Conocer a personas como el doctor Guido Antonio Pérez Arévalo es algo excepcional, por esa persistencia que permanece en él, de enseñar y de trasmitir conocimiento. Es el caso de este nuevo libro de su autoría, que nos ofrece su trabajo sobre la historia de Chinácota como pueblo, que debemos leer para conocer sobre los hechos y procesos que nos dieron vida, sobre nuestras raíces, para ampliar la información necesaria y proyectar el futuro.
Hoy Chinácota debe estructurar su desarrollo con un trabajo de alto compromiso social, precisamente porque esta historia que nos cuenta Guido debe crear una conciencia colectiva de pertenencia a nuestra tierra.
En este libro encontrará el lector información muy interesante sobre los orígenes del área urbana y su expansión, y sobre los personajes que hicieron posible su crecimiento e influenciaron su desarrollo. Narra hechos que impactaron a Colombia y muestra la trayectoria de algunos de los hijos más ilustres de esta tierra, quienes han destacado en escenarios que trascienden sus fronteras, haciendo con ello un gran reconocimiento a sus valores humanos, fortaleza de los pueblos.
Nos cuenta anécdotas, como la del expresidente Ramón González Valencia, oriundo de Chitagá, quien fue concejal de Chinácota después de haber ocupado la más alta dignidad del Estado. Igualmente, narra acontecimientos y curiosidades históricas que nos mantienen atentos a su lectura.
Hoy siento, como ciudadano nacido en esta tierra, que han pasado casi cinco siglos de historia y que algo nos sigue haciendo falta, a pesar de que Chinácota ha crecido y desarrollado una comunidad que se acerca a la categoría de ciudad. Tenemos un territorio muy diverso, no obstante su pequeño tamaño, y disponemos de recursos humanos muy valiosos, lo que nos hace fuertes, si pensamos en las oportunidades que hoy nos ofrece el mundo, ese mundo globalizado que presenta grandes necesidades en todos los frentes, por esa desigual distribución de sus recursos en sus zonas geográficas, mostrando países que lo tienen todo y muchos, la mayoría, carentes de lo más básico, para satisfacer sus propias necesidades. Así que la valoración que debemos hacer como comunidad de lo que poseemos en nuestro territorio nos debe llevar a reflexionar y a reinventar los caminos que debemos transitar de aquí en adelante, para aprovechar las mejores oportunidades. De ahí la importancia de conocer nuestra propia historia, su narración ordenada y el relato de los acontecimientos que la hicieron posible, desde los primeros pobladores indígenas, su dominación por la conquista y la formación administrativa de las nuevas comunidades, llegando hasta la época moderna, la que hoy vivimos.
Los hijos de Chinácota, después de haber tenido en nuestras manos esta interesante obra, sobre el camino recorrido por siglos, debemos sentirnos llamados a trabajar más y mejor por nuestra patria chica, para comprender que ese vacío que se experimenta por algo que nos hace falta, lo que no hicimos en el pasado, nos convoque a emprender acciones reformadoras y renovadoras en lo público, en lo privado, en la organización como comunidad y en todas las actividades que son propias de un pueblo progresista. Por ello hoy es tan importante y necesaria la organización de grupos de estudio que posibiliten la formación de nuevos liderazgos, que jalonen y fortalezcan la relación Gobierno – Sector Privado – Comunidad, para reformular el camino a seguir.
La tarea aplicada y asumida por el historiador con la objetividad debida, para presentarnos los hechos con la máxima certeza, se sustenta en un trabajo serio de investigación de documentos, revisados con ojo crítico en instituciones como el Archivo General de la Nación, y en la consulta de abundante material bibliográfico, evaluado con la formalidad que caracteriza las disciplinas intelectuales del autor.
De todo esto y de mucho más trata este buen libro, que no pretende ser un tratado definitivo de la historia de Chinácota, pero cuya lectura y seguimiento tiene para nosotros un gran significado, como referente necesario para las nuevas generaciones chinacotenses y como tema de estudio regional que proyecta la historia de nuestra nación de manera útil.
Por último, debo resaltar el honor que el doctor Guido Pérez Arévalo nos hace a los hijos de Chinácota, al dedicar su valioso tiempo al análisis de nuestro acontecer histórico. Para él nuestra gratitud, y para su tierra, La Playa de Belén, que nos dio la oportunidad de tenerlo con nosotros, siempre comprometido en un alto aprecio por esta región de los Chitareros, concretándolo en el hermoso título: “Chinácota. Encuentros con la Historia”.
SEGUNDO ANTONIO GONZÁLEZ C.
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