche, las calles se convierten en una fiesta transexual entre el dinámico flujo de transporte colectivo. La pasarela de indigentes vive en el mundo de las drogas. En medio de ese temor aparecen unas peculiares mujeres, por decisión más no por naturaleza. Las calles 6 y 7 son las predilectas para su quehacer. La oscuridad de los bares es el diario vivir. El trago y los cigarros, la mejor manera de despejar la mente y acercarse a un carro lujoso, la mayor emoción.
Ese es el punto estratégico para esas mujeres. En los bares, donde se toman unos tragos para amenizar la noche, permanecen sentadas, afuera, con una cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra. Ahí esperan a los clientes, que saben dónde pueden encontrarlas.
Es un ambiente pesado para los ciudadanos del común. Mientras para ellas, es algo más que diversión. Gozan, la pasan rico, ganan buen dinero y lo gastan en ropa y accesorios. No tienen muchas obligaciones, no son responsables de hijos y menos de los padres. Esos que abandonaron a temprana edad.
El temor, el prejuicio y la discriminación han sido el yugo para estas mujeres que se osaron a trabajar en la calle. El señalamiento ha sido la cruz que han cargado por años al decidir cambiar de sexo. Las peleas familiares es lo que menos les han importado.
Cada una de las que viven en este crudo mundo sabe que es un espacio falso y doble moralista por lo que no son sus semejantes. Es difícil decidir cambiar de sexo cuando la madre naturaleza y la divina santidad así no lo han querido.
‘Estrella’ busca la manera de simular grandes pechos, esos que anhela operarse para hacerlos voluptuosos. ‘Sharick’ se inyecta hormonas para hacer crecer el busto y el cabello. ‘Estrella’ viste prendas que a simple vista son baratas. ‘Sharick’ disfruta sus ganancias comprando ropa cara. Un escote profundo y una seductora camisa son las mejores armas de estas mujeres.
Esconden el mayor secreto entre las piernas. Conocen todos los trucos para disimular algo que está, pero que quieren hacer pasar inadvertido. No es bueno que se noten los genitales en la ajustada ropa. Muchas veces, incluso, pueden pasar como mujeres naturales. La delicada forma de actuar y la vestimenta son propias de una hembra.
No tienen que rendirle pleitesía a nadie. La hora de llegada al punto de trabajo es libre. No cumplen itinerario y son responsables de sus ganancias. “Antes sólo lo hacía los fines de semana, pero ahora vengo todos los días”, dijo ‘Sharick’ mientras da un vistazo a un hombre.
“Los pollos no me gustan, los prefiero maduritos”. En eso coinciden ‘Sharick’ y ‘Estrella’. Los mejores clientes son los hombres de edad mayor. “Los pollitos son puro toque, toque y no pagan bien”. Para ellas el dinero es fundamental y un jovencito no puede pagar lo ideal.
En esta zona de Cúcuta están algunas peluquerías gais. Muchos años de antigüedad tienen estos salones de la avenida 3 con calles 7 y 7A. Las mujeres que trabajan en las calles no se llevan bien con aquellos que su trabajo es la estética. Muchas veces han tenido enfrentamientos por asuntos personales.
Al frente de las peluquerías está un hotel de trayectoria en la ciudad y lo que pocos saben es su especial sucursal. Al lado, queda el motel favorito de las mujeres a la hora de atender a los clientes.
El negocio no tiene nombre, sólo se identifica con la nomenclatura. La callejuela oscura inspira maldades y placer. Allí sólo pueden entrar homosexuales y el paso no se admite para parejas de sexo diferente.
Las noches pasan y los clientes cambian. Las residencias cercanas son las ideales para la cita placentera. No es usual que se suban a los carros. Lo ideal es concordar el encuentro y llegar por separado al lugar. De ahí en adelante todo es placer y diversión. Estas mujeres están dispuestas a todo.
NAILY ALEJANDRA LÓPEZ
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Archivo www.contraluzcucuta.co
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