CÚCUTA.- El caricaturista Vladdo visitó por primera vez a Cúcuta, deleitó al público que asistió a la presentación del libro ‘25 años en obra’, contó parte de su vida, mostró algunos de los trabajos contenidos en el texto y después de firmar autógrafos se afanó por llegar al aeropuerto Camilo Daza porque “tengo que salir pitado para Bogotá”. Ocurrió la noche del 9 de septiembre.
El primer disparo lo pegó contra los políticos colombianos. Miró el reloj y puso límite al tiempo de la charla, aunque dijo que podría “sentarse a hablar y hablar y no decir nada, como los congresistas”. Vladdo vino como invitado a la octava Fiesta del Libro de Cúcuta.
Pidió a los cucuteños que al final de la intervención hicieran las preguntas, y los condicionó para que los interrogantes tuvieran tres ingredientes especiales, ser directas, ir al grano y sin “timochenquiar”. A la postre no hubo preguntas, porque al presentar a Aleida planteó las cinco que por costumbre le hacen en sus disertaciones.
1.- ¿Por qué Aleida no tiene boca?
– Porque sería mentirosa como Noemí y sumisa como Lina Moreno.
2.- ¿Usted es gay?
– Todavía no.
3.- ¿Está basada en alguien real?
– Sí y no.
4.- ¿Cómo hace un tipo para pensar como una vieja?
– El mundo sería mejor si los hombres fuéramos más nenas.
5.- ¿Por qué Aleida?
– Porque en el barrio donde crecí el salón de belleza se llamaba Aleida. No es un nombre raro ni extravagante.
“Nos llevamos bien”, dijo para rematar el capítulo dedicado a la mujer que creó y que se expresa con libertad en torno a los múltiples asuntos que ocurren en el país.
Vladdo nació en Armenia. La chispa para la caricatura se le prendió en la época del colegio. Era un niño menudo y para desquitarse de los grandulones del salón que le pegaban, los ridiculizaba con los dibujos. Por ese físico debilucho siempre estuvo acompañado de las niñas del curso y conoció muchos de los secretos de las mujeres.
No jugó fútbol por una simple razón, “en la cancha no podía haber dos pelotas”. Al crecer, pudo ser un tipo James Bond, ganarse el premio Oscar de la Academia como actor, dirigir oficinas de prensa o llegar a ser presidente de la república.
La vida no le sonrió y se quedó como “caricaturista”. Al presentarse como tal, siempre le preguntan con incredulidad y admiración ‘¿y qué hace?’. Una sonrisa basta para desarmar al interrogador.
En 1986, decidió que el futuro estaría en los medios impresos. Buscó trabajo en el periódico bogotano La República. Presentó la prueba. Dibujó cuatro rostros que convencieron al jefe y lo contrató. Desde ese momento han pasado 26 años.
La primera caricatura que dibujó fue política. El expresidente Barco tira de un carruaje romano luego de la convención liberal. Samper se muestra victorioso, mientras Galán arrastra la pena de la derrota. Por ese trabajo le pagaron $300, lo mismo que costaba una hamburguesa.
Confesó que “ser caricaturista es complicado”, máxime cuando en la casa, al tomar la decisión de seguir ese oficio, lo interrogaron con desdén ‘¿usted cree que se va a ganar la vida haciendo mamarrachos?’. El tiempo echó por tierra la incredulidad familiar. Ahora, con la experiencia de un cuarto de siglo sobre la espalda, “al que me cae gordo lo vuelvo muñeco”.
El libro recoge 25 años de trabajo repartidos en 25 retratos, 25 ilustraciones, 25 desnudos y 25 rostros de Aleida. Y la última revelación: “soy antiuribista de pura cepa”. Firmó varios libros y salió “pitado para Bogotá.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
rafaelpabon58@hotmail.com
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