Cuando nuestras autoridades, cansadas de las promesas incumplidas, según ellos, del señor José Augusto Cadena y los resultados frente al Cúcuta Deportivo, decidieron ‘desterrar’ la institución de la ciudad muchas voces se levantaron aprobando y pocas se mostraron en reserva frente a la decisión tomada. Otra vez el Cúcuta fuera de la ciudad; otra vez al destierro. Cuando no fueron las obras del estadio fueron los malos resultados y el tejemaneje de los directivos, y es que los nortesantandereanos aún no hemos digerido la premisa bajo la cual ahora se maneja el futbol en Colombia, la que el mismo Cadena nos advirtió: “El futbol es un negocio”.
Así pues, en el fútbol se compra y se vende, y si no queremos que ese señor continúe al frente de la institución roja y negra hay que comprarle el negocio, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿la Gobernación o la Alcaldía? Vaya tiempos aquellos, cuando la institución perteneció a los hijos de la ciudad, los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por los desaciertos de Cadena. ¿Quien le vendió el ‘negocio’ a Cadena? Quienes fueron los que cuando pudimos haber construido una verdadero club, como Cali o Nacional, y ser ellos los dueños, prefirieron llevarse cada uno su pedazo del ‘negocio’ y acabar con la institución. Sustrayéndose las taquillas ¿recuerdan la noche de Cúcuta – Boca, o sonsacarse los traspasos de los jugadores?
Cuando se escriba la historia reciente de nuestro Cúcuta Deportivo se verá cómo los nuestros fueron los primeros en acabar con lo que hoy reclaman. Ellos fueron tan culpables de los desaciertos como lo es hoy Cadena, pues en el fútbol, como en todas las cosas, no hay acción sin reacción.
En su defensa, el dirigente caído en desgracia dijo a la periodista Andrea Guerrero: “Yo contrato jugadores, armo el equipo, pero no marco, ni dejo de marcar goles”. Y cierto es. Cadena no juega. No hace mucho aquí en Cúcuta lo pasearon en el carro de Bomberos, lo condecoró la ciudad, lo exaltó la Gobernación y años después lo sacan a patadas. ¡No! Lo que sucede es que el Cúcuta Deportivo, además de ser un negocio, es un sentimiento que mueve masas y se debe hacer valer en la gloria como en el infortunio para que la ‘amada roja y negra’, como dice el legendario Rodrigo Vázquez, sepa que tiene dolientes. Si el triunfo llega como en el 2006, todos estamos a una, allí, celebrando, y si el infortunio regresa como en el 2015, todos, también, reaccionamos en la derrota como en el triunfo, pues el equipo es más pasión que razón.
Podríamos decir que nuestros dirigentes valoraron prematuramente el problema y tomaron una decisión apresurada y de paso pusieron a Cadena ante la Dimayor como víctima, como un perseguido de unos dirigentes que, según Bogotá, no entienden ni saben nada de fútbol. Porque el fútbol es negocio y antes de hablar de goles, jugadas o talento, se debe hablar de billetes. Sin ellos nada se logra, nada se mueve.
Ahora, son varias las preguntas que saltan al vacio. ¿Qué destino le depara? ¿Será que lo venden a otra plaza? ¿Qué se puede hacer para recuperarlo luego de desterrarlo? Son tantas y variadas preguntas que hay sin respuesta que podríamos suponer que son las mismas que debieron haberse hecho nuestros dirigentes antes de sacar al equipo de la ciudad. Pues no quedó claro si el desterrado era el Cúcuta Deportivo o Cadena. Si fue lo último, el quipo debería permanecer en la ciudad, y si fueron los dos, se debió haber comprado y luego desterrar al dirigente.
Mejor dicho, con esa acción lo que se ratificó es que Cadena es el dueño de la institución y que nada podemos hacer mientras no se compre. Existe un adagio que reza: ‘Al enemigo es mejor tenerlo cerca que lejos’, y si se iba a rotular a Cadena como nuestro ‘enemigo’ lo mejor hubiera sido tenerlo a la mano, pues en la distancia hábilmente se ha victimizado, mientras que los hinchas marchan a la Alcaldía pidiendo que el Cúcuta Deportivo retorne. Quieren verlo en el General Santander con sus muchas derrotas y escasos triunfos. Es pasión y orgullo. Mucho más allá de que lo utilicen para la política, para el negocio, para la trampa. Si hay algo claro es que está anclado en el corazón de los cucuteños y que estos lo seguirán a donde vaya. Por qué desterrado si todo es una razón de vida, un motor que mueve, un sentimiento que nunca se apaga, como una llama que en la distancia, antes que extinguirse, crece, se levanta y se mantiene.
JUAN RICARDO GÉLVEZ
Foto: PRENSA CÚCUTA DEPORTIVO
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