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Una situación que se agrava

La palabra crisis en Norte de Santander parece que no tiene significado, pues la oímos desde décadas, cada vez que la moneda venezolana pierde valor. Nos acostumbramos a padecer las malas situaciones económicas y siempre las mismas recetas de nuestros dirigentes: emergencia económica, zona libre, plan de choque, subsidios, reducciones del IVA y otras tantas promesas.

Hoy, con el bolívar devaluado adicionalmente en 43 por ciento y un valor de $0.074 o $74 por bolívar fuerte, reafirman una vez más que el departamento y, específicamente, Cúcuta, no pueden seguir dependiendo de la frontera y exclusivamente de los compradores venezolanos. Algo debemos hacer distinto que nos saque de este círculo vicioso de los vaivenes del bolívar.

Se oyen voces sobre que el incremento de la inflación en Venezuela por la última devaluación, hará que nuestros productos colombianos sean más baratos y esto volverá a traer compradores de ese país. Seguimos metiendo la cabeza debajo de la arena como el avestruz. La diferencia del valor de nuestras monedas es abismal, puesto que el peso se ha fortalecido  frente al dólar. Así que el bolívar seguirá la tendencia a perder valor y esto llevará a los compradores a adquirir productos venezolanos, sobre todo alimentos.

La debilidad Institucional venezolana, una situación política que continúa desestabilizando la tranquilidad ciudadana de ese país, alejando más las posibilidades de que su economía pueda salir adelante, no obstante su producción petrolera, hará que el tema venezolano se torne cada día más difícil.

En conclusión, esto traerá mayor desempleo en el lado colombiano e incremento en la informalidad por ventas de artículos en las calles, comercios y del contrabando en general, desestimulando la industria y el comercio local. Este problema de incremento de la informalidad laboral seguirá azotando nuestra tierra y también a gran parte de Colombia: Reproducimos la pobreza frente a la mirada indiferente de nuestra dirigencia o de medidas que no dan resultado ni son estables en el tiempo.

La informalidad laboral conduce a mayores demandas y cargas para el Estado en el tema social: salud, educación, vivienda y entonces tenemos al ‘asistencialismo del Estado’ como única solución a los problemas. Esta anormalidad es lo que utilizan ahora nuestros sabios políticos para mostrarse  bondadosos ante la gente pobre y esta no se da cuenta de que los que más se lucran por esta situación son unos pocos. La inequidad seguirá transitando y creciendo ante nuestros ojos. Los remedios que se utilizan, no son los adecuados y tenemos entonces el círculo vicioso de siempre.

Es por esto que debemos actuar de otra manera en Norte de Santander. Es la hora para tener un diálogo constructivo e incluyente con la comunidad y empecemos a trabajar en el sentido de resolver los problemas con nuevas ideas, que generen los espacios para fortalecer el comercio, la formalización empresarial, la organización micro empresarial, la educación, la salud y sobre todo permitir que la comunidad sea participe de la búsqueda de soluciones a los problemas que mantienen al departamento en el atraso.

SEGUNDO ANTONIO GONZÁLEZ

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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