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El feminicidio es la agresión física extrema hacia la mujer que llega al límite de quitar la vida. / Foto: Wikipedia

REPORTAJE. Feminicidio ¿Quién tiene la culpa… testigos, víctima o victimario?

CÚCUTA.- El reino animal está distribuido por especies, razas, familias y géneros. Uno depende del otro para protegerse o usarse como alimento. Macho y hembra se unen para expandir la especie y se separan para sobrevivir en la competitiva vida. Individualismo y colectividad, dos maneras de enfrentar el mundo.

La mujer, a través de la historia, ha sido el principal motor de la familia, es la madre y el orden de todo. Pero no solo ella es fundamental, también se necesita del hombre para la protección y fecundar la semilla de vida.

El feminicidio es la agresión física extrema hacia la mujer que llega al límite de quitar la vida. ¿Alguna vez ha sido testigo de feminicidio? Testigos pueden ser todos, pero darlo a conocer lo hacen pocos.

Las mujeres son juzgadas por su forma de vestir, hablar o actuar. Nadie piensa en las duras situaciones por las que pasan. Son ultrajadas en un piropo, en la música, en el trabajo, por los hijos, por las amantes de los esposos y por todo aquel que la cree un ser dominable e inservible.

Según datos de la Defensoría del Pueblo, Norte de Santander ocupa el quinto lugar en el país, con mayor número de casos de violencia sexual, verbal, física, patrimonial y económica, hasta llegar al homicidio de una mujer. En el 2018, ocurrieron 21 homicidios contra mujeres, cifra que se acerca a la del 2017, cuando hubo 29 casos.

El feminicidio no llega por sí solo. Es el resultado del constante maltrato que la mujer recibe día a día en una sociedad patriarcal. El silencio de la mujer es el arma que el agresor emplea para cometer el acto inhumano.

El homicida comete la acción con antecedentes de maltrato, que no fue denunciado por la víctima, ni acusado por los testigos.

El feminicidio no llega solo. La sociedad y las mujeres permiten que el machismo siga vigente y que ciertos comportamientos violentos sean justificados y no denunciados.

Dauris Cárdenas, estudiante de sicología de la Universidad Minuto de Dios, indicó que Abraham Maslow creó la pirámide de necesidades básicas del ser humano para llegar a la autorrealización. Una mujer al no sentirse satisfecha, económica o emocionalmente, permite cualquier maltrato que puede terminar en tragedia.

La sociedad no hace nada por las féminas, para no ser involucrados en los procesos judiciales que conllevan testimoniar. El individualismo es un factor que el hombre busca en pro de su bienestar. La justicia deja el crimen en la impunidad, y cada quien se refugia en su zona de confort.

En las pocas veces que se hace justicia, en las cárceles no hacen diferencia en los actos que hayan cometido los presos. Camilo Cervera, guardián del Inpec en la Penitenciaría de Cúcuta, dijo que a los delincuentes se les da el mismo trato, aunque las condenas son diferentes. Un ladrón y un asesino pagan por igual en las actividades que cumplen en la estadía en la prisión.

En Colombia, fue promulgada la ley ‘Rosa Elvira Cely’ y castiga el feminicidio, que incluye agresión e instrumentalización sexual sobre el cuerpo de una mujer, porque denigra, humilla y genera terror en la población femenina. El problema radica en que ni con leyes disminuyen los casos.

Se considera feminicidio el acto cometido por quien haya tenido una relación íntima con la víctima, ejerza sobre el cuerpo y la vida de la mujer actos de instrumentalización de género o sexual, o cometa el delito aprovechando relaciones de poder ejercidas sobre la mujer o para generar terror o humillación, indicó la Presidencia en un comunicado.

Las causas son múltiples, pero solo hay una consecuencia y es la muerte. No comprender la situación de una mujer, conlleva a no sentir dolor por la muerte de una dama. No se puede devolver la vida de las mujeres, pero se pueden prevenir futuras víctimas.

CARLOS  ESCALANTE  – GILMA SÁNCHEZ

Estudiantes de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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