CÚCUTA.- El maestro Eduardo Ramírez Villamizar (1922 – 2004) deleita la vista de amantes y neófitos del arte. Esculturas y pinturas hacen parte de exposiciones o están al aire libre. Cada mural llama la atención por sí solo, sin siquiera conocerse el nombre del autor.
Este hombre, nacido en Pamplona (Norte de Santander), paseó por el mundo sus creaciones artísticas y ganó los elogios que quiso, sin proponérselo. Se codeó con los grandes de la época, que dieron cuenta de lo grande que era quien los acompañaba.
A pesar de maravillar en Colombia o el extranjero con sus cuadros y figuras, en Cúcuta, capital de Norte de Santander, su obra Columna Flor está condenada a morir en el abandono. Está en una de las esquinas del Parque Lineal, espacio tomado por indigentes, migrantes y retornados sin hogar.
La pieza original data de 1980 y es de pequeño tamaño. La que muere en esta ciudad es alta y se levanta majestuosa para adornar una plaza que nació sin futuro. Está elaborada en hierro soldado y pintado de varios colores para ser llamativa y atractiva. Sin embargo, se pudre en la soledad.
- “En esta pieza sintetiza dos intereses primordiales en su carrera: por un lado, el pensamiento arquitectónico expresado en la construcción de una estructura firme y ascendente en materiales industriales; por otro lado, la observación de estructuras modulares presentes en elementos naturales —en este caso una flor—, cuyo atributo orgánico es reforzado por la aplicación de colores vivos”. https://www.museolatertulia.com/museo/coleccion/artista-eduardo-ramirez-villamizar-4/
Ahí, en ese lugar cucuteño, a escasas cuadras de los despachos del Gobernador y del Alcalde, se ha convertido en baño público. Hombres y mujeres tomaron la escultura como el sitio ideal para vaciar la vejiga o defecar, sin saber siquiera del daño que le causan a la cultura mundial. La ignorancia los lleva a cometer este acto y depositan sus porquerías al pie de una de las figuras que mejor debería cuidarse en la ciudad.
Los ojos apagados, por años, de los gobiernos regional y local son cómplices de este ‘crimen’ que se comete con la escultura. La indolencia oficial ha permitido este abuso y la ha condenado a este estado deplorable y miserable.
Desde las secretarías de Cultura Departamental y Municipal no se ha emprendido la acción de rescate para salvar la obra. En los escritorios de esas dependencias no aparece un documento que proyecte la reparación. Entre tanto, la memoria del maestro Ramírez Villamizar continúa embadurnándose con excrementos humanos.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo







