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Nació el 6 de noviembre de 1989. Cuando pequeño vivía feliz, porque no tenía deberes, no lo regañaban y pocas veces le pegaban. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

PERFIL. Chumy: Quisiera ser como el viento para que no me vean, pero me sientan

CÚCUTA.- Las calles de Cúcuta, la Avenida Los Libertadores, los semáforos, los puentes y los canales son el hogar, ‘dulce hogar’, de José Luis Cardona Rivera, Chumy o Chigüiro. Vaga por la ciudad mientras pide dinero, no importa la cantidad que reciba, lo que le interesa es reunir unas cuantas monedas para el pan de cada día y la provisión de droga.

Tiene 27 años, sobrevive en ese mundo hace una década, al que llegó por la adicción a la  marihuana y al cigarrillo. Dejó la casa, la madre Myriam Rivera, los amigos y el colegio ‘José Celestino Mutis’. Solo le faltaba un mes para terminar el grado décimo, no aguanto más y decidió irse a probar y experimentar otra vida, distinta a la que llevaba.

Nunca tuvo la opción, ni por la mente le pasó volver al hogar. Tiene un pasado y recuerdos oscuros que solo él, Dios y las ánimas conocen.

  • El recuerdo que tengo de mi mamá y de mi casa es triste. No quisiera recordarlo más, dijo y por las mejillas comenzaron a rodar las lágrimas.

Los efectos  de las drogas y el tiempo que lleva como vagabundo no le impiden recordar momentos de la niñez. Nació el 6 de noviembre de 1989. Cuando pequeño vivía feliz, porque no tenía deberes, no lo regañaban y pocas veces le pegaban. Jugaba en los parques del barrio Atalaya y su mundo era distinto, aunque lo consideraban rebelde, comportamiento común a esa edad.

Entre las metras y el fútbol trascurrían los días. Tarde y noche jugaba sin cansarse. En el colegio no destacaba en matemáticas, sobresalía en sociales, una de las materias favoritas. Hoy, no recuerda lo que vio en el aula, solo tiene cortos lapsos en el tiempo, porque lo marcaron, tanto malos como buenos.

Le gustaba correr, ser libre, transformarse en avioncito con los amigos. Ahora,  para volar necesita una sustancia alucinógena para sonreír.

  • Lamentablemente, son momentos que no volverán. Lástima, al menos un día fui feliz.

Chumy se considera tranquilo, honesto y paciente. Puede vivir en la calle y pasar el día con hambre, andar descalzo y sin ropa. Está seguro de que no le faltará el respeto a nadie, y por rebuscar el sustento en tiendas, negocios y haciendo artesanías se ha llevado insultos, golpes, empujones y gritos.

Duerme en las mañanas y trabaja entre las 3:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana. Vende las artesanías que hace con sus manos, son saltamontes y corazones elaborados con hojas de palmeras. Le tomó un día aprender con un amigo que se lo explicó. Desde ese momento, las vende en semáforos y otros sitios de la ciudad. Aunque no le vaya bien, continúa en la tarea, porque lo distrae. En una ocasión se entretuvo tanto que pasaron las horas y no se acordó de consumir droga. Después de esa experiencia ha intentado dejar ese mundo de perdición y olvido.

  • Me resigne. Uno no se da cuenta de que ese es el destino que a uno le toca.

El sueño que alberga en el corazón es ser escolta o doctor. Desde pequeño lo ha intrigado y fascinado cómo salvan vidas ambas profesiones,  cómo arriesgan la vida y lo que viven los escoltas. Quisiera trabajar para el presidente de la República o para alguien importante, y médico en cualquier clínica para hacer el bien. El soñar e imaginarse en estos oficios lo hace sonreír. 

No recuerda quien lo bautizó con los apodos Chumy y Chigüiro,  solo sabe que le dicen así hace mucho tiempo, tal vez por la manera de ser con los amigos, loco, bromista, bailador.

  • Me gusta bailar de todo, menos vallenato, porque no le llevo el ritmo.

José Luis no sabe nada de la familia. Al papá no lo ve desde niño, solo  lo recuerda por la herencia que le dejó, el color de los ojos y el tono del cabello. Visitó a la mamá hace 4 años. Myriam llora por su hijo y anhela que vuelva a casa, momento que Chumy cree que jamás llegará pues la calle se convirtió en el hogar y prefiere convivir en medio de drogas, riñas y con la muerte de cerca.

Algunos familiares que viven en los condominios de la Avenida Los Libertadores le colaboraban hace 10 años. Esa ayuda quedó en el olvido, y si ve a algún tío o primo, no los recordará.

Los superhéroes de ficción le llaman la atención. Flash es quien más le gusta por la destreza de movilizarse de un lado a otro, por salvar gente y por ser como el viento, que no se ve, pero se siente. Así quisiera ser José Luis, que no lo discriminen por la manera de vestir, oler y de ser como es.

  • Quisiera ser como Flash, como el viento, para que los demás no me vean como soy, pero que me sientan, que existo.

Es hijo único. Los ojos verdes expresivos hacen juego con el cabello rubio y la piel trigueña. Viste pantalones oscuros y según el clima usa camisa. Los zapatos son unas ‘baletas’ que alguien le regaló hace tiempo, no tienen suela, camina descalzo, es aseado en lo que puede. Tiene una peluquería fija donde le hacen el favor de cortarle el cabello y la barba, va cada mes o cada dos meses. Las uñas de manos y pies están mugrientas, si se hace limpieza no le dura medio día por buscar entre la basura algo que le sirva para el bienestar o para comer.

Chumy no es peleas, prefiere no meterse en problemas. Si vio algo no habla; si escuchó, mantiene silencio. En ese mundo ‘es mejor andar solo, que mal acompañado’, así sea buen amigo. Camina solo, hace todo por sí mismo y consigue lo suyo a su manera, no le hace el mal a nadie y a veces trata de ayudar con ropa y comida a los allegados.

El amor para José Luis no existe. Existió una vez en la adolescencia, pero se fue de la ciudad. El motivo de la huida lo comparte con esa mujer a quien no ve hace 15 años y le gustaría volver a ver. Aunque no quisiera que lo viera así, porque tal vez no lo reconocerá.

  • Cuando joven era distinto, más acuerpado y simpático. Ojalá algún día la vea; si no es acá, en el otro mundo será.

Las drogas, el olvido, la tristeza, la felicidad del instante y el abandono hacen parte del camino que escogió para recorrer. Es creyente en Dios y en las ánimas, que lo han protegido de la muerte en varias ocasiones. Reserva el pacto que tiene con las ánimas. A los jóvenes que entran a este mundo por fumar cigarrillo, consumir marihuana y otras drogas les dice que no hay nada bueno, solo tragedias, olvido, desconsuelo y la frustración por no ser alguien en la vida. 

DANIELA FERNÁNDEZ MORA

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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