La curiosidad, más que el deseo por mejorar la calidad de vida, impulsó a Yair Ortiz Pérez a dejar el barrio Aeropuerto, en Cúcuta, y viajar a Panamá. Esa inquietud por conocer nueva gente y tener nuevas emociones la sintió hace tres años. Ahora, “sigo con el mismo deseo de volver”, porque extraña a la familia, a los grandes amigos, el ambiente en el estadio y las mentadas de madre al árbitro.
A este músico, de 31 años, no se le hizo difícil adaptarse a la comida panameña y agradece a Dios no haber tenido tantos problemas al sentarse a la mesa para disfrutar las delicias preparadas por los canaleros. “Me adapté con facilidad sin dejar de extrañar la comida de la tierra”. Los pocos cucuteños con los que ha tropezado mantienen el mismo amor por la capital de Norte de Santander y guardan el recuerdo como el primer día que salieron por diversas circunstancias.
En el momento de hacer comparaciones encuentra muchas diferencias bien marcadas, aunque depende del lugar a donde vaya. Las edificaciones alargadas lo impresionaron de entrada. Luego, le causó impresión el trato de la gente, diferente al de los cucuteños. Allá no se siente ese calor humano que caracteriza a los parientes de los motilones, ni la capacidad de servir y ayudar a los demás.
Yair llegó en un periodo de desarrollo para Ciudad de Panamá. En tres años vio cómo construían el metro, en el que el pasaje es subsidiado por el Gobierno y solo cuesta $ 600. “Es de admirar que haya mejor manejo de los recursos públicos”, para hacer un parangón con la manera de administrar el erario en Cúcuta.
De lo que sí está seguro, al observar y poner en la balanza a las dos ciudades, es de que la gente de Cúcuta tiene la capacidad para salir adelante, independientemente de la situación que vivan. “Para los cucuteños todo se puede”.
Muchos momentos difíciles ha soportado durante la estadía en el exterior. Llegar a un lugar desconocido le resultó complicado. “La soledad es extremadamente deprimente. Me apresuré en la decisión de salir” de la casa. Luego de esta experiencia está consciente de que cualquiera con empuje puede seguir adelante en otro país. Aunque recomienda que primero deben evaluarse las oportunidades reales que se tienen para establecerse en el lugar escogido.
Entre los instantes felices vividos escogió como el mejor de todos, el día en que volvió a ver a su mujer, a la que llama como buen cucuteño ‘La Patrona’. “Fue muy hermoso”. No deja de sentir ganas de regresar al barrio Aeropuerto, aun cuando esté en una mejor situación económica que la que tenía, porque como Colombia no hay nada comparable, a pesar de que la imagen que guardan los panameños no es la deseada.
Tienen como referencia a esa persona que “se encargó de dañar la imagen de los colombianos en el mundo. En el exterior, lastimosamente, se cree que todos somos malos”. Para pasar esos tragos amargos que le provocan las evocaciones de aquella época funesta para el país, permanece al tanto de lo que ocurre en Cúcuta, mira las redes sociales y visita la página del periódico local. “Es fácil enterarse. Estoy muy pendiente de lo que pasa”.
Otra táctica que emplea para contrarrestar esas evocaciones tristes es que siempre habla de El Malecón, el río Pamplonita, las avenidas Cero y Los Libertadores. Así trasmite el calor que se llevó de esta capital y pone en alto los colores rojo y negro. Para identificarse como cucuteño carga el escudo del Cúcuta Deportivo, porque es hincha furibundo del once motilón.
Sin temor a equivocarse, considera que el día que ha sentido mayor emoción al pensar en Cúcuta fue cuando el equipo volvió a la A. “Me alegré tanto por el que guarda las correas, por el que vende el agua, por el que vende la cerveza. Cúcuta es feliz con el equipo en la A”. A pesar de esas imágenes que se repiten a diario en la mente, Yair no sabe cuándo volverá a casa. “Cuando se sale de una ciudad es difícil regresar. Uno se adapta al nuevo sitio. Solo Dios sabe cuándo volveré”.
El fin de año vino de visita y vio diferente a la ciudad. La mirada masculina le alcanzó para echarle un piropo. “La vi más hermosa. Ojalá siempre sea así”. Aunque cree que allá los gobernantes tienen mayor efectividad a la hora de emprender trabajos en favor de la comunidad que los de acá. “Las obras son un poco más efectivas, más visibles”.
La condición de cantante le despierta una sensación agradable al escuchar alguna canción colombiana. La música tiene la capacidad de trasportarlo en el tiempo y las canciones evocan rostros de familiares y amigos. “Escucho mucha música. En mi caso un televisor es mala inversión”. Eso lo hace a diario, cuando no está conectado con los familiares cucuteños. No tiene diferencia con el horario, porque los dos países manejan el mismo meridiano. “El clima también es igual, por lo que no he tenido problemas con eso”.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: ÁLBUM PERSONAL
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