El periodista Renson Said ha logrado con su columna Vía Libre meterse con todos los poderes locales y desafiar las amenazas. ¿Por qué no se rinde? Es difícil concentrar a Renson Said Sepúlveda Vergara para una entrevista. Sus ojos inquietos están pendientes del entorno y se distrae como un niño con el paso de las muchachas que transitan bajo un sol inclemente por la avenida 0 con calle 12 en Cúcuta.
La tarde es sofocante y hemos buscado un bar al aire libre para refrescarnos con unas cervezas. Renson orienta su atención hacia una chica que viste un jean con estampados y avanza con sensualidad sobre unos tacones altos y azules. Asume su papel de galán callejero y le lanza su frase de combate: “adiós bella”. Ella no atiende el piropo y acelera el escrupuloso y vibrante taconeo de sus pasos sobre la acera.
Un poco desilusionado, Renson retoma la conversación y saborea un trago de cerveza. Para sus amigos, sus flirteos en la calle, se han vuelto tan legendarios y directos como su columna periodística Vía Libre, publicada cada semana en las páginas editoriales de La Opinión en Cúcuta.
Sólo que a diferencia de las inofensivas galanterías callejeras de Renson Said, sus críticas periodísticas derriban sin piedad reputaciones públicas, pulverizan argumentos, desmitifican gobiernos y atacan con ferocidad a la arrogante e indolente colmena de políticos de la región y del país. “Es un ser humano locuaz y hermoso, aunque por momentos el alcohol exacerba su ya notoria hiperactividad. Somos amigos porque él se enamoró de mi hermana hace muchos años. Mi hermana no le paró bolas pero yo sí, desde entonces lo leo sin falta todos los viernes. Nos vemos esporádicamente y para mí siempre es una fiesta”, señala su entrañable amigo y escritor cucuteño Iván Gallo.
Al calor de la tarde se suma el sonido trepidante del rap que sale de una imponente y espaciosa camioneta Cherokee que circula lenta y de manera pretenciosa sobre la agitada Avenida 0.
Esta vez Renson Said mira de reojo y observa con desconfianza a los pasajeros de la camioneta. Se tranquiliza e intenta explicarme que del otro lado de la acera de la opinión cucuteña, sus columnas no inspiran propiamente cortejos por parte de sus adversarios.
Ello ha provocado que muchas de sus denuncias, hechas en su estilo irreverente, desenfadado y provocador de cucuteño nacido en el popular y bullicioso barrio San José, en el seno de una familia de orígenes guajiros y santandereanos, se conviertan en un bombardeo de amenazas y señalamientos por parte de personas anónimas o conocidas que lo catalogan no como un periodista rebelde, sino como un enemigo que debe eliminarse.
“Escribir columnas en Colombia es un riesgo. Hace unos años escribí una columna dando mi opinión sobre un trabajo poético y recibí como respuesta una demanda millonaria por injuria. Cuando opino sobre política recibo amenazas e intimidaciones. Cuando no escribo me preguntan que si me acobardé. En Colombia han asesinado a muchos periodistas por hacer pública una opinión y creo que por respeto a la memoria de esos colegas hay que seguir dando más opiniones”, sostiene Renson
Al escucharlo, corroboró el apetito insaciable de Renson Said por las palabras y lo imposible que resultaría también para sus adversarios no sólo de apaciguar el impulso de publicar sus columnas radicales e incisivas, sino también de aniquilar el coraje que pone en su oficio solitario de denunciar los males endémicos de Cúcuta, una ciudad en donde el crimen y la impunidad funcionan como una fortaleza inviolable.
“Es un milagro que esté vivo. Por menos han matado a muchos periodistas en el país. Ojalá pudiéramos tener su valentía y su arrojo. Nadie ha denunciado lo que él se ha atrevido. Es el único que ha dicho la verdad en esta ciudad y es una vergüenza que todavía no se haya publicado un libro con lo mejor de sus columnas”, puntualiza Iván Gallo.
Sin lugar a dudas, las columnas diversas y rebeldes de Renson Said han dejado una huella perdurable, para bien o para mal, en los lectores cucuteños. Pero de acuerdo con sus amigos, en el anzuelo de su estilo cautivante y de sus palabras ásperas, se esconde también la alegría y la desazón de leerlo al mismo tiempo. “Los amigos de Renson mantenemos una permanente contradicción: aplaudimos y estimulamos la denuncia que él hace en sus columnas sobre la corrupción y la degradación de las costumbres y los valores de nuestra sociedad, pero nos preocupa su integridad física, por la actitud intolerante de sus contradictores, que carentes de argumentos para refutarlo, preferirían silenciarlo”, sostiene Adip Numa Hernández, arquitecto y columnista.
Pero como en Cúcuta abundan los intolerantes, el mismo Renson Said ha tenido que salir a defenderse a puño limpio en sus columnas semanales ante el hostigamiento permanente de que ha sido objeto. “De modo que cuando se me increpa por las cosas que escribo no tengo más remedio que recordar a Malraux, a quien admiro con el fervor de un cristiano. Digo todo esto porque hace pocos días alguien bajó de una camioneta y encolerizado me criticaba –y lo hacía de una manera mucho más agresiva de lo que yo puedo hacerlo en una columna- por la forma en que escribo sobre el presidente Uribe. Llegó incluso al calor de la amenaza: “estamos pensando en hacerle la vuelta”, rugió. Yo le dije que si quería pelear que escribiera un artículo porque ese es el único medio en que yo discuto”, anotó Renson en una de sus publicaciones.
El rebelde ilustrado
Por ello, no es sorprendente, que las batallas de Renson Said Sepúlveda por la libertad de expresión, las haya venido dando desde sus 18 años. A esa edad, su inclinación precoz por el periodismo estudiantil le costó la expulsión, en 1988, del colegio Sagrado Corazón de Jesús, dirigido por los Hermanos Lasallistas, cuando cursaba el décimo grado.
Meticuloso y prevenido, el hermano Ignacio Riveros, rector del plantel, puso a Renson Said ante la disyuntiva de elegir entre el colegio y la Federación de Estudiantes de Norte de Santander (FEN), una organización que para la época aglutinaba a 700 estudiantes del departamento por reivindicaciones académicas y sociales.
¿El pecado original? La publicación de un comunicado en el Diario La Frontera por parte de Renson Said y de otros compañeros de la FEN, en el que rechazaban la versión de los curas que asimilaban a esa organización estudiantil con fuerzas subversivas. “Cuando los Padres comenzaron a estimular a los estudiantes para que publicaran avisos en las canchas de basquetbol que definían a la FEN como la -Federación de Estúpidos Negados a Superarse- no tuve otro camino que el de irme, porque encontraba esa conducta inaceptable por parte de los directivos del colegio”, recuerda Renson Said.
Por esas paradojas de la vida, la expulsión de Renson Said inspiró profundamente a su compañero de curso Omar Javier García para convertirse en abogado y defenderlo 25 años después en el proceso judicial por injuria que debió enfrentar el columnista durante 5 años y medio en Cúcuta y en el que se le exigía pagar una indemnización de $ 500 millones por haber criticado unos poemas del abogado cucuteño Pablo Chacón Medina.
“Mi amistad con Renson comenzó desde la época del Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Estudiaba con él y vimos con impotencia su expulsión del colegio. En ese momento yo hubiera deseado defenderlo, pero no pude y le prometí que algún día lo defendería. Y curiosamente esa oportunidad se dio cuando me enteré de que el proceso que cursaba contra Renson en la Fiscalía por el delito de injuria, entablado por el doctor Pablo Chacón Medina por la columna periodística La República de Chacón, había avanzado de una forma poco usual de la Fiscalía al Juzgado, sin la posibilidad de una defensa jurídica. En ese momento tomamos la decisión de que si Renson tenía que pagar con su libertad física la libertad de prensa en el país, hasta allá llegaríamos en nombre de la libertad de expresión. Por fortuna, el fallo judicial fue favorable a la libertad de opinión”, afirma García.
En muchos sentidos, la amenaza potencial de ir a la cárcel, hizo consciente a Renson Said de que el periodismo de opinión es un arma de doble filo que expone al periodista a la guillotina de los mecanismos judiciales ordinarios y extraordinarios para acallar al mensajero y a las acciones de tutela o las querellas penales por injuria y calumnia para intimidarlo. “En ese sentido, el valor de las columnas de Renson para La Opinión, radica en que están escritas en términos correctos y representan su pensamiento y sus convicciones, expresados con claridad y con el valor para cuestionar lo que considera nocivo desde la visión de sus principios”, anota el periodista y columnista Cicerón Flórez Moya.
La penumbra del atardecer cae como una larga sombra sobre la ciudad sumida en el bochorno y Renson Said baja el tono de su voz para recordar que su inclinación por la literatura fue el gran legado intangible de su padre, un odontólogo de Gramalote, predicador protestante y amante de la lucha libre, que encontró en Valledupar a su esposa y la llevó a Cúcuta en donde criaron a seis hombres y dos mujeres.
Para Zaida Zulima, la hermana menor de Renson Said, la vena literaria de este columnista y bloguero cucuteño, tiene raíces en el amor por la lectura que les inculcó el padre en la enorme y diversa biblioteca de la casa, que se convirtió en lectura obligatoria para los miembros de la familia.
“Desde temprana edad Renson dio muestras de ser una persona polifacética, pero sobre todo con una gran inclinación por los géneros literarios. Cómo olvidar aquellas obras de teatro en las que hacía las veces de director. Recuerdo también las semanas culturales del colegio cuando formó parte de un grupo vallenato, haciendo honor a los orígenes musicales de su familia caribeña. Pero considero que su carrera la marcó el Concurso Nacional de Poesía Carlos Medellín, cuando ganó ese premio en 1990”, sostiene Zaida.
Y es por eso, por escribir, que Renson Said Sepúlveda no ignora ni subestima que las humillantes reseñas judiciales a que fue sometido en el DAS por la denuncia de injuria, ni el “estamos pensando en hacerle la vuelta” que ha recibido de fanáticos de extrema derecha, ni los rabiosos insultos callejeros que le han echado en cara, son la premonición de actos de intolerancia que en Colombia finalizan con la muerte del mensajero.
MIGUEL ÁNGEL FLÓREZ GÓNGORA
*Escritor y periodista colombiano
Portal Las 2 Orillas
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