CÚCUTA.- La tarde era ideal para jugar fútbol; el rival se prestaba para augurar que sería un buen partido; el estadio aguardaba por los aficionados; el anfitrión tenía motivos para poner la mente en positivo; los hinchas querían ver un gran espectáculo; las porristas habían preparado la coreografía y los indios y los ñeros querían enfrentarse a grito limpio.
Cúcuta Deportivo venía de ganar en el torneo. Fue un debut que, a pesar del triunfo, no alcanzó a despertar interés entre los seguidores rojinegros. Todavía en la mente de los orgullosos espectadores está el resultado final del primer semestre. Casi todo estaba dado para llegar a la final, pero no fue así. Y esa imagen perdura en el colectivo motilón.
Aunque este partido correspondía a la Copa Dimayor y el adversario era el siempre encopetado Junior de Barranquilla, no fueron argumentos suficientes para que los cucuteños abandonaran los puestos de trabajo, como en ocasiones recientes, para atiborrar al General Santander.
A esos elementos se agrega otro aditamento. Los precios de la boletería. Sur y Norte $ 35.000, Oriental $ 48.000 y Occidental $ 75.000 es mucho billete cuando la fe se ha perdido. Fe en los directivos, fe en el equipo, fe en el futuro, fe en el presente, fe en las contrataciones. Sin fe no hay esperanza, predica el sacerdote en la homilía dominical.
Lo ocurrido en la cancha, este jueves, daba la razón a quienes se quedaron en casa, donde el vecino o en el negocio de la esquina para ver el encuentro por televisión, por señal paga o gorreada. Los tiburones tomaron las riendas del compromiso y no prestaron el balón a los locales. Vestidos de blanco con visos azules, raro uniforme para los barranquilleros, se apoderaron del campo de juego y transitaron de lado a lado sin oposición alguna.
Ese trámite se volvió intranscendente por cuanto no llegaron a los predios del argentino Mastrolía, cuidapalos rojinegro. En cambio, en un yerro de la defensa visitante, se produjo la primera alegría para los graderíos. Cabezazo de Olivera, autogol. 1 – 0.
En las tribunas no se sentía ese ambiente fiestero al que están acostumbrados los aficionados y que tanto preocupa a los rivales, porque a los 30 grados centígrados, se suman la algarabía, los hachepetazos y los gritos. Solo hasta cuando Agudelo, el capitán, aumentó la cuenta despertó el motilón que los presentes llevan dentro. 2 – 0.
Sin embargo, no hay felicidad que dure mucho. Fuentes marcó el descuento en un descuido de la defensa y el pesimismo afloró en el General. 2 – 1. El fútbol tiene sus caprichos y los letrados del balompié dicen que acerca de este deporte no hay nada escrito. Sesenta segundos bastaron para que Estupiñán alargara la cuenta e hiciera pensar que la goleada asomaba. 3 – 1.
Rojas le dio un respiro al desesperado ‘Bolillo’. Acortó la distancia en el marcador. 3 – 2. Así el tablero electrónico no sirva, los hinchas llevan las cuentas claritas. Los tiburones querían la paridad y buscaron llegar a predios motilones.
Lucas Ríos les bajó los humos. 4 – 2. Más sonrisas en los graderíos, abrazos, golpes de mano, saltos eufóricos y abrazos, porque estaban contentos. ¡Increíble! Un club de la B apabullaba a uno de los siempre llamados a alcanzar la estrella de la A.
Dice el refrán que tiburón viejo nada suave. Expone la aleta para causar temor y se mueve con parsimonia por el área grande. Carlos Bacca, el internacional, el goleador de la selección Colombia, el colombiano que jugó en Europa, el futbolista que despertó admiración al otro lago del mar, el hombre que le marcó goles a los mejores porteros del mundo, estaba en la cancha.
El 70 en la camiseta hacía las veces de la aleta. Infundía miedo. De repente una jugada en el área chica, un toque con estilo, de taconazo, y el balón a lo profundo de la portería. 4 – 3. ¿Querían espectáculo? Ahí se marcó una bonita anotación.
Hernán Darío Gómez no tenía genio para sonreír. Solo aguarda la vuelta, el 16 de agosto, a las 6:00 de la tarde, en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, para desquitarse y quitarle los bríos a Rubén Tanucci, el técnico rojinegro, quien este 27 de julio le ganó la partida y lo puso a pedir canoa ante los directivos barranquilleros.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo

