1.- La situación que crece en la frontera y que se representa y sintetiza en los altos porcentajes de informalidad y desempleo, pobreza y una cada vez más delicada dependencia de factores que inciden en intranquilidad, indiferencia, pasividad y retroceso debiera ser objeto de la máxima atención de las autoridades y de todos aquellos que por su posición en el engranaje político administrativo, económico y social velan y comprenden la magnitud de lo que asciende y que puede dar pie a graves y delicados desenvolvimientos, ante la precaria inconsistencia del desenvolvimiento regional y la difícil y compleja posibilidad de adoptar medidas correctivas al corto plazo, ante los desbarajustes de la economía venezolana y la imposibilidad de hallar fórmulas redentoras, mientras no se recupere el bolívar y haya liquidez en las arcas del Estado venezolano para atender las demandas que en diversos órdenes y sectores, diariamente, aparecen.
2.-Leer las declaraciones de quienes – aquí y allá – se acercan al meollo de la cuestión y tratan de penetrar en el enredado mundo de lo monetario y cambiario es comprender que pasamos por un momento tortuoso y de características concretas y específicas para cuya solución es exigente, no solo un gran acuerdo nacional en Venezuela, sino una actitud y una conducta de alcance y proyección integradora con la que se pueda esperar un giro provechoso para canalizar las gigantes entradas petroleras y dar paso a un desarrollo socioeconómico generador de empleo y aprovechar ventajas comparativas, que siguen sin ser utilizadas. Y, especialmente, con los países vecinos, como es el caso de Colombia.
3.- Ese espíritu de identidad y de pertenencia es necesario e imperativo que surja ahora, porque prolongar la angustia y los temores que empiezan a configurar supuestos y cábalas de vacilación y confusión pueden hacer más difícil y tortuoso el camino hacia el desarrollo compartido y la labor armoniosa y en equipo, en donde se halla la esencia de cualquier alternativa de solución a los problemas, como lo pregona y patentiza, un desapasionado enfoque histórico.
Desde la frontera común y quienes por A,B, C u otra circunstancia nos vemos obligados a convivir con realidades y expectativas como las que ahora existen, vivamente ansiamos y anhelamos que haya entendimientos claros y ciertos para que surja un renacer de trasformadoras perspectivas para que el bien general y la labor compartida sean una auténtica visión de futuro y para mercados más allá de nuestros límites, pero sin olvidar que son urgentes verdaderos y responsables giros en investigación, innovación y capacitación, como recientemente lo propuso en Cúcuta, pero con visión y favor para la frontera, Cesar Vallejo Mejía, cuando propuso la creación del Centro de Pensamiento para el Desarrollo de la Frontera e invitar a destacados analistas internacionales para evaluar lo que tenemos y ofrecer, pulsar y obrar con los más seguros procedimientos y técnicas, que nos permitan crecer, avanzar y superar la mentalidad y conductas simplistas, facilistas e inmediatistas que han sido las predominantes por la ausencia de representatividad y descentralización, en trazos y caminos, con respaldo institucional y político para regiones tan especiales como son las fronteras y así superar el gigante vacío y marginalidad existentes.
Sí, nos hace falta unión y una más responsable, comprometida, dinámica y ejemplarizante visión de futuro.
JOSÉ NEIRA REY
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