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Una enseñanza más de la corrupción

Culminado todo el  controversial debate a la reforma de la justicia, sólo queda un amargo sabor a los colombianos: la exhibición una vez más de la total desvergüenza de los congresistas y el gobierno que haciéndose de la vista gorda pretendió aprobar todos los exabruptos de los honorables ‘padres de la patria’.

El pago que ha tenido que afrontar el presidente Juan Manuel Santos es relevante. La opinión mediante encuesta da cuenta de la imagen desgastada.  Los pensamientos de la ciudadanía  no los asimila, no cree en la inocencia de un mandatario. Un gobernante que pretende desconocer las enmiendas que  se le hacían a una reforma  tan vital, nos hace recordar a Pinochito. Con  impavidez, dada por la intrínseca forma de actuar de los políticos, sale a mostrarse como un redentor de los descalabros propuestos.

Las prebendas que se le fueron endilgando a la reforma,  nos llenan de coraje e indignación a los colombianos de bien, los que tenemos que trabajar día a día, en forma honesta, para subsistir. Muy contrario a los que por elección popular han llegado a tan encumbradas posiciones, y que por ese solo hecho disfrutan de exorbitantes sueldos y auxilios que  aumentan sus ingresos y por consiguiente  las “pobres pensiones”.

Realmente, la democracia colombiana es una deshonra. Si nos atenemos  a la parte vital de la misma donde la igualdad es su base, los millones de colombianos que debemos vivir con míseros salarios  tendríamos que liderar  un movimiento nacional para que esta se cumpliera.

¿Por qué, los honorables padres de la nación no viven con uno de estos salarios? ¿Por qué son tan especiales? Tal vez, porque su conciencia siempre los lleva a la corrupción y a la delincuencia de cuello blanco, porque es fácil robar a un estado que no ejerce un control adecuado, porque las leyes solo son concebidas para su favorecimiento personal, porque no prima el bien general, sino el particular, porque ellos son de otra clase, de otra estirpe, son seres “elevados”, “supremos”.

Democracia, igualdad, respeto, honestidad, trasparencia, verdad, justicia, que palabras tan llenas de belleza en una sociedad que las aplique. Cuando estas se unen en una presencia de líder, entonces será asesinado, callado, por inconveniente, por irreverente y digamos también por “sapo”, por “inadaptado”. Por no ajustarse a los tejemanejes de los versados políticos, que sólo ven en ese bello oficio de servir a la comunidad una oportunidad para despojar de las riquezas al país.

Podemos catalogar como una idiosincrasia ese comportamiento de los políticos colombianos. Es una tradición, una costumbre  llegar a los puestos públicos sólo con el fin de lucrarse. Y para eso los elegimos. Para esto, cada  cuatro años votamos los colombianos. La única enseñanza que nos deja todo este nuevo escándalo es que no vale la pena gastar minutos de nuestra honesta vida en elegir a una persona deshonesta.

ISBELIA GAMBOA FAJARDO

isbeliagamboa@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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