CÚCUTA.- Hace mucho tiempo Jorge Maldonado Vargas no visitaba el Palacio Municipal. En los últimos días lo hizo y rompió esa sana costumbre de no frecuentar los organismos locales y regionales. En esta ocasión llevaba una misión concreta para hablar con el alcalde César Rojas, alejada de toda pretensión política.
En 1986, fue nombrado Alcalde de Cúcuta; luego, aspiró por elección popular y no alcanzó el favor de los cucuteños en las urnas; ahora, se prepara para ser Gobernador, pero rotario de la Costa Atlántica, Santander y Norte de Santander. El sector privado lo absorbió y esa ha sido su zona de confort por largos años.
¿Siente nostalgia al volver a la Alcaldía?
Gratos recuerdos. Mire que la gente todavía me recuerda, empleados de esa época salen a saludarme y se siente hasta cierto punto satisfacción de que se tenga un recuerdo grato en el Palacio Municipal.
¿En los últimos 31 años qué ha ocurrido en la ciudad?
Mucho. La ciudad era pequeña, tenía unos 300.000 habitantes, el prepuesto del municipio llegaba a $ 7000 millones, la inversión era de $ 200 millones. Hoy, se maneja un presupuesto cercano a los $ 800.000 millones.
¿Cómo le parece la estructura del Palacio?
Arquitectónicamente, este es uno de los sitios emblemáticos de la ciudad. El presidente Virgilio Barco (1986 – 1990) siempre se interesó por construir el Centro Administrativo de Cúcuta y me opuse, porque no podía imaginar a la Alcaldía y la Gobernación fuera de los edificios donde han estado. Por eso no permitimos que en ese entonces se hiciera esa inversión. En cuanto a la infraestructura de la Alcaldía, ahora es muchísimo más grande, manejábamos pocas secretarías y pocos funcionarios. Hoy, esos aspectos son monstruosos.
Usted fue alcalde por decreto. ¿Le gusta la figura de la elección popular de alcaldes?
No. No me gusta, aunque podría ser democrático, pero infortunadamente el país está inundado de muchas situaciones negativas que no permiten llevar a las alcaldías y a las gobernaciones, con excepciones, a las figuras idóneas para ocupar esos cargos. El hecho de ser nombrado por decreto, siempre se buscaba a la persona más capaz y preparada, o que sobresalía en la ciudad para la Gobernación y la Alcaldía.
Usted fue candidato por elección popular y no ganó ¿por qué perdió?
Fue una experiencia de mi vida que la dejo como eso, como una experiencia. Ojalá esa situación no se repita. Son situaciones de la vida y que muchas veces se deben asumir como tales.
Han pasado muchos alcaldes por elección popular ¿para usted cuál fue el mejor para la ciudad?
Sigo sosteniendo que me gustó la alcaldía de Enrique Cuadros (1992-1994). Fue un hombre con visión, reconocido en la ciudad, con trayectoria como profesional, como miembro de la sociedad cucuteña, como empresario. Tengo un grato recuerdo de Enrique Cuadros.
¿Por qué en Cúcuta, casi siempre, se impusieron los candidatos populares a los oficiales?
Hay muchas circunstancias, que no es el caso mencionar ahora, pero que son vox populi. Los recursos, por ejemplo, no es fácil para alguien común, con trayectoria limpia e interesante, invertir una cantidad de plata en la búsqueda de la alcaldía de Cúcuta.
¿Cuál obra le quedó por hacer?
Hablemos primero de lo que me llena. Inicié los anillos viales, que me parece han trascendido en la ciudad. Infortunadamente, 31 años después, no se han terminado y están en la última etapa. Por hacer me quedó y que lo tuve a un cacho para conseguirlo, la pavimentación de la ciudad. Días antes de renunciar había conseguido un préstamo por $ 700 millones y había firmado un convenio para el aporte de maquinaria y mano de obra. Posteriormente, llegó la alcaldesa Margarita Silva (1988-1990) y los utilizó en algunas zonas, pero no para lo específico que era y no se utilizaron como era. Eso llevó a que la ciudad esté necesitando la pavimentación de muchas vías.
¿Le gusta cómo está la ciudad?
Sí, ha progresado en algunos aspectos, pero en otros no. Ha sido una ciudad olvidada por el Gobierno, acá han venido todos los presidentes a prometer y la inversión nacional no se ve por ninguna parte.
¿Por cuál obra lo recuerdan los cucuteños?
Creo que, básicamente tienen un concepto que me llena. Que es la honestidad de Jorge Maldonado Vargas. Eso para mí es un ejemplo de lo que uno debe ser en la vida. Mire que Jorge Maldonado ha sido el único alcalde en los últimos años que nunca tuvo investigaciones de la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría, ni en ninguna entidad de control. Nadie pasó un escrito denunciándome. Eso para mí es supremamente importante, porque en estos momentos tan trajinados en los que la politiquería está en la boca de todo el mundo, es tal vez lo que más se cuestiona, la irresponsabilidad de los mandatarios y la corrupción.
¿Qué obra cree que le falta a Cúcuta?
Siempre he dicho, le falta planeación. La ciudad requiere, urgentemente, de planeación. No digo de la oficina de Planeación, sino de alguien que planee la ciudad. Inclusive, con Orlando Joves (secretario de Planeación), hemos hablado sobre el particular y lo está haciendo bien, pero no se trata de ideas, sino de planear. La ciudad se tiene que planear a 30 años. Tiene que haber alguien dedicado únicamente a eso.
¿Quién sería un buen alcalde para Cúcuta?
Lo he dicho hace mucho tiempo, pero nos hemos encontrado con muchos tropiezos. Manuel Guillermo Cabrera sería un extraordinario alcalde.
¿El sector privado es su zona de confort?
Sí, aunque estoy en plan de retiro. Mi hijo mayor ha asumido las responsabilidades de los negocios pequeños que tenemos en la familia. Estoy dedicado básicamente a hacer rotarismo. Voy a ser el próximo gobernador rotario, estoy en la preparación, voy a manejar media Colombia, la Costa Atlántica, Santander y Norte de Santander. Eso me llena porque es una labor social interesante y podremos servir a la comunidad de muchas maneras.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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