Profundo alivio originó en los corazones de mujeres y hombres comprometidos en la reconciliación de los colombianos la abrumadora mayoría con la que la plenaria de la Cámara de Representantes aprobó el último debate del Acto Legislativo para la Paz, con un contundente y claro resultado: 93 votos a favor. En esta forma, el Congreso de la República aprobó en ocho debates y dos vueltas el mecanismo para implementar los Acuerdos de Paz con las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (Farc), logrados en los diálogos de La Habana, con el Gobierno.
Decimos que es una votación histórica por el alto contenido de esperanza que trae para la sociedad colombiana, envuelta en una guerra extraña, fratricida y sin razón, desde la mitad del siglo XX. Es extraña, porque los elementos que la originaron bien pudieron resolverse con métodos pacíficos y democráticos, como lo plantearon en los inicios de la confrontación armada dos sacerdotes emblemáticos de nuestra sociedad monseñor German Guzmán, autor del texto ‘La violencia en Colombia’, y el capellán y profesor de la Universidad Nacional, Camilo Torres Restrepo. Es fratricida, porque hundió en el barro del odio, la muerte y la destrucción a colombianos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo y protegidos por una misma institucionalidad. Es sin razón, porque todavía nadie ha podido explicar en forma coherente, cuál es la conformación de la psiquis colombiana que ha impedido que durante tantos años no hubiésemos sido capaces de superar nuestras diferencias políticas e ideológicas por medio de la razón y del respeto y hubiesen sido necesario todos los miles de muertos para encontrar por fin los caminos razonables que nos permitan trabajar juntos y crecer democráticamente. Fue algo muy extraño porque rebuscamos y encontramos más de cien razones para matarnos y muy pocas, poquísimas, para entendernos y respetarnos como hermanos.
Fue placentero ver a los partidos políticos comprometidos con la Paz, que son la mayoría, aprobar la noche del 1 de junio, en una forma tan clara y taxativa el proyecto de acto legislativo que impulsa los acuerdos logrados con tanta laboriosidad en La Habana (Cuba) y le brinda el primer impulso para garantizar su cumplimiento. Fue una jornada dinámica y pulseada en la que los representantes abrieron las compuertas y aprobaron los cinco artículos que componen la iniciativa, la cual debe pasar a conciliación de los textos aprobados en Senado y Cámara.
La sociedad colombiana agradecerá, y no me equivoco al decir que eternamente a los representantes que tuvieron el gesto patriótico y solidario de votar la aprobación al proyecto de acto legislativo que implementa los Acuerdos de Paz de La Habana. Serán recordados con respeto y cariño porque ayudaron a abrir las duras compuertas de la paz. Sus nombres serán recordados por décadas, lo mismo que hoy recordamos con reverencia y gratitud a todos los que hicieron posible la paz, después de la dolorosa Guerra de los Mil días. Y quienes votaron en contra de la paz, en una decisión inaudita, serán recordados como los esquizofrénicos de la guerra y del odio que no aceptan ni aceptarán las presentes y futuras generaciones.
Hay que reconocer los significativos esfuerzos del ministro del interior Juan Fernando Cristo, quien no ha ahorrado ningún minuto de su tiempo para impulsar y acompañar, en estos cruciales momentos, la firma definitiva de la paz. Mejor que ninguno sabe lo que está en juego para el país, que llegó el momento decisivo de poner sobre la mesa la carta en beneficio de las grandes reformas y transformaciones que reclaman los sectores campesinos, indígenas, afros en la construcción de esta nueva sociedad que toca insistentemente a las puertas, reclamando un lugar honorífico en la historia nacional.
El presidente Santos ha recibido un fuerte respaldo del Congreso de la Republica en sus compromisos por lograr la firma definitiva de los Acuerdos de Paz. Las bancadas de los partidos Liberal, Polo, Verde y la U han cerrado filas a su lado. Cambio Radical ha sido muy tibio en el respaldo al Presidente para la firma de la Paz, pero al menos aún se mantiene alejado discretamente de los del Centro Democrático, quienes han jurado tumbar a Santos de la Presidencia de la Republica. Sin embargo, la presencia enhiesta del senador Horacio Serpa al frente del liberalismo y en defensa certera de la paz, junto al senador Iván Cepeda, del Polo Democrático, son garantías indiscutibles de que el acuerdo final de paz llegará a puerto firme y seguro.
Que no se equivoquen los enemigos de la paz. La sociedad colombiana no perdonará que estando tan cerca la firma final de los acuerdos que ponen fin a la violencia y a la lucha armada, pretenda un partido político reaccionario, de derecha, como el del senador Uribe Vélez, instaurar nuevamente los días angustiosos de sangre, odio y fuego que tanto dolor, viudez, orfandad y muerte trajeron a la sufrida familia colombiana.
Quiero recordar las palabras del Presidente Santos cuando celebró la decisión del Congreso de la Republica: “Agradezco histórica aprobación de acto legislativo para la paz. Es el momento de decir ¡Que la guerra descanse en paz!
ALONSO OJEDA AWAD
Ex Embajador de Colombia en Europa
Foto: www.hechoencali.com
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