Ahí, en la entrada principal de San Antero (Córdoba), está ‘El Pibe’. La ensortijada cabellera dorada destaca entre los pocos acompañantes y la camiseta amarilla de la selección Colombia, con el 10 en el lomo, lo hace imperdible. Permanece de pie, con la mirada puesta en cualquier rincón del municipio y la sonrisa amplia, amable, que deja ver la dentadura fuerte y desgastada.
La llegada de extraños no lo inmuta, por el contrario, sabe que es otra de las estrellas de la temporada 2017. Al comienzo se muestra tímido, pareciera que dijera con la mayor de las calmas la frase que lo inmortalizó. ‘Todo bien, todo bien’ es lo que repiten sin cesar los colombianos cuando quieren referirse a cualquier situación que no ocasione inconvenientes.
Corre la Semana Santa y la tradición reza que en 1925, en San Antero, comenzó a celebrarse el Paseo de Judas. El Sábado Santo, los habitantes viven el carnaval y lo preparan con desfiles, carrozas y reinado. Cuenta la historia que al corregidor Remigio Maza, hace 92 años, se le ocurrió la idea de pasear en burro a un hombre vestido de Judas.
‘El Pibe’ permanece en silencio. Está atento a los relatos y por la cabeza pasan las imágenes de los antepasados disfrazados. No mueve ninguna de las patas, las orejas se paran para escuchar cada detalle de la narración. De vez en cuando sonríe, aunque obligado por los visitantes que desean adivinarle la edad, como hacen con los primos caballares.
A mediados de la tercera década del siglo 20, en las esquinas se leían las sanciones contra quienes tuvieran conductas indecorosas, borrachos, padres irresponsables, belicosos, deudores y chismosas. El momento se aprovechaba para llamar la atención en torno a la conservación de la moral y las buenas costumbres en el pueblo.
‘El 10’ está tranquilo. Las remembranzas le agradan más que tomarse fotos con los cachacos desteñidos que buscan el recuerdo de unas vacaciones impensadas. Dos niños lo acompañan y hablan por ‘El Pibe’. Los pequeños conocen al personaje que cuidan y para alimentarlo reciben monedas o billetes que los curiosos llegados del interior del país entregan regocijados.
En 1987, el Paseo de Judas sufrió modificaciones. La principal, la organización del Festival del Burro. Es un homenaje a ese animal que comparte la vida diaria de los humanos mientras carga agua y leña, y como medio de transporte para ir a las fincas a trabajar.
A ‘El Pibe’ pareciera gustarle este papel de famoso. Deja que los asombrados turistas acaricien la melena postiza, le rasquen la frente y le den palmaditas en la panza. Es el ritual para familiarizarse, para dejarse tirar los labios y mostrar las muelas. Así, justifica los dos mil pesos que se pagan a los cuidanderos.
San Antero, este año, completó 30 años del Festival. Los residentes, en casa, preparan la vestimenta, los zancos y los carros folclóricos. El ambiente es de fiesta, y en motos y vehículos van raudos para no llegar tarde al desfile. El veredicto final está por conocerse y coronará al rey de la vigésima tercera edición.
Los compadres de ‘El Pibe’ también están listos. ‘El Trompo’, ‘El Yo-Yo’, ‘Donald Trump’, ‘La Niña Emilia’, ‘Martín Elías’, ‘Odebrecht’, ‘Otto Bula’ y ‘Nicolás Maduro’ hicieron parte de los ocupantes del ‘Burro Móvil’, que prepararon para cuando Francisco visite a Colombia. Como en todo concurso hay un ganador, el primer premio recayó en el ‘Burro móvil’. Los demás participantes anunciaron demandar al jurado, porque estiman que hubo rosca y quienes dieron el veredicto quieren ganar indulgencias con palanca ajena.
Al capitán de la selección nacional de fútbol no lo corroe la cobarde envidia. Permanece impávido, a la espera del inicio de la siguiente semana para regresar a la cotidianidad y trabajar como burro. La despedida fue más normal de lo esperado, no hubo lágrimas humanas ni rebuznos asnales. Fue tan solo ‘un tú a tú’ en la entrada principal de San Antero (Córdoba).
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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